Carlota Augusta de Gales

Carlota Augusta de Gales
Princesa de Gales
CharlotteofWales1.jpg
Información personal
Nacimiento 7 de enero de 1796
Londres, Bandera de Reino Unido  Reino Unido
Fallecimiento 6 de noviembre de 1817
(21 años)
Surrey, Bandera de Reino Unido  Reino Unido
Entierro Capilla de San Jorge
Familia
Dinastía Hannover
Padre Jorge IV del Reino Unido
Madre Carolina de Brunswick-Wolfenbüttel
Cónyuge Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Saalfeld

Firma Firma de Carlota Augusta de Gales

Coat of Arms of Charlotte Augusta of Wales.svg
Escudo de Carlota Augusta de Gales

[ editar datos en Wikidata]

Carlota Augusta de Hannover ( Carlton House, Londres, 7 de enero de 1796 - Surrey, 6 de noviembre de 1817) fue la única hija de Jorge Augusto de Hannover, príncipe de Gales (y futuro rey Jorge IV del Reino Unido), y de Carolina de Brünswick-Wolfenbüttel.

Los padres de Carlota se odiaban incluso antes de la boda y se separaron poco después. El príncipe Jorge dejó a Carlota al cuidado de varias gobernantas y criadas, pero no permitía que tuviera mucho contacto con su madre, que acabaría por dejar el país. A medida que Carlota llegaba a la edad adulta, su padre la presionó para que se casara con el príncipe heredero Guillermo, que más tarde se convertiría en rey de los Países Bajos, pero después de haber aceptado, rompió el compromiso. Esta decisión trajo consigo una serie de disputas con su padre, hasta que este le permitió casarse con el duque Leopoldo, que posteriormente se convertiría en el rey de Bélgica. Después de un matrimonio feliz, que duró un año y medio, Carlota dio a luz a un niño que nació muerto.

La prematura muerte de Carlota, cuando contaba 21 años, provocó una gran ola de luto por toda Gran Bretaña, que había considerado a la princesa como un símbolo de esperanza, como contrapeso de su padre, que era poco popular, y de su abuelo, que era considerado un loco. Como única nieta legítima del rey Jorge III, su desaparición hizo caer una presión cada vez mayor en los hijos solteros del rey para que se casaran y tuvieran herederos legítimos. El cuarto hijo del rey, Eduardo, fue padre de la reina Victoria.

Biografía

Contexto

Jorge de Gales, padre de Carlota.

En 1794, Jorge, príncipe de Gales, estaba buscando una esposa adecuada, un empeño que no buscaba asegurar la sucesión, sino porque el primer ministro William Pitt le había prometido un aumento de su renta si se casaba. A pesar de recibir un generoso sueldo por ser príncipe de Gales y duque de Cornualles, Jorge vivía muy por encima de sus posibilidades y, en 1794, el dinero que recibía dejó de ser suficiente para pagar los intereses de sus deudas.[1]

Jorge había intentado casarse una vez, con su amante María Ana Fitzherbert, pero ese matrimonio se consideró inválido a los ojos de la ley porque el príncipe no tenía el consentimiento de su padre, el rey Jorge III, requisito obligatorio y consagrado en el Acta de Matrimonios Reales de 1772. A pesar de todo, Jorge mantuvo a María Ana Fitzherbert como su amante, así como otras que también recibían muchas atenciones, como la condesa de Jersey.[2]

Entre las candidatas, Jorge seleccionó dos princesas alemanas, primas directas. La primera, Luisa de Mecklemburgo-Strelitz, era hija de su tío materno y la segunda, Carolina de Brunswick-Wolfenbüttel, era hija de su tía paterna. La madre de Jorge, la reina Carlota, había oído rumores preocupantes sobre el comportamiento de Carolina y, por eso, prefería a la princesa Luisa al considerarla más guapa y al ser sobrina de sangre y no por matrimonio. Se decía que la princesa Carolina se había comportado de forma poco correcta con un oficial irlandés del ejército de su padre y, además, las negociaciones para concertar el matrimonio se habían interrumpido muchas veces sin razón aparente. Jorge, influido por la condesa de Jersey, que consideraba a Carolina una rival menor que Luisa, escogió a la princesa de Brunswick sin haberla conocido y envió a un diplomático, James Harris, 1.er conde de Malmesbury, para que la acompañara de Brunswick a Gran Bretaña.[3]

