Cartuja de Vall de Cristo

Axonometría de la Cartuja de ValldeCrist en 2012
Iglesia Mayor o de Nuestra Sra. de los Ángeles antes de la consolidación de sus muros realizada en 2008.
Detalle de la fachada de la Iglesia Mayor.
Iglesia de San Martín.

La cartuja de Vall de Crist ( Valle de Cristo; se usan también las denominaciones Vall de Cristo, Valldecrist y Valldecristo) es un monasterio cartujo situado en el término municipal de la Villa de Altura, Villa a la cual pertenece, en la comarca del Alto Palancia de la provincia de Castellón, en la Comunidad Valenciana, España.

La cartuja de Vall de Crist estuvo vigente durante seis siglos y fue uno de los centros eclesiásticos y de más contundencia histórica que alberga la Comunidad Valenciana. Mientras estuvo en pie diversos papas la visitaron, se celebraron grandes encuentros de índole eclesiástica y su control abarcaba numerosas propiedades como villas, fábricas, masías, terrenos y viviendas dispersas por todo el reino de Valencia.

Historia

Fundación (siglo XIV)

La cartuja de Vall de Crist situada en la Villa de Altura fue fundada por el entonces infante Don Martín de Aragón, que luego reinaría como Martín el Humano en 1385 gracias a una bula papal concedida por Clemente VII, primer antipapa del Gran Cisma de Occidente en el año 1383. El lugar elegido fue el Valle de Cánava, en donde el rey compró unas pequeñas masías que serían la base de la futura Cartuja. Tras su fundación con rango real le fue concedido el señorío de las cercanas villas de Altura y Alcublas además de otros lugares y privilegios menos importantes.

La importancia de la cartuja se puede deducir por los personajes que moraron en ella como Bonifacio Ferrer, que llegó a ser prior mayor, San Ignacio de Loyola o el antipapa Benedicto XIII, así como las importantes decisiones que en ella se tomaron.

En 1386 se colocó la primera piedra de la iglesia de San Martín que es uno de los escasos edificios que aún se conservan y se comenzó la construcción del claustro. Ese mismo año se confirma como el primer prior de Vall de Crist al Padre Juan Berga. A partir de ese momento se irán edificando las distintas dependencias de la Cartuja. Ese mismo año (1386), Pedro IV de Aragón, concedió a la recién inaugurada cartuja los herbajes del Condado de Jérica, de cuyo arrendamiento sacaban un considerable censo anual.

En 1391 Martín I el Humano, donó la Villa de Altura, conjuntamente con la villa de Alcublas a la cartuja de Vall de Crist. (Algunos han datado ésta fecha en 1407).

En el año 1397, Benedicto XIII, el papa Luna, morador ocasional del monasterio, le anexionó la Rectoría de la iglesia parroquial de Castellón, pese a las protestas de los clérigos y vecinos ésta.

En 1399 se inició en la cartuja de Val de Crist la construcción del claustro mayor, también en estilo gótico, como los anteriores. Y la construcción de la iglesia Mayor, terminados ambos 1428.

Rápida y fuerte expansión (siglo XV)

Grabado sobre la apariencia de la cartuja de Vall de Crist en su esplendor.

Durante el año 1401, año en que murió el primer prior de la Cartuja, Juan Berga, el rey Martín y la reina María de Luna, permanecieron cerca de siete meses entre la cartuja y las poblaciones de Altura y Segorbe, afianzando así la construcción de la iglesia de San Martín.

En el año 1407, el infante y después rey Martín I de Aragón y su mujer María de Luna concedieron a la cartuja de Vall de Crist grandes donaciones tanto económicas como territoriales, destacando la cesión de las rentas de la morería de Segorbe y de Vall de Almonacid.

Otra vía de entrada de concesiones y adquisiciones las proporcionaban los testamentos y la compra directa de bienes inmuebles o de censos cargados sobre ciudades, instituciones o particulares, consiguiendo de esta manera un considerable legado económico. Así, la ciudad de Valencia, el Obispo y varios vecinos de Segorbe, los señores de Gaibiel y Albalat y villas como Jérica, Almazora, Carlet, Vall d'Uixó, Jávea, Moncofar, Oliva, Bétera, Muro, Sollana, Castellnovo, Turís, Nules y Manzanera, pagaban sus debidos censos.

Ese mismo año (1407), la cartuja de Vall de Crist renunció a los fueros de Aragón para someterse a los de la ciudad de Valencia.

El 5 de junio de 1409, la cartuja de Vall de Crist compró a Ferrandis de los Arcos, el "raval" de la Villa de Altura, para así integrar parte de sus dominios y con la intención de que la comunidad sarracena no quedara fuera de su jurisdicción. La venta ascendió íntegramente a tres mil florines de oro de Aragón.

En 1410, llega a la cartuja Bonifacio Ferrer, hermano de san Vicente Ferrer y prior general de la Orden de San Bruno (San Bruno, creó los monasterios cartujos); Bonifacio Ferrer, convirtió la Cartuja en sede de celebración de seis Capítulos Generales, así como en un lugar de reunión del cónclave del Compromiso de Caspe.

