Carnaval de Oruro

Carnaval de Oruro
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Nombre descrito en las Listas del patrimonio cultural inmaterial
Carnaval de Oruro dia I (60).JPG
Diablada, danza típica del "Carnaval de Oruro".
País Flag of Bolivia.svg  Bolivia
Tipo Cultural inmaterial
N.° identificación 00003
Región América Latina y el Caribe
Año de inscripción 2001 (como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, y como PCI en el 2008, III sesión)
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El Carnaval de Oruro es la máxima representación de los Carnavales en Bolivia “ Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad( Unesco) A lo largo del carnaval participan más de 48 conjuntos folklóricos que son distribuidos en 18 especialidades de danzas que reúnen de distintas partes de Bolivia y que realizan su peregrinación hacia el Santuario del Socavón cada sábado de carnaval en la tradicional “Entrada”. Esta celebración por la gran popularidad que alcanzó en los últimos años; debido a su gran manifestación cultural y atracción turística, pasó a volverse uno de los Carnavales más importantes conjuntamente con el de Río de Janeiro Brasil y otros carnavales en el mundo

Historia

Periodo prehispánico

mapa de los lugares sagrados para los urus.
Mapa de los lugares sagrados en Oruro, mostrando la ubicación de las representaciones de hormigas, lagartos, sapos y serpientes, animales considerados sagrados por los Urus.
Diablada de Oruro.
Wari, dios de los urus que sobrevivió a embates de aymaras, quechuas y españoles, es el "tío de la mina", último avatar del viejo Wari. Oruro, Bolivia

Se presenta la interculturalidad de los pueblos preincaicos, pre-hispánicos, cazadores, lacustres, agrícolas, ganaderos altiplánicos y otros de las tierras bajas.[1] Desde épocas remotas Jururu (Uru Uru), hoy Oruro fue un centro de peregrinación religiosa del mundo andino, hacia la sagrada serranía de los Urus, que contaba con deidades protectoras llamadas Wakas, apus y achachilas, estas deidades eran Jampatukollo (cerro Sapo), Argentillo Arankani (cerro lagarto), la víbora (Quwak), el cóndor y Wakallusta (Resbaladero de Ídolos) entre otros. Tras la conquista del Imperio Incaico, estos trataron de introducir su religión mediante la conversión de Wari a un semidiós malvado y a las wakas o Apus sagradas en plagas, petrificadas por la Ñusta Incaica. Así los urus debían adorar solo a pachacamaj representado por Inti.[ cita requerida]

Los españoles a partir de la conquista y coloniaje durante el Virreinato del Perú, produjeron un singular sincretismo religioso de transculturización con Huari (Wari), sintetizado en el tío que quedó como el diablo universal y junto a la pachamama, la ñusta que se convirtió en la virgen del socavón.[2]

Periodo colonial

Descripción: Mascara que lleva dos viboras en el rostro y un lagarto en la frente.
Máscara catalogada por el Museo Itinerante Supay: "Año: 1880. Procedencia: Paria, Oruro. Artesano: Santiago Nicolás (padre) Conjunto: Diablada Patronal.

Se expresa a partir del encuentro durante el Virreinato del Perú, del mundo occidental (españoles) con las culturas nativas de la región. El hecho fue generando sus propios mecanismos sociales de salvaguarda que se iniciaron en 1789 durante el Virreinato del Perú cuando la iglesia católica entroniza oficialmente la imagen de la virgen candelaria que es venerada dentro la festividad del Carnaval, por eso la fecha movible.[4]

Virgen del Socavón

Santuario de la Virgen del Socavón.

En 1559, solicitados por el encomendero de Paria Paria, Lorenzo de Aldana, los frailes Agustinos vinieron desde España al Virreinato del Perú y se dedicaron a la evangelización del Altiplano. Sus primeras llegadas son en Challacollo, Paria, Toledo y Capinota en este año. El encomendero de Paria, Lorenzo de Aldana, había creado un Mayorazgo o fundación benéfica a favor de la religión y de los indígenas encomendados a él, Aldana muere en el 1573, diez años antes que Francisco Tito Yupanqui tallara, en 1583, la Imagen de la Candelaria para el santuario de Copacabanaduante el Virreinato de Perú, igualmente confiado a los Agustinos en 1588. Aldana había nacido en 1508 en Extremadura, en la ciudad de Cáceres, donde era grande la devoción a la Virgen de la Candelaria.

Los Agustinos traían una fuerte devoción mariana desde España al Virreinato de Perú, donde la fiesta de la Candelaria se había establecido ya en el siglo XI como una de las cuatro principales fiestas marianas. Saliendo de España, habían tocado como último puerto, antes de cruzar el océano, Tenerife, en las Islas Canarias, donde existía un Santuario dedicado a la Virgen de la Candelaria. De ahí la devoción a la Candelaria “se había popularizado especialmente entre los marineros que la tomaron como abogada y la izaron al lado de los timones en las procelosas travesías hacia el Virreinato de Perú en América.

Independencia y la transición al carnaval

En Oruro existe el santuario en honor a la Virgen del Socavón, pero esta fecha se desplazó a las fechas del carnaval en esta ciudad; esta transición fue producto de la guerra de la independencia boliviana.[4]

Diablada de Oruro.
Santuario del Socavón en Oruro, Bolivia

Existe una leyenda que cuenta que durante el sábado de carnaval del año 1789 un bandido llamado Anselmo Bellarmino conocido como el Nina-Nina o Chiru-Chiru fue mortalmente herido en una pelea callejera y antes de morir él fue confrontado por la Virgen de la Candelaria.[4]

Sin embargo, de acuerdo al doctor en estudios religiosos y director ejecutivo del Consejo de Humanidades de Wisconsin en la Universidad de Wisconsin-Madison, Max Harris, esta leyenda estaría relacionada a una realidad histórica. Durante el virreinato rebelión de Túpac Amaru II, Oruro experimentó una breve pero sangrienta revolución. Durante la noche del sábado 10 de febrero de 1781, la mayoría criolla atacó a la minoría gobernante conformada por chapetones o descendientes directos de españoles nacidos en el cono sur. Con la llegada del ejército indígena, los criollos formaron una alianza.[4]

El 15 de febrero, un mensajero llegó desde el Cuzco a Oruro con órdenes de Túpac Amaru II. Él había instruido a su ejército respetar a las iglesias y al clérigo, no hacer daño a los criollos, y sólo procesar a los chapetones. Aseguró también la victoria al entrar a La Paz "por carnestolendas", la ocupación indígena de Oruro se había comenzado a retirar dejando miles de muertos. Pero durante marzo y abril ellos lanzaron más ataques a la ciudad pero esta vez en contra de los criollos y los españoles restantes quienes unificaron fuerzas para repelerlos.[4]

Niño bailando en una de las procesiones del Carnaval.

Harris observa que el carnaval del año 1781, cayó el 24 de febrero, colocando la ocupación de Oruro exactamente entre la fiesta de la Candelaria y carnaval, tornando esta situación en palabras de Harris "carnavalesca". Procesiones religiosas compartieron su espacio con desfiles seculares, europeos y criollos se disfrazaban como indígenas, casos como la de un español disfrazado de mujer en un vano intento de salvar su vida y miles de hombres armados en las calles de la ciudad colonial. Para el 19 de febrero la gente en la ciudad a pesar del conflicto continuó celebrando y durante carnaval, los mercados de la ciudad estaban llenos de ladrones vendiendo el oro y la plata saqueados nuevamente a sus dueños o a los cholos y mestizos. Para el año 1784 era ya costumbre regocijar, bailar, jugar y formar comparsas para el carnaval de Oruro.[4]

Harris considera que es con este trasfondo que la leyenda de la Virgen del Socavón de 1789 apareció favoreciendo a la rebelión ya que los indígenas veneraban a la Virgen de la Candelaria, mientras que los chapetones solían venerar a la Virgen del Rosario. Según las creencias de los revolucionarios, la Virgen del Socavón habría tolerado a las deidades indígenas o "demonios" y, según Harris, si la leyenda es correcta, para 1790 los mineros de Oruro habrían movido la celebración de la Candelaria para carnaval y habrían añadido a los dioses indígenas, enmascarados como diablos cristianos, a las festividades.[4]

Una generación después, en 1825, Bolivia alcanzó su independencia y Separación de los Virreinatos de la Plata y del Perú, el Carnaval de Oruro adoptó un nuevo significado para los residentes de Oruro. Dos de las comparsas de diablada y la calle desde la cual el desfile comienza recibieron sus nombres en honor a Sebastián Pagador, uno de los héroes criollos de la revuelta. La plaza principal que está en la ruta del carnaval hacia el santuario de la Virgen del Socavón se denomina Plaza 10 de febrero recordando la fecha de la rebelión.[4]

Periodo post colonial o republicano

Máscara de la danza de los morenos o morenada de 1875, Museo Antropológico Eduardo López Rivas en Oruro, Bolivia.

Periodo más complejo donde surge la tolerancia entre la fe, las religiones y la creatividad.[8] Las danzas son discriminadas por la clase pudiente de la sociedad denominándolas “danzas de la Indiada”, porque solamente los indígenas o campesinos las danzaban. Danzas que nacen como sátira hacia los españoles y sus esclavos negros, que habitaron durante el Virreinato del Perú esta región y fueron participes de la Rebelión de Oruro de 1781 donde existían compañías de españoles, mestizos, criollos y negros. Tras la confrontación bélica de Bolivia y Paraguay se genera un encuentro del hombre del campo con el de la ciudad, del hombre del oriente, con los del valle y los del altiplano que se confunden en una sola trinchera y conocen más allá de la suya la realidad nacional, este hecho histórico marco a estas clases y tomaron una conciencia nacionalista, las comparsas de diablos, comparsas de morenos y otros, participes del carnaval de Oruro, empiezan a sufrir un cambio en su denominación, las “Danzas de la Indiada” se llamarían: Diablada, Morenada, llamerada, etc. Esas danzas de la Indiada Orureña serían aceptadas por la mayoría de la sociedad, la convivencia en la Guerra del Chaco hizo que las ciudades tomaran estas manifestaciones culturales como propias, y empezara crear agrupaciones nuevas de comparsas mostrando voluntad organizativa, creadora, aportando con su intelecto para rendir su devoción a la Virgen del Socavón en el Carnaval de Oruro.

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