Carta de Pedro a Felipe

Carta de Pedro a Felipe es el segundo y último escrito del Códice VIII de Nag Hammadi (NH VIII 132-140), y apenas tiene 9 páginas. Con base en los paralelos con el Apócrifo de Juan e Ireneo de Lyon, se sugiere que la Epístola fuera escrita hacia finales del siglo II d.e.c. o en el siglo III. El escritor presumiblemente escribió en griego, como se aprecia por la presencia de palabras prestadas y expresiones idiomáticas griegas. Finalmente, el tratado griego fue traducido al copto.

Aspectos literarios

Dirigida por el apóstol Pedro a Felipe el Apóstol, este documento se presenta a sí mismo como una carta, de la misma manera que Epístola de Eugnostos, el Libro Secreto de Santiago, y el Tratado sobre la Resurrección. Puesto que se presenta como una carta atribuida a Pedro, este documento habrá que relacionarlo con la tradición Petrina, una tradición que incluye la primera parte de los Hechos de los apóstoles canónicos, las cartas del Nuevo Testamento atribuidas a Pedro, así como algunos otros documentos, como el Evangelio de Pedro Apócrifo y, de Nag Hammadi, el Apocalipsis de Pedro. El escritor era un gnóstico cristiano muy versado en la tradición cristiana, que usó e interpretó esa tradición de modo gnóstico. Según las costumbres cristianas y gnósticas con las que el escritor estaba familiarizado, compiló un documento narrativo con un enfoque de revelación. La carta misma fue añadida al principio de este relato para hacer hincapié en el puesto autorizado de Pedro, pero recibió su título actual posteriormente. Su forma y su contenido, sin embargo, son diálogos gnósticos de revelación como el Diálogo del Salvador, que ponen las enseñanzas típicamente gnósticas en boca del Salvador resucitado. Precisando más, aunque aparece como un diálogo gnóstico, es más un discurso de revelación de Cristo como respuesta a las preguntas planteadas por los apóstoles. Dentro de este diálogo se incluyen materiales que no son cristianos o sólo ligeramente; estos materiales han sido adoptados para incrementar las revelaciones de Cristo.

Por otro lado, además de ser un diálogo de revelación entre el Salvador resucitado y sus discípulos, el texto también atestigua la producción de historias de apariciones de resurrección durante los primeros siglos del cristianismo. El contenido doctrinal de las enseñanzas atribuidas al Salvador y la información sobre Pedro, asume las formulaciones típicamente valentinianas, trata de la deficiencia que ocurrió en el Pléroma y el combate dirigido por los espirituales contra los poderes.

La forma del credo presente en 139, 15-21 es excepcionalmente ortodoxo: Nuestro iluminador, Jesús, descendió; fue crucificado; llevó una corona de espinas; fue vestido con una túnica morada; fue atado a un madero, y enterrado en una tumba; y se ha levantado de entre los muertos.

Este credo, sin embargo, es seguido por una interpretación del docetismo: "Mis hermanos: Jesús no conoció este sufrimiento, pero nosotros somos los que hemos sufrido por la trasgresión de la Madre", una interpretación que recuerda las enseñanzas respecto a la pasión contenidas en el Apocalipsis de Pedro y el Segundo Tratado del gran Set del Códice VII de Nag Hammadi.

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