Casa de Barcelona

La Casa de Barcelona (en catalán: Casal de Barcelona), ocasionalmente llamada Casa de Cataluña,[13]

La estirpe de la Casa de Barcelona procede de una familia visigoda de la región de los Pirineos que, tras unirse a las fuerzas francas de Carlomagno en su guerra contra Al-Ándalus, pasó a gobernar varios territorios de la Marca Hispánica carolingia tras constituirse en condados del Imperio. La hipótesis de Ramón de Abadal, según la cual la casa condal de Barcelona desciende por vía masculina del linaje condal de Carcasona, no cuenta con consenso historiográfico.

Portada del Aureum Opus (1513), compilación de los privilegios otorgados a la ciudad y reino de Valencia entre 1236 y 1513.
El primer rey de Mallorca y de Valencia fue Jaime I el Conquistador.

Antecedentes de la creación del condado

La época medieval va a ser para Europa un tiempo convulso, en donde convivían dos fuerzas de poder, el Cielo y la Tierra, y dos maneras de ejercerlo, la del Papa y la de los reyes. Uno tenía la autoridad espiritual y la llave del Reino Celestial y los otros, la legitimidad de sangre que conferían los antiguos linajes para reinar y gobernar.[14]

Barcelona había sido una importante ciudad visigoda desde 415, año en que Ataúlfo la consignó como capital del Estado visigótico. En 712 fue tomada por los musulmanes y conquistada en 801 por las tropas de Luis el Piadoso.[17]

Factores decisivos

El Concilio de Troyes de 878

En junio de 870, en la asamblea de Attigny, Wifredo recibió los honores por parte de Carlos el Calvo, como conde de Urgel y Cerdaña y de su hermano Miró para el cargo condal de Conflent, mientras que Delá y Suñer II, hijos de Suñer I de Ampurias y Rosellón, eran nombrados condes de Ampurias.

Rebelado Bernardo de Gothia (conde de Barcelona, Rosellón, Narbona, Agde, Besiers, Magalona y Nimes), contra el rey Carlos el Calvo, Wifredo el Velloso, ayudado por sus hermanos Miró y Sunifredo y por el vizconde de Narbona (del lado de Carlos y después del de su hijo, Luis el Tartamudo) avanzaron por la Septimania donde eliminaron por la fuerza a los nobles fieles a Bernardo (como el obispo Sigebuto de Narbona), expulsando de sus iglesias a los sacerdotes que no les eran partidarios. Sobre 878 la rebelión de Bernardo se hundió definitivamente.

En agosto, en el concilio de Troyes, presidido por el papa Juan VIII y por el rey Luís el Tartamudo y en el que estarían presentes los condes Wifredo el Velloso de Urgel y Cerdaña, Miró de Conflent, Suñer II de Ampurias y Oliba II de Carcasona, se tomaron importantes decisiones religiosas y políticas. El 11 de septiembre de 878 Bernardo fue declarado desposeído de sus honores, los cuales serían repartidos. En este reparto, Wifredo el Velloso fue investido conde de Barcelona, Osona, Gerona y Besalú, Narbona, Beziers y Agde. Su hermano Miró recibió el condado de Rosellón. Wifredo cedió la administración de Besalú a su hermano Radulfo ( 878- 920). Sunifredo será abad de Arlés y Riculfo obispo de Elna.

Decadencia del Imperio Carolingio

Tras el Concilio de Troyes ( 878), y siguiendo la tradición de los condes de ascendencia visigoda de la Marca Hispánica,[18] tanto Wifredo el Velloso como su hermano Miró de Rosellón-Conflent y los condes de Ampurias Dela y Suñer II mantuvieron su fidelidad a los monarcas carolingios Carlomán II ( 879- 884) y Carlos el Gordo ( 885- 888), tal y como lo testimonian la visita a la corte real de 881 llevada a cabo por dirigentes y clérigos de los condados de Gotia, y el precepto otorgado en 886 por Carlos el Gordo a Teotario, obispo de Gerona. Ahora bien, esta lealtad toma, tras muerte de Luis el Tartamudo, un carácter pasivo. Los condes de la Marca Hispánica, si bien no se alzaron nunca contra los reyes carolingios, evitaron implicarse en las luchas del reino.

La prueba más clara de la descomposición del poder carolingio en el reino franco fue la transmisión hereditaria de los condados, práctica iniciada en 895: muerto Miró el Viejo, su condado de Rosellón pasó, sin ninguna clase de intervención del rey Odón, a Suñer II de Ampurias, en tanto que el de Conflent fue para Wifredo el Velloso, conde de Osona desde 885, sin haber recibido la investidura real de este condado. Así pues, los reyes perdieron la facultad, que habían tenido en el siglo IX, de nombrar y destituir a los condes, los cuales, por ello, dejaron de ser unos delegados del monarca para convertirse en pequeños soberanos de sus dominios.

Transmisión patrimonial

En el caso de Barcelona, y a diferencia de otros dominios como Carcasona, tras la muerte de Wifredo ( 897) el concepto de cómo debía de realizarse la sucesión no había quedado lo suficientemente claro. Por esto, en un primer momento, sus hijos - Wifredo II Borrell, Miró, Sunifredo y Suñer- optaron por gobernar conjuntamente todos los dominios de su padre y administrarlos bajo presidencia del primogénito, Wifredo Borrell, primus inter pares. Pero pronto, cuando cada uno de los condes cogobernantes tuvo descendencia, hizo falta abandonar la idea de herencia conjunta y, entonces, cada hijo transmitió individualmente a sus herederos la parte del conjunto condal que gobernaba: Wifredo Borrell, junto con Suñer: Barcelona, Gerona y Osona; Sunifredo: Urgel; y Miró: Cerdaña, Conflent y Berga. Esta apropiación patrimonial del territorio que gobernaban los condes (formalmente sometidos aún al rey de los francos) no quedó resuelta jurídicamente hasta el siglo XIII, momento en que Jaime I de Aragón firmó con el rey de Francia el Tratado de Corbeil ( 1258), por el cual quedaron establecidos los derechos sucesorios de cada rey (Francia y Aragón) en los territorios respectivos.

No obstante, tras la crisis carolingia, todos los condes de la Septimania se hicieron independientes cediendo a sus primogénitos los condados en herencia. Wifredo da comienzo así a la Casa de Barcelona[4] dinastía que, en el posterior medievo, albergará bajo su protección al resto de condados septimanos de Occitania, hasta 1213 y la batalla de Muret, en donde, precipitadamente, todas las posesiones de la Casa de Barcelona en Occitania (salvo el señorío de Montpellier) terminan siendo conquistadas y arrebatadas por los francos cruzados.

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