Casa de Moneda de México

Casa de Moneda de México
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Información general
Acrónimo C.M.M.
Tipo Organismo descentralizado
Fundación 1535
Ámbito Flag of Mexico.svg México
Sede Coat of arms of Mexican Federal District.svg Ciudad de México
Coordenadas 19°25′43″N 99°09′56″O / 19.42861111, 19°25′43″N 99°09′56″O / -99.16555556
Organización
Dirección Guillermo Hopkins
Dependiente de Secretaría de Hacienda y Crédito Público
Sitio web
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La Casa de Moneda de México es un órgano descentralizado del Gobierno Federal mexicano, dependiente de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Es responsable de acuñar las monedas de curso legal en el país, conforme a las características y denominaciones que establezcan los decretos del Congreso de la Unión y a las órdenes de acuñación del Banco de México.[1] Fue fundada en 1535 y es la más antigua de América.

Fundación y época colonial

Logo basado en la ceca de la Casa de Moneda de México

La Real Casa de Moneda de México, fue establecida por Real cédula de 11 de mayo de 1535, ejecutada por el virrey Antonio de Mendoza. Inicialmente estuvo en las llamadas "Casas viejas" de Moctezuma, propiedad de Hernán Cortés, pero en 1570 se decidió la construcción de un edificio adosado al Palacio Virreinal (hoy Museo Nacional de las Culturas), en la calle que por esta razón se llamó "de Moneda". Fue la primera ceca de América.

La Casa de Moneda funcionó durante más de dos siglos por "asiento" o concesión a personas que adquirían los oficios de tesorero, ensayador, tallador, escribano, juez de balanza, alcalde y alguacil. La ceca se limitaba a acuñar la moneda y entregarla a sus dueños después de deducir los correspondientes derechos de operación o "braceaje" y derechos de señoreaje.

Desde su fundación, la Casa de Moneda de México produjo piezas (como el real de a ocho) que, en reconocimiento a su calidad y buena ley o fino, traspasaron sus fronteras al ser usadas como medio de cambio en los siglos XVII, XVIII y XIX en diversas partes del mundo, como los reinos de Europa Occidental; Japón y China; y en Estados Unidos, donde se le conoció como "Spanish dollar".[2] El metal utilizado fue primordialmente la plata, producida por las minas mexicanas, aunque desde 1679 se acuñaron cantidades limitadas de oro. El cobre se utilizó en los años iniciales de la ceca, y después de 1814 en el contexto de la crisis provocada por la revolución de independencia.

Las primeras monedas acuñadas fueron las de plata, conocidas como de “Carlos y Juana”, por el nombre de los monarcas, ( Carlos I de España y su madre, Juana I de Castilla). En el anverso de la moneda lleva un escudo con castillos y leones además de los nombres de los reyes y el reverso las Columnas de Hércules. Estas monedas se acuñaron en dos series: la primera de ellas (1536 a 1542) lleva columnas sencillas y la segunda (1542 a 1572) lleva ondas marinas debajo de ellas.[3]

En 1572 Felipe II de España introdujo la moneda que llevaba impresa una cruz y las armas del reino, que se mantuvo hasta la aparición en 1732 del tipo columnario que presentaba dos globos terráqueos sobre olas marinas, con una corona real encima, flanqueadas por las Columnas de Hércules, de donde tomaron su nombre. Fueron sucedidas en 1773 por las monedas "de busto", por tener el de los reyes de España en el anverso. El patrón de numeración era del sistema octal, por lo cual el peso de plata fue conocido como real de a 8; otras denominaciones tuvieron 4, 2, 1 y ½ real. Las monedas de oro fueron de onzas, medias onzas y escudo de oro.

