Casino de la Reina

El Casino de la Reina es una casa de recreo o casa de campo con grandes jardines que el Ayuntamiento de Madrid regaló a la reina Isabel de Braganza, segunda esposa del rey Fernando VII, según el acuerdo que se llevó a cabo el 5 de abril de 1817. Ocupaba el perímetro que luego delimitarían la glorieta de Embajadores y el Portillo de Embajadores, y las calles de Embajadores, Ronda de Toledo y Ribera de Curtidores. En los albores del siglo XXI el recinto está ocupado por una serie de edificios docentes y los jardines han quedado muy reducidos.

Historia

Alegoría de la donación del Casino a la reina Isabel de Braganza por el Ayuntamiento de Madrid, de Vicente López Portaña, actualmente en el Museo del Prado. Se trata de un fresco, inspirado en los de Corrado Giaquinto para el Palacio Real de Madrid, decoró el techo del salón principal del palacete. Posteriormente, como parte de la Colección Real, pasó al Prado.[1]

Tras haber hecho el acuerdo del regalo, el Ayuntamiento de Madrid se dispuso a realizar la adquisición de los terrenos y del edificio y el 24 de abril de 1817 adquirió la Huerta de Romero, cuyo propietario era Manuel Romero, que había sido ministro de Justicia en los tiempos de José Bonaparte. Manuel Romero, a su vez, había adquirido la finca en 1808, tras haberle sido confiscada a los clérigos regulares de San Cayetano por el gobierno. A esta compra había añadido varias casas y el Almacén municipal de Aceite y Pescado (situado todo ello en la calle del Sol, que en el siglo XIX se llama calle del Casino). Después había mandado construir una casa-palacio y había embellecido el lugar con un jardín.

A finales de 1817, el Ayuntamiento decidió que la finca comprada no era lo suficientemente grande, así es que compró otras cuatro posesiones para completar la superficie, cuya extensión es la que se conoce en la actualidad. Los nuevos añadidos fueron:

  • Un corral que pertenecía al mayorazgo de Gil Imón (fundado en el siglo XVII por Baltasar Gil Imón de la Mota).
  • Un corral cuya fachada daba a la ribera de Curtidores, propiedad de Manuel Martínez Muro.
  • Una casa-fábrica de alfar, en la calle de Mira el Sol, propiedad de Ventura Mazarrón.
  • Un gran solar que contenía también un tejar-fábrica de ladrillos, perteneciente a Miguel Picazo Cobobriz. Estas dos últimas pertenencias procedían de la antigua Huerta del Bayo.

Finalmente la finca quedó configurada en forma de hexágono irregular, con una extensión de 13 fanegas, 4 celemines y 160 pies de superficie. Su perímetro fue cerrado por una cerca y se plantaron abundantes árboles frutales y de sombra. El jardín llegó a ser muy bello, con paseos, fuentes y rías, además de los edificios.

Other Languages