Cuando Harris se reunió con la princesa, esta estaba sin arreglar y le pareció obvio que hacía varios días que no se lavaba. Encontró su conversación grosera y demasiado familiar. Harris pasó cerca de cuatro meses con ella para que mejorara su conducta y sus hábitos antes de volver a Inglaterra; viaje que se atrasó por el riguroso invierno y por atrasos debidos a la guerra contra Francia.[7]

Jorge dijo más tarde que solo tuvo relaciones con su mujer tres veces y que, durante una de esas ocasiones, la princesa había hecho un comentario sobre el tamaño de su pene. Esto le hizo pensar que su esposa tenía una base para comparar y, por tanto, era bastante probable que no fuera virgen. Carolina, por su parte, decía de forma indirecta que Jorge era impotente.[9]

Infancia

Carlota, de niña, con su madre, por Thomas Lawrence.

Carlota nació en Carlton House, la residencia oficial del príncipe de Gales en Londres, el 7 de enero de 1796. Aunque a Jorge le desilusionó no tener un hijo, el abuelo de la princesa, el rey, que prefería una nieta, quedó encantado con el nacimiento de su primer nieto legítimo, ya que esperaba que el bebé consiguiera reconciliar a Jorge y a Carolina.[12]

A pesar de que Carolina pidió, en diversas ocasiones después de dar a la luz, que trataran mejor a la princesa que ocupaba el segundo puesto en la línea de sucesión, Jorge restringió el contacto de esta con su hija y le prohibió que la viera si no estaba acompañada de su ama y de las gobernantas.[15]

Carlota era un niña sana y, según su biógrafa, Thea Holme, «daba la impresión, al ver las primeras historias registradas de Carlota, que esta tenía un corazón cálido y valiente».[21]

Cuando Carlota tenía ocho años, su padre, que continuaba su relación con María Fitzherbert, decidió que quería Carlton House solo para él. Se apoderó de los aposentos de su esposa (Carolina trasladó sus aposentos al palacio de Kensington), y su hija se mudó a Montangue House, que quedaba al lado de Carlton House. James Chambers, otro biógrafo de Carlota, escribió: «la pequeña princesa vivía en una casa solo para ella, en compañía de personas a las que pagaban para que estuvieran allí».[24]

En 1805, el rey empezó a hacer planes para la educación de Carlota y contrató a un gran número de profesores para su única nieta legítima. Igualmente, contrató al obispo de Exeter para que la instruyera en la religión anglicana, con la esperanza de que Carlota, cuando fuera reina, la defendiera. El rey esperaba que estos profesores le confirieran «honor y tranquilidad en sus relaciones, y fueran una bendición para los dominios que, de ahora en adelante, podría llegar a representar».[28]

El comportamiento poco convencional de Carolina llevó a que fuera acusada, en 1807, de mantener relaciones sexuales con otros hombres desde que se separó. En aquella época, Carolina estaba cuidando de un niño, William Austin, que presuntamente era un hijo que había tenido con otro hombre. El príncipe de Gales esperaba que la denominada «investigación delicada» descubriera pruebas de adulterio que le permitieran avanzar con el proceso de divorcio y prohibió a Carlota que viera a su madre.[33]

Adolescencia

Carlota.

A medida que Carlota iba convirtiéndose en adolescente, los miembros de la corte empezaron a encontrar su comportamiento poco correcto.[38]

A finales de 1810, la locura del rey Jorge empezó a empeorar. Carlota y su abuelo se querían mucho y, por ello, a la princesa le afectó mucho su enfermedad. El 6 de febrero de 1811, el padre de Carlota fue nombrado príncipe regente por el Consejo Privado,[41]

Jorge había sido educado en un ambiente estricto contra el que se había rebelado. A pesar de eso, educó a su hija, que ya parecía una mujer adulta con solo 15 años, en condiciones aún más duras. Le dio menos dinero para comprar ropa que el necesario para una princesa adulta e insistió en que, cuando fuera a la ópera, debía sentarse en la parte de atrás del palco e irse antes de que el espectáculo acabara.[46]