En 1417 muere Bonifacio Ferrer y es enterrado en el nuevo cementerio situado en el claustro Mayor. Por la cartuja iban pasando personajes importantes de la historia de España, como el padre Luis Mercader (prior entre 1489 y 1491), embajador y confesor del rey Fernando el Católico, Ignacio de Loyola, el papa Benedicto XIII, etc.

En los primeros siglos de la Cartuja, la principal actividad fue la ganadería. Las veredas, hoy prácticamente perdidas, tuvieron una gran importancia para la trashumancia, ya que conectaban las tierras altas de Teruel con los valles del Palancia y del Turia. Confluían en la Torrecilla, lugar estratégico donde se han localizado diversos yacimientos que demuestran su uso ya en épocas prehistóricas. La cartuja de Vall de Crist adquirió durante este siglo un gran poder, al recibir el diezmo de las poblaciones cercanas y al poseer innumerables viviendas en pueblos dispersos por toda la zona Valenciana, desde Altura, Segorbe, Jérica la propia Valencia, entre otras. Los cartujos construyeron las denominadas bodegas de "Las veinticuatro", una serie de bodegas donde elaboraban vino. También construyeron el horno de la Villa, un horno moruno situado en la actual calle del Horno. En la actual calle la estrella, se construyó el Torcedor, lugar donde se fabricaban velas.

Existió una tejería regentada por un morisco, el cual se la vendió al vicario perpetuo de Altura, Mosén Jaime, el 21 de septiembre de 1470. Esta sería la que posteriormente se convertiría en el Batán del trapo.

En 1428 se terminaron de construir en la cartuja de Vall de Crist el clautro mayor, iniciado en 1399 y la construcción de la iglesia mayor, de estilo gótico como el resto de construcciones.

Durante los dos prioratos de Fray Luis Mercader entre 1489 y 1511, las rentas y construcciones del Cenobio se multiplicaron.

Expulsión sarracena (siglo XVI)

Se construyó durante el siglo XVI el denominado Batán del trapo, en la partida del Abrotón. Lugar donde se lavaba la lana, extraída de su ganado; y dónde se realizaba tejido, además aprovechaba la seda que se fabricaba en las casas de los Alturanos/as para escaldarla y enviarla a las fábricas de Valencia. Funcionaba con agua proveniente del Manantial de la Esperanza. Y con la construcción del Molino de los Frailes, el agua se canalizaba de una forma mejor. Éste Batán, estaba edificado donde anteriormente existió una tejería regentada por un morisco, el cual se la vendió al vicario perpetuo de Altura, Mosén Jaime, el 21 de septiembre de 1470. Mosén Jaime, posteriormente donó el batán junto con otras propiedades a la cartuja de Vall de Crist. Las telas de aquí extraídas pasarían a la sastrería de la cartuja de Vall de Crist, donde eran convertidas en vestimentas y hábitos.

En 1525, en una Historia de Portaceli, aparece la fecha exacta de la expulsión de los moriscos de Altura por parte de Vall de Crist: «Se hicieron muchos al monte, que juntos con los de Segorbe i Vall de Cristo, hasta quatro mil se retiraron a la Sierra de Espadán, de donde hazían surtidas para robar...». Ese mismo año el prior Marqués se hace eco en su libro de la expulsión de 1525: «Lo monestir llança los moros del raval y poblá de chritians». Éste acto supuso el fin a la morería de Altura. Diseminadas por las poblaciones serranas permanecieron estas familias moras, hasta su definitiva expulsión en el año 1609.

En 1531, el pueblo de Altura construyó una balsa, denominada la "Balsa Mayor", co-financida por la cartuja de Vall de Crist, que aportó 200 libras para obtener derecho de riego en sus posesiones. En esta enorme balsa de riego se recogerían desde entonces las aguas del Manantial de la Esperanza una vez empleadas como fuente energética en los molinos del monasterio y en el Batán del trapo; éstas aguas estaban destinadas después al riego de los huertos que rodeaban al pueblo, ampliándose así las tierras de regadío.

En 1546 el valenciano Juan Villuga, recorrió el camino histórico que unía la Cartuja de Portaceli con ésta y lo expuso en el libro Reportorio de todos los caminos de España...

Continua expansión (siglo XVII)

Junto con la masía El Batán, propiedad de la cartuja de Vall de Crist, a unos 150 metros, los frailes construyeron el denominado "Molino de los Frailes" para aprovechar la fuerza motriz del manantial de La Esperanza, traída hasta aquí por una acequia atribuida también a los religiosos, aunque posiblemente de origen anterior, y gracias a la cual la población de Altura se vio beneficiada con el riego de sus huertas.

En 1683 el propio batán poco a poco fue rediseñado, con la aprovación de la Cartuja, para producir papel de estraza, debido a los cambios que poco a poco se producían y a las distintas necesidades de la época.

Sede de importantes eventos eclesiásticos y primer abandono (siglo XVIII)

Grabado sobre la apariencia de la Cartuja de Vall de Crist en su época de esplendor.

