Carlos Hugo de Borbón-Parma

Carlos Hugo de Borbón-Parma
Duque de San Jaime (1961-2003)
Duque de Madrid (1964-2003)
Gran Maestre de la Orden de la Legitimidad Proscripta (1975-2010)
Duque de Parma (1977-2010)
Carlos Hugo 1968.jpg
Información personal
Nombre secular Carlos Hugo María Sixto Roberto Luis Juan Jorge Benedicto Miguel de Borbón-Parma y Bourbon-Busset
Nacimiento 8 de abril de 1930
París, Francia Bandera de Francia
Fallecimiento 18 de agosto de 2010
(80 años)
Barcelona, España Bandera de España
Entierro Cripta de la Basílica de Santa María de Steccata,
Parma, Italia Bandera de Italia
Predecesor Francisco Javier de Borbón-Parma
Sucesor Carlos Javier de Borbón-Parma
Familia
Casa real Casa de Borbón-Parma
Padre Francisco Javier de
Borbón-Parma
Madre Marie Madeleine de
Bourbon-Busset
Consorte Irene de los Países Bajos
( 1964 - 1981)
Descendencia
Armoiries Bourbon-Parme 1847.svg
Escudo de Carlos Hugo de Borbón-Parma
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Carlos Hugo de Borbón-Parma y Bourbon-Busset ( París, 8 de abril de 1930 - Barcelona, 18 de agosto de 2010) desde 1977 fue Duque de Parma, Guastalla y Plasencia (Carlos IV de Parma). También fue desde 1975 pretendiente carlista al trono español, con el nombre de Carlos Hugo I.

Biografía

Primeros años de vida

Era el segundo hijo, de un total de seis, de Javier de Borbón-Parma y de Marie Madeleine de Bourbon-Busset. Era descendiente directo por línea agnada ininterrumpida de Felipe I de Parma, hijo de Felipe V de España y fundador de la Casa Real y Ducal de Borbón-Parma. También descendía directamente de César Borgia o Borja, hijo del papa Alejandro VI.

La infancia de Carlos Hugo en Francia coincide con los últimos y turbulentos años de la Tercera República Francesa y con la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial, contra la cual lucharía su padre en la Resistencia antifascista hasta su apresamiento por los nazis y posterior internamiento en el campo de concentración de Dachau.

Al finalizar la II Guerra Mundial, Carlos Hugo cursó en Canadá estudios de Derecho, que completó tras su regreso al continente europeo, donde se doctoró por la universidad de la Sorbona (Francia) y en Ciencias Económicas por Oxford (Reino Unido), siendo el primer príncipe español en adquirir una formación completamente universitaria en la que predominarían los conocimientos filosóficos y humanistas sobre los puramente militares lo que posteriormente le sirve para iniciarse en el mundo laboral trabajando en el Deutsche Bank, lo que le permitió conocer de primera mano la política económica que llevaría al llamado “Milagro Alemán”.

En 1956 su padre lo envió a España para reconstruir la organización del carlismo. Realizó numerosos viajes por dicho país, que unas veces eran tolerados por el régimen franquista y otras no, terminando en expulsiones. Para conocer de primera mano la realidad de la clase trabajadora española trabajó durante el verano de 1962 en la mina asturiana de El Sotón bajo el seudónimo de Javier Ipiña (ficha 310 del pozo); desde entonces, sería presentado en muchas ocasiones por la propaganda carlista como el príncipe minero.

En 1962 también fue recibido en audiencia por Francisco Franco en el palacio de El Pardo. El príncipe iba acompañado de Álvaro d'Ors, Cristóbal Ignacio Pérez del Pulgar y Ramón Massó. La entrevista duró tres cuartos de hora.[2]

El 30 de abril de 1965 fue recibido, en compañía de su padre Javier de Borbón-Parma, en la Ciudad del Vaticano por el Papa Pablo VI.

Durante estos años Carlos Hugo conectó con los sectores progresistas del carlismo, agrupados mayoritariamente en torno a la Agrupación de Estudiantes Tradicionalistas (AET) y el Movimiento Obrero Tradicionalista (MOT), relación que no estuvo exenta de fricciones, llegando la AET de Madrid a afirmar en 1967 que rompía con el carlismo por la identificación de sus dirigentes con los elementos antidemocráticos.[4] Sin embargo el proceso no tuvo una aceptación unánime, y de hecho los sectores más conservadores fueron separándose a medida que avanzaba.