En 1813, cuando el rumbo de las Guerras Napoleónicas empezó a mostrarse más favorable para Gran Bretaña, Jorge comenzó a considerar seriamente la cuestión del matrimonio de Carlota. El príncipe regente y sus consejeros decidieron que el mejor candidato era el príncipe heredero Guillermo de Orange, hijo y heredero del príncipe Guillermo V de Orange. Ese matrimonio aumentaría la influencia de Gran Bretaña en el noroeste europeo. Guillermo no impresionó a Carlota cuando ambos se conocieron en la fiesta de cumpleaños de Jorge, celebrada el 12 de agosto de ese año, en la que el príncipe neerlandés se emborrachó en compañía del príncipe regente y de otros invitados. A pesar de que nadie habló oficialmente con Carlota sobre los planes de boda, la princesa sabía que existían por los rumores que corrían por palacio.[53]

El príncipe Guillermo de Orange.

Las negociaciones para el contrato matrimonial se alargaron durante varios meses porque Carlota insistía en no abandonar Gran Bretaña. Los diplomáticos no querían ver los dos tronos unidos, por lo que el acuerdo determinaba que el primogénito heredaría el trono británico, mientras que el segundo accedería al trono neerlandés. Si solo tuvieran un hijo, los Países Bajos serían gobernados por la rama alemana de la Casa de Orange.[59]

La madre de Carlota se opuso al matrimonio de su hija con el príncipe de Orange y tenía el apoyo del pueblo: siempre que Carlota aparecía en público, las multitudes le pedían que no abandonara a su madre al casarse con el príncipe de Orange. La princesa informó al príncipe de Orange que, si se casaban, su madre siempre sería bienvenida en su casa; condición esta que desagradó al príncipe regente. Como el príncipe de Orange no estuvo de acuerdo, Carlota rompió el compromiso.[61]

Aislamiento y noviazgo

Carlota, por George Dawe.

La historia de la fuga y el regreso de Carlota no tardó en convertirse en el asunto más comentado de la ciudad. Henry Brougham, antiguo político liberal, afirmó: «Todo el mundo está contra el príncipe», y la prensa de la oposición escribió mucho sobre la historia de la princesa fugitiva.[64]

A pesar del aislamiento, Carlota encontró la vida en Cranbourne sorprendentemente agradable y empezó poco a poco a aceptar la situación.[74]

A principios de 1812, Carlota decidió convertir a Leopoldo (a quien llamaba «Leo») en su esposo.[80]

En enero de 1816, el príncipe regente invitó a su hija a visitar el Royal Pavilion en Brighton y allí le volvió a pedir que consintiera el matrimonio. Cuando estaba de vuelta en Windsor, la princesa le escribió una carta a su padre en la que afirmaba que: «No dudo en declarar lo que siento por el príncipe de Coburgo y te garantizo que nadie será más estable y constante en este compromiso que yo».[82] Leopoldo llegó a finales de febrero de 1816, y fue a Brighton para ser interrogado por el príncipe regente. Después, Carlota también fue invitada y cenó con Leopoldo y su padre. Más tarde, escribió:

Lo encuentro encantador y me voy a la cama más feliz que nunca en toda mi vida [...]. Soy una persona con mucha suerte y tengo que agradecérselo a Dios. Pienso que una princesa nunca inició una vida (o se casó) con una perspectiva de felicidad y una verdadera vida doméstica similar a la de otras personas.[83]

Al príncipe regente le impresionó Leopoldo y le dijo a su hija que «reunía todas las aptitudes para hacer de ella una mujer feliz».[87]

La boda se planeó para el 2 de mayo de 1816, día en que se reunieron multitudes en Londres. Los invitados tuvieron grandes dificultades para moverse por las calles de la ciudad. A las nueve de la noche, en el comedor de Carlton House, Carlota y Leopoldo se casaron. Fue la primera vez que Leopoldo usó el uniforme de general británico, mientras que el príncipe regente llevó el de mariscal de campo. El traje de novia de Carlota costó más de 10 000 libras. El único incidente de la boda ocurrió cuando Carlota se empezó a reír en el momento en que Leopoldo prometió darle todos sus bienes terrenales.[88]

Matrimonio

Carlota y Leopoldo en el teatro.

