Carolina Coronado

Carolina Coronado
Carolina Coronado, por Federico de Madrazo.jpg
Retrato de Carolina Coronado (c.1855) por Federico Madrazo, óleo sobre lienzo, Madrid, Museo del Prado.
Información personal
Nombre de nacimientoVictoria Carolina Coronado y Romero de Tejada Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento12 de diciembre de 1820 Ver y modificar los datos en Wikidata
Almendralejo, España Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento15 de enero de 1911 Ver y modificar los datos en Wikidata (90 años)
Lisboa, Portugal Ver y modificar los datos en Wikidata
Lugar de sepulturaCementerio de San Juan Ver y modificar los datos en Wikidata
NacionalidadEspañola Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
OcupaciónSalonnière y escritora Ver y modificar los datos en Wikidata
MovimientoRomanticismo Ver y modificar los datos en Wikidata
GéneroPoesía y novela Ver y modificar los datos en Wikidata

Victoria Carolina Coronado y Romero de Tejada (Almendralejo, 12 de diciembre de 1820-Lisboa, 15 de enero de 1911) fue una escritora española, autodidacta y con una gran sensibilidad, considerada la equivalente extremeña de otras autoras románticas coetáneas como Rosalía de Castro y literata de tal notoriedad que la llegarían a comparar con Bécquer, además de una virtuosa del piano y del arpa. Fue tía de Ramón Gómez de la Serna.[1]​ Publicó en 1843 un tomo de Poesías, reeditado en 1852, que prologó Hartzenbusch. Escribió también novelas y obras teatrales con predominio de temas históricos y compromiso social.

Biografía

Carolina Coronado, litografía de Luis Carlos de Legrand

Victoria Carolina Coronado y Romero de Tejada, hija de Nicolás Coronado y Gallardo y de María Antonia Eleuteria Romero de Tejada y Falcón, habría nacido el 12 de diciembre de 1820 en la localidad pacense de Almendralejo[5]​ hermanos a quienes dedicó numerosos poemas, especialmente a Emilio. Tras mudarse a Badajoz, capital de la provincia, con cuatro años debido a que su padre comenzó a trabajar de secretario en la Diputación, Carolina fue educada en la forma tradicional para las niñas de la época: costura, labores del hogar, etc. pese a lo cual, ya desde pequeña mostró su interés por la literatura y comienza a leer, robando horas al sueño, cualquier género u obra que puede conseguir. Por ello desarrolló una extraordinaria facilidad para componer versos. Sus primeros poemas datan de la temprana edad de 10 años. Con un lenguaje algo desaliñado e incluso con errores léxicos y ortográficos, pero espontáneo y muy cargado de sentimiento, motivado por amores imposibles entre los cuales destaca Alberto, su supuesto primer compañero, de quien se duda si realmente llegó a existir, y que murió en el mar. La afección de catalepsia crónica que padecía, posiblemente contribuyó a su temperamento romántico, llegando a "morir" varias veces, lo que hizo que se obsesionase con la idea de poder ser enterrada en vida.

Llevó una vida revolucionaria ya que en 1838, en plena guerra civil, Carolina Coronado emprendió con entusiasmo el bordado de una bandera para un batallón creado para defender el trono de Isabel II.[cita requerida]

Una de sus “falsas muertes”, fue publicada en 1844, que motiva que Carolina escriba Dos muertes en una vida, y que se publicaría tras su fallecimiento. Ya entonces había sido admitida en el Instituto Español y en casi todos los Liceos de España.

Cuatro años más tarde, en 1848, una enfermedad nerviosa la deja medio paralítica en Cádiz y los médicos le recomiendan tomar aguas cerca de Madrid, por lo que traslada su residencia a la capital.

En 1852 se casa en Madrid, con sir Justo Horacio Perry, secretario de la embajada de EE. UU. en Madrid. Tuvo un hijo, Carlos Horacio (1853-1854), y dos hijas, Carolina (1857-1873) y Matilde (n. 1861) sobreviviendo esta última a sus dos hermanos y que se casó con Pedro Torres Cabrera. Tiene varias "premoniciones" en las que anticipa el fallecimiento de su hija. Y su obsesión por la muerte la llevo hasta tal punto que, cuando su marido muere en 1891, embalsama el cadáver, negándose a enterrarlo e incluso dirigiéndose a él con el apelativo de "el silencioso" y "el hombre de arriba".

Carolina Coronado en una fotografía de finales del siglo XIX

Era amiga de la reina Isabel II la cual obligó al marqués de Salamanca a que vendiera a Carolina un trozo de su finca y allí se construyó un palacete en lo que hoy es la calle Lagasca.

Siendo ella revolucionaria, su residencia madrileña se hizo famosa por las tertulias literarias que en ella se realizaban, ya que sirvió como punto de encuentro para escritores progresistas y refugio de perseguidos, llegando a asistir algunos de los más renombrados autores del momento, como Emilio Castelar. Sin embargo, este refugio clandestino, y su afinidad por la revolución, causarían que sufriese la censura de la época. Pese a ello, logró publicar algunas de sus obras en periódicos y revistas hasta lograr cierta fama.

Participó también en la campaña contra la esclavitud, llegando a ser, con Concepción Arenal, del cuadro dirigente de la Sociedad Abolicionista de Madrid. En 1868 se fechan los versos A la abolición de la esclavitud en Cuba, poesía que provocó un escándalo político al ser declamada en público el 14 de octubre, poco después de estallar la Revolución del 68, con la que simpatizaban Carolina y su marido.[6]

Casa de Carolina Coronado en Lisboa

Al llegar las revoluciones se van a vivir a Lisboa, al palacio de la Mitra, en Pozo do Bispo, población próxima a Lisboa, a pesar de haber perdido sir Horacio toda su fortuna que tenía invertida en el tendido del cable submarino de comunicaciones que uniría Estados Unidos con Europa.

Viuda desde 1891, falleció en el palacio de la Mitra de Lisboa el 15 de enero de 1911, y como su hija Matilde —que murió poco después— no tuvo descendencia, todas sus pertenencias, escritos y muebles del palacio pasaron a la familia de Torres Cabrera, hoy conde de Canilleros. Está enterrada en el cementerio de Badajoz.