La actividad política de Carlos Hugo fue fuente de múltiples tensiones con el régimen franquista. De hecho el 25 de noviembre de 1964 Franco daba personalmente instrucciones explícitas a sus ministros para obstaculizar los viajes de Carlos Hugo por España, ya que según declaró el mismo dictador entonces: «No puedo dejarle a España una guerra de sucesión. Todavía no puedo tomar las últimas decisiones, pero sí debo aclarar las que están concluidas. Este señor no va a ninguna parte...»[5] . Finalmente el 20 de diciembre de 1968 el Gobierno franquista decidió la expulsión colectiva de toda la Familia Borbón-Parma de manera definitiva, acusándoles de ser unos extranjeros que estaban interfiriendo en la política española. La excusa fue la celebración el 15 de diciembre de un acto político en el monasterio de Valvanera. Aquel acto fue presidido de manera conjunta por Javier de Borbón-Parma y su hijo Carlos Hugo, contando con la presencia y adhesión de más de dos centenares de antiguos oficiales de los Tercios de Requetés. En este acto se reconoció a La Rioja como región singular del País Vasco-Navarro en la estructura organizativa territorial del carlismo, se criticó duramente al régimen, y se denunció el paso atrás, respecto a las promesas aperturistas, que significaba el Estatuto Orgánico del Movimiento. La razón que dio el Gobierno al ser interpelado en las Cortes por los cuatro procuradores carlistas por el tercio familiar, elegidos por Navarra y Guipúzcoa, fue que en aquel acto los Borbón-Parma «incurrieron en manifestaciones contrarias al orden público que rozaban facultades potestativas del Poder estatal».

Matrimonio e hijos

El 8 de febrero de 1964 se anunció su compromiso matrimonial con la princesa Irene de los Países Bajos (n. en 1939). Con motivo de esta noticia su padre Don Javier le transmitió el título de Duque de Madrid, utilizado por los reyes carlistas desde Carlos VII. El 29 de abril de 1964 la boda fue celebrada en la capilla Borghese de la basílica de Santa María la Mayor de Roma ( Italia). Según afirma un libro publicado ese mismo año en México, Franco exigió que la boda se celebrase en ese lugar por su condición de canónigo vitalicio de la basílica.[7]

El príncipe Carlos Hugo María Sixto Roberto Luis Juan Jorge Benedicto Miguel de Borbón-Parma y Bourbon-Busset y la princesa Irene Emma Elisabeth de Lippe-Biesterfeld y Orange-Nassau de los Países Bajos tuvieron cuatro hijos:

El matrimonio terminó en divorcio el 26 de mayo de 1981, resuelto por el Tribunal Provincial de Utrecht.[8]

Polémica sobre el nombre

Según afirmó Victoria Kent en 1964, fue bautizado con los nombres de Hugo María Sixto Roberto Luis Juan Jorge Benedicto Miguel[11] Durante los años 1960 hubo cierta campaña desde el diario ABC y otros medios cercanos a Juan de Borbón en la que le negaban tanto su condición de príncipe de la Casa Real española como el nombre de Carlos, refiriéndose a él de manera irónica como el príncipe francés Hugues de Bourbon-Parme.

Dirección política del Partido Carlista

Tras su expulsión de España y la designación de Juan Carlos de Borbón como sucesor de Franco en 1969, Carlos Hugo, junto con sus hermanas y su equipo político en aquellos momentos, iniciaron un proceso en el que pretendían cambiar la doctrina tradicionalista del carlismo por el socialismo autogestionario.[13]

En febrero de 1972, tras sufrir un grave accidente de tráfico, Javier de Borbón-Parma concede plenos poderes a su hijo, Carlos Hugo, para dirigir el Partido Carlista formado a raíz de los llamados «Congresos del pueblo carlista».