En 1728 en el Batán del trapo se realizó una gran reforma para fabricar papel blanco de calidad. Antes ya se realizaba papel, pero era papel de estraza.

A la vez que fue sede de importantes celebraciones, destacando la Congregación Nacional de los Cartujos españoles en el año 1785.

Toda esta bonanza económica llevó a que las crónicas de la época consideraran a esta cartuja como una de las más importantes y ricas de la península Ibérica.

La historia contemporánea de la Cartuja se ve alterada por sucesivos abandonos y regresos, el primer abandono se produjo en 1706 durante la guerra de sucesión, ante el temor de las represalias que pudiera tomar contra ellos Felipe de Borbón, tras la marcha a Valencia, dado que el prior José Tomás Ferrer había prestado abediencia al archiduque Carlos, los monjes abandonaron la Cartuja volviendo pasado aproximadamente medio año después.

Dos nuevos abandonos y desamortización (siglo XIX)

Un nuevo abandono se produjo entre 1808 y 1815 tras la invasión de las tropas napoleónicas, regresando a la cartuja con la Restauración de Fernando VII. Los acontecimientos históricos determinaron otra exclaustración en 1820 durante el Trienio Liberal, tras esto, volverían en 1823. En 1835, siendo prior el padre Bruno Rogel, que hacía el número 105, se promulgó el decreto-ley de Mendizabal, por el que se suprimían los monasterios y conventos con menos de doce profesos. El 3 de septiembre, el prior recibía un oficio comunicándole que abandonara la cartuja.

A partir de estos momentos comienza el proceso de deterioro y venta sistemática de este monasterio, con los resultados visibles en la actualidad. Las obras de arte se repartieron por doquier, el mobiliario en lotes, y poco a poco se fueron desperdigando todas sus riquezas.

En 1835, tras la exclaustración, las tierras de regadío que circundaban el convento que provenían del manantial de la Esperanza y que desembocaban en la balsa Mayor, entraron en años de litigios con Segorbe, pero ésta balsa, consiguió el fallo hacia Altura y que ésta conservase las aguas del manantial de la Esperanza.

Siglo de abandono (siglo XX)

En la actualidad y debido a la desamortización de Mendizábal, que provocó el abandono de la cartuja, se encuentra en estado de ruinas conservándose apenas la iglesia de San Martín y la iglesia Mayor, de la cual se pueden ver los tres lienzos de la portada y los laterales. El claustro fue adquirido por la ciudad de Segorbe a mediados de 1800, con este se construyó un lavadero y posteriormente fue instalado en el jardín del botánico Pau. Las puertas y retablos se encuentran en el Museo "La Luz de las Imágenes" situada en la localidad vecina a Altura, Segorbe. El Altar mayor se encuentra en la Iglesia San Miguel Arcángel de Altura. El pozo original se encuentra en la Avenida Agustín Sebastián, habiendo en la cartuja una fehaciente copia del Original.

Etapa de restauración (siglo XXI)

En el 2003 se funda la «Asociación Cultural Cartuja Vall de Crist»[1] desde este momento se ha invertido gran cantidad de capital en la recuperación de la hospedería, así como todo el entorno que formaba parte de particulares.

El 29 de marzo de 2005, la construcción de la autovía derribó gran parte del Batán del Trapo, quedando en pie parte de los cimientos y parte de su estructura como recuerdo a las futuras generaciones. Así es como se perdió uno de los vestigios que la vinculaban a Vall de Crist, su escudo, hasta entonces visible y en buen estado sobre la puerta principal. Tampoco ha quedado nada de la conducción de agua que lo abastecía, aunque sí se ha conservado, aunque muy modificado la acequia que llevaba el agua sobrante hacia el monasterio.

El 12 de enero de 2007, la Consellería de Cultura, Educación y Deporte declaró Bien de Interés Cultural (BIC) la cartuja de Vall de Cristo con la categoría de monumento. La declaración culminó un largo proceso iniciado con la resolución de incoación como Monumento Histórico-Artístico en el año 1984 por la Consellería de Cultura de Valencia. El expediente fue retomado en el 2005 bajo los criterios de la nueva Ley 4/ 1998 de Patrimonio Cultural Valenciano, por la Dirección General de Patrimonio Cultural de ésta Comunidad.

El año 2009, la «Asociación Cultural Cartuja Vall de Crist» inició un proyecto para recuperar el camino que unía la cartuja de Portacoeli con ésta, dicho trazado fue el que en el año 1546 recorrió y describió el valenciano Juan Villuga en el libro Reportorio de todos los caminos de España... El trazado de la nueva senda incrementa con nueve kilómetros el antiguo trazado del camino, que en su conjunto suma ahora un total de 33, eso sí, mejor planificados y con posibilidad de beber en diversas fuentes y aljibes. La principal característica de este trazado es que discurre en su mayor parte por término de Altura y por tierras que el cenobio alturano controlaba desde casi su fundación, como son las que rodean la Masía de Uñoz.

Durante el proceso de recuperación se han reconstruido diversas secciones de la Cartuja y se ha colocado la estatua dedicada a san Bruno, realizada por el escultor valenciano José Esteve.

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