El mineral traído de las minas era primeramente examinado por el ensayador para certificar su ley. La fundición se hacía en un horno de crisol, vertiendo luego el metal en moldes. La barra resultante era aplanada sobre un tas o yunque de platero y luego recortada para obtener cospeles de forma aproximadamente circular. La acuñación inicialmente fue artesanal, a golpe de martillo, utilizando cuños y troqueles. El resultado eran monedas irregulares, del tipo llamada macuquina. La moneda era pesada, revisada nuevamente por el ensayador, en presencia del tesorero y escribano, y entregada a sus dueños.

En 1732 la Corona retomó la administración directa de la Casa de Moneda. En adelante, la institución compraría la plata a los introductores, y las monedas acuñadas pertenecerían a la Real Hacienda. Los directores o superintendentes fueron José Fernández de Veytia Linage (1º. de enero de 1733 – 15 de julio de 1739); coronel Gabriel Fernández Molinillo (16 de julio de 1739 - 27 de julio de 1751): Pedro Núñez de Villavicencio (28 de julio de 1751 - 24 de febrero de 1778; el licenciado Fernando José Mangino (25 de febrero de 1778 - 20 de mayo de 1787); Francisco Fernández de Córdova (21 de mayo de 1787 - 4 de junio de 1815), marqués de San Jorge; y Rafael de Lardizábal (5 de junio de 1815 hasta 1829).

A raíz del establecimiento de la administración por la Real Hacienda se introdujo nueva maquinaria, notablemente grandes molinos de laminación (similares a los preservados en Potosí, en la actual Casa de la Moneda de Bolivia), para aplanar las barras, y prensas de volante o balancín, que permitieron la acuñación de piezas circulares uniformes, con cordón perimetral en el canto. Para este fin se realizaron diversas ampliaciones y modificaciones en el edificio, todo bajo la dirección de Nicolás Peinado Valenzuela.

Documento que muestra la relación de monedas de oro y plata acuñadas en 1785.

En 1778 la Corona incorporó asimismo a la Casa de Moneda el Real Apartado de Oro y Plata, que hasta entonces había tenido por "asiento" o concesión la familia Fagoaga.

En 1778 fue nombrado Jerónimo Antonio Gil como tallador mayor, con la comisión adicional de establecer una escuela de grabado en la Casa de Moneda. El buen éxito obtenido llevó a Gil a proponer la creación en 1781 de de la Academia de San Carlos, inicialmente en la misma ceca, hasta que en 1791 se trasladó a un local propio en el antiguo Hospital del Amor de Dios.

El sabio alemán Alexander von Humboldt visitó la ceca en 1803 y la describió en su Ensayo político...., como "la más grande y rica en todo el mundo", y comentó que aunque no ofrecía cosa notable en cuanto a la perfección de las máquinas o de los procesos industriales, era muy digna de atención "por el orden, actividad y economía que reinaba en todas las operaciones de braceaje". En esos años, acuñaba más de treinta millones de pesos anuales, y laboraban en ella alrededor de 400 obreros, además de artistas grabadores y empleados administrativos.

La guerra de independencia provocó una grave crisis en la Casa de Moneda, debido a que muchas minas fueron abandonadas, y en otros casos los caminos eran demasiado peligrosos para transportar plata hacia la capital virreinal. Esto llevó a las autoridades a establecer casas de moneda provinciales en Sombrerete, Zacatecas, Durango, Chihuahua, Real de Catorce (San Luis Potosí), Valladolid (Morelia) y Guadalajara, Guanajuato, Nueva Vizcaya (Sinaloa y Coahuila), Oaxaca que acuñaron de manera episódica monedas de emergencia u obsidionales, de desigual ley y calidad. Durante 1813 y 1820, la única casa ceca autorizada ara acuñar oro fue Guadalajara. El monopolio capitalino de la acuñación concluyó de esta manera, y nunca se restableció.

Los insurgentes realizaron también en distintos periodos sus propias acuñaciones de moneda, en plata o en cobre, de calidad irregular; o bien resellaron la moneda emitida por la ceca oficial.

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