Poco después de la formación de la Junta Democrática de España, Santiago Carrillo, secretario general del Partido Comunista de España, estableció cierta relación en París con la familia Borbón-Parma, que recuerda de la siguiente manera en sus Memorias:

«Cumpliendo los acuerdos de la junta establecí en París una relación con don Carlos Hugo, su familia y su entorno político. La reconversión del carlismo a las ideas de la democracia e incluso del socialismo era un fenómeno tan sorprendente que me interesó conocerlo de cerca. El señor Zabala –hoy fallecido– me presentó un día a don Carlos Hugo. Era éste un joven universitario formado en Francia, sin duda muy inteligente, con el que resultaba fácil congeniar. Conocí y tuve largas conversaciones con su familia: su padre, don Javier, su esposa entonces, doña Irene, princesa de Holanda, y su hermana María Teresa. Don Javier era un hombre, ya bastante anciano, que había participado en la resistencia antinazi en Francia y había sido represaliado por los alemanes. Mientras hablaba con él en el apartamento de Carlos Hugo en París me costaba trabajo identificar al hombre que se expresaba como un demócrata con quien cuarenta años antes había sido uno de los organizadores de la sublevación franquista. […] Sin embargo en el movimiento carlista la evolución que representaba don Carlos Hugo chocaba con sectores que seguían anclados en la tradición, como se vio en una de las marchas a Montejurra. Doña Irene, su esposa, era una mujer encantadora, bella e inteligente. Hablando con ella me sorprendía que fuese tan fácil entenderse, un miembro de la casa reinante de Holanda y yo, dirigente de un Partido Comunista. Una vez me dijo una frase que me dio mucho que pensar: que ellos –los carlistas– y nosotros nos parecíamos mucho. Y así como cuando Calvo Serer me había dicho algo parecido, referido al Opus Dei, lo había rechazado, en este caso encontraba cierta analogía: la raíz popular del carlismo, la profundidad de las convicciones que cada uno profesábamos, la sinceridad de nuestro comportamiento. Al lado de eso, la nueva versión del carlismo encarnada en don Carlos Hugo no era en absoluto lejana a nuestras propias convicciones. Mis conversaciones con María Teresa, hermana de don Carlos Hugo, confirmaban la misma impresión. Yo nunca llegué a ver a don Carlos Hugo como un pretendiente al trono de España sino como el posible líder de un partido cuyo futuro me parecía incierto».[14]

El 8 de abril de 1975, al abdicar su padre a los derechos a la Corona española, se convirtió en el pretendiente carlista al trono, además de ocupar la presidencia del Partido Carlista. La abdicación de Don Javier, en quien todavía confiaban los sectores tradicionalistas del carlismo javierista para restaurar la "pureza doctrinal", provocó la separación definitiva de estos. Don Sixto se negó a guardar lealtad a su hermano Don Carlos Hugo e inició una serie de contactos con los tradicionalistas españoles opuestos a la línea carlohuguista, a quienes estaba dispuesto a liderar como abanderado de la Comunión Tradicionalista, escribiendo a su hermano:

«Hoy, después de la forzada abdicación de nuestro Padre, me obligas, con el documento que acabo de recibir, a definirme públicamente y tomar la firme decisión de mantener en alto la bandera de la Comunión Tradicionalista-Carlista que tú has abandonado; y ello por lealtad al pueblo Carlista, al cual nos debemos, y por fidelidad a los grandes principios de nuestra Causa que son inalterables, sin pretender con ello arrogarme derechos que no me corresponden».[15]

El 3 de octubre de 1976, Carlos Hugo manifestaría desde Portugal, en relación al papel de la reivindicación monárquica en la agenda política del Partido Carlista en esos momentos, que:

«No hay problema dinástico. Solamente lo habría si dos dinastías compitieran por el mismo trono. Mis metas, las de mi familia no son las de ocupar la jefatura de un Estado, a nuestro juicio autoritario, no democrático e históricamente superado. Nuestras metas son realizar una sociedad nueva, socialista y pluralista. En cuanto a la Monarquía lo plantearemos o no lo plantearemos, según veamos que en ese momento es útil o no al progreso histórico de la sociedad que creemos deseable para España. El problema de la Monarquía no lo planteamos como una condición "a priori", sino como un posible complemento o superestructura de un planteamiento histórico revolucionario, que