Carlotismo

El carlotismo fue el proyecto político para crear en el Virreinato del Río de la Plata una monarquía independiente, cuyo titular sería la infanta Carlota Joaquina de Borbón, hermana del rey Fernando VII de España, esposa y princesa consorte del príncipe regente Juan de Portugal.

Antecedentes

Rivalidad entre España y Portugal en el Río de la Plata

El Tratado de Tordesillas trazó una línea de polo a polo que asignó a la corona de Portugal una porción de América del Sur. Esa porción, el Brasil, tenía un límite no demarcado con las áreas asignadas a España, con lo cual fue natural que pronto surgieran conflictos territoriales. Esos conflictos llegaron a ser muy graves en la zona del Río de la Plata, especialmente a partir de la fundación portuguesa de Colonia del Sacramento, en 1680.

Desde entonces, Portugal pretendió expandir sus dominios sobre el Río de la Plata, e incluso dominar toda la Banda Oriental del mismo. Se convirtió en el rival secular de España en esa región, y así era considerado por la población española del Plata.

De hecho, la fundación del Virreinato del Río de la Plata, en 1776, se debió exclusivamente a la necesidad de frenar las ambiciones de Portugal en esa región. La capital del nuevo virreinato, Buenos Aires, fue debidamente dotada de abundantes fuerzas militares. Si bien, con el paso del tiempo, esas fuerzas fueron disminuyendo, la ciudad seguía siendo sede de un considerable poder militar. En la Banda Oriental, la ciudad de Montevideo fue amurallada y contaba también con una fuerte guarnición militar.

En la primera década de 1800 –al menos hasta las Invasiones Inglesas, que comenzaron en 1806– el Brasil era el principal rival y potencial enemigo del Virreinato del Río de la Plata.

Desde la independencia portuguesa en 1640, el único y permanente aliado de ese país era el Reino Unido.

La corte portuguesa en Brasil

Desde el año 1796, España estaba aliada a la Francia revolucionaria. Esa política continuó durante el gobierno del emperador Napoleón Bonaparte, y llevó a una nueva guerra entre Portugal y España, conocida como la Guerra de las Naranjas. Si bien España triunfó en Europa, el Brasil incorporó en 1801 las Misiones Orientales, sin que las fuerzas de Buenos Aires pudieran hacer nada para impedirlo o recuperarlas.

Desde 1807 en adelante, derrotado en el mar en la batalla de Trafalgar, el Emperador decidió establecer el bloqueo continental contra Gran Bretaña – esto, es el cierre de todos los puertos a los buques de esa nacionalidad. Para ello, el Imperio necesitaba asegurarse de evitar completamente la posibilidad de comercio en Europa continental.

En consecuencia con este objetivo, el 12 de agosto de 1807, el príncipe regente de Portugal, futuro Juan VI de Portugal –su madre la reina María I había sido incapacitada debido a su demencia– recibió un ultimátum conjunto de España y Francia: en veinte días debía declarar la guerra a Gran Bretaña y cerrar todos los puertos a sus buques, además de expulsar a su embajador y detener a todos sus súbditos. Apurado por la urgencia de la amenaza, Juan anunció al embajador inglés, Lord Strangford, que simularía un estado de guerra con Gran Bretaña, para ganar tiempo.

El ministro de relaciones exteriores británico, George Canning, propuso en cambio otro plan: el traslado de toda la Corte portuguesa y la familia real a Brasil. El 22 de octubre, Canning y el embajador portugués Domingo Souza Coutinho firmaron el tratado por el que se establecía:

1- La entrega de toda la escuadra portuguesa – de guerra y mercante – a Gran Bretaña.

2- El traslado de la Reina, el Príncipe, su familia y toda la corte a Brasil, en la escuadra inglesa.

3- Un nuevo tratado comercial, que permitía a Gran Bretaña introducirse en el mercado brasileño.

4- La ocupación británica de la isla de Madeira.

El ejército francés cruzó España a fines de noviembre, para deponer a la reina y al regente, y dividírselo con el rey de España. Inmediatamente el ejército francés al mando del general Junot invadió Portugal, avanzando directamente hacia Lisboa. Apremiado por Strangford, el rey determinó realizar la Transferencia de la Corte portuguesa a Brasil y ordenó embarcarse a toda la corte y funcionarios reales que se hallasen en Lisboa. El ejército invasor ocupó la capital portuguesa cuando todavía se podían ver en el mar los últimos buques en que la corte portuguesa se trasladaba al Brasil. En total, eran unas 15.000 personas embarcadas en 36 buques, que llegaron a Río de Janeiro a fines de ese año.

España en manos de Napoleón

El ejército francés había ingresado a España con permiso del Rey Carlos IV de España, pero muy pronto comenzó a comportarse como un ejército de ocupación en territorio invadido. Mientras tanto, el príncipe Fernando tramó un cambio de política, no en oposición a la alianza francesa, sino a la nefasta influencia del favorito, Manuel Godoy. Descubierto y sancionado el príncipe, el 27 de marzo de 1808 estalló el motín de Aranjuez, que obligó a Godoy a huir. Dos días más tarde, Carlos IV abdicó a favor de su hijo, que fue proclamado como Fernando VII.

La noticia de la proclamación de Fernando fue enviada a las posesiones americanas y –como era costumbre– el nuevo rey fue jurado en todas las ciudades importantes del decadente Imperio español. En el Río de la Plata, en particular, el virrey Santiago de Liniers esperaría la definición del conflicto –ante la previsible reacción de Napoleón– sin tomar partido alguno. Hostigado por el alcalde Martín de Álzaga, que lo acusaba de connivencia con los franceses, terminó por ordenar el juramento de Fernando VII con varias semanas de retraso, el 21 de agosto.

Pero Carlos cambió pronto de idea y reclamó de nuevo su perdido trono, a lo que Fernando se negó. Entonces escribió a Napoleón, pidiéndole ayuda para recuperarlo.

El emperador llamó a su presencia a Carlos y a Fernando, para entrevistarse con ellos en Bayona. Antes de reunirse con el nuevo rey, se entrevistó con el antiguo, al que presionó y obligó a prometerle que le entregaría la corona. Acto seguido, exigió a Fernando que abdicara a favor de su padre, e inmediatamente ambos abdicaron de sus derechos al trono en favor de Napoleón, con lo que este designó a su hermano José Bonaparte como nuevo rey de España.

Entretanto, la salida de la familia real española hacia Francia provocó una rebelión contra los franceses: el 2 de mayo se inició una revolución en Madrid, que llevaría a la guerra de Independencia Española. Los españoles utilizaron la figura de Fernando como símbolo de su resistencia a la invasión francesa, y juraron defender su derecho al trono. Reunieron sucesivas juntas de gobierno en la mayor parte de las ciudades libres del invasor, y se gobernaron por sí mismas, en nombre de Fernando VII.

Algún tiempo después, se formaría una Junta Suprema Central, que reuniría a los representantes de las juntas locales. Esta Junta Suprema estableció una alianza con Gran Bretaña el 4 de julio de 1808, alianza que tendrá suma importancia para la resistencia española a partir de mediados de 1809. Por de pronto, la batalla de Bailén será una resonante victoria sobre el ejército francés, que retemplará la resistencia al invasor.

Por su parte, las posesiones españolas en América decidieron masivamente acompañar la resistencia de los españoles europeos contra las pretensiones de José Bonaparte.

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