El matrimonio pasó la luna de miel en el palacio de Oatlands, la residencia del duque de York en Surrey. Sin embargo, no estaban bien en esa casa con todos los perros del duque y su olor. A pesar de todo, la princesa escribió que Leopoldo era «la perfección hecha amante».[92]

El médico de Leopoldo, Christian Stockmar ―que más tarde se convertiría en el barón Stockmar, consejero de la reina Victoria y de su marido, el príncipe Alberto―,[97]

El embarazo de Carlota fue un tema de interés público. Las casas de apuestas empezaron concursos para adivinar cuál sería el sexo del bebé. Los economistas calcularon que el nacimiento de una princesa aumentaría el valor de las acciones de la bolsa un 2,5%, mientras que el nacimiento de un príncipe significaría un aumento del 6%. Carlota pasó un embarazo tranquilo y se dedicó a posar para un retrato de Thomas Lawrence.[99]

La mayoría de los cuidados diarios de Carlota eran realizados por sir Richard Croft. Croft no era médico, sino partero, algo que estaba muy de moda en aquella época entra la alta sociedad.[103]

Muerte

A las nueve de la noche del 5 de noviembre, Carlota dio a luz a un gran niño que nació muerto. Los esfuerzos para resucitarlo fueron en vano y los observadores nobles confirmaron que era un niño bonito, con parecido a la familia real. Recibieron garantías de que la madre estaba bien y dejaron la habitación. Carlota, exhausta, oyó la noticia con calma y dijo que era la voluntad de Dios. Comió, después de un largo ayuno, y pareció recuperarse bien.[105]

En algún momento alrededor de la medianoche, Carlota empezó a vomitar y a quejarse de dolores de estómago. Llamaron a sir Richard y este se quedó estupefacto cuando notó que su paciente estaba fría y respiraba con dificultad y sangraba. Le puso una compresa caliente, el tratamiento más común en la época con los sangrados posparto, pero la sangría continuó. Llamó a Stockmar y le pidió que llamase a Leopoldo. Stockmar tuvo problemas para despertar a Leopoldo, volvió junto a la princesa, que le cogió de la mano y le dijo: «Estoy mareada». Stockmar abandonó la habitación con intención de despertar al príncipe mientras que Carlota lo llamaba gritándole «¡Stocky! ¡Stocky!». Cuando entró en la habitación, se la encontró muerta.[106]

Reacciones

Carlota representada alegóricamente por George Dawe.

Henry Brougham escribió sobre la reacción del pueblo a la muerte de Carlota: «Es como si todas las casas de Gran Bretaña hubiesen perdido a su hija favorita».[111]

El príncipe regente sintió mucho pesar por la muerte de su hija y no pudo estar presente en su funeral. La princesa Carolina supo de la noticia por correo y se desmayó del shock. Tras recuperarse dijo: «Inglaterra, ese gran país, lo ha perdido todo al perder a mi adorada hija».[115]

El príncipe Leopoldo escribió una carta dirigida a sir Thomas Lawrence:

Dos generaciones perdidas ―¡de una sola vez!— Siento mucho dolor, pero también lo siento por el príncipe regente. Mi Carlota ha desaparecido ―el país la ha perdido—. Ella era buena, una mujer admirable. Nadie podía conocer a Carlota mejor que yo. Era mi estudio y mi deber conocerla, pero también mi deleite.

Príncipe Leopoldo a sir Thomas Lawrence[116]

La princesa fue enterrada, con su hijo a los pies, en la capilla de San Jorge en el castillo de Windsor el 19 de noviembre de 1817. Se irguió un monumento por petición popular en su jardín.[119]

La muerte de Carlota dejó al rey sin nietos legítimos y cuando su hijo menor tenía más de cuarenta años. Los periódicos instaron a los hijos solteros del rey a que se casaran. Uno de estos artículos llegó a las manos del cuarto hijo del rey, el príncipe Eduardo, que en aquel momento vivía en Bruselas con su amante, Julia de St. Laurent. Eduardo dejó a su amante y pidió la mano de la hermana del príncipe Leopoldo, la duquesa viuda de Leiningen.[121]

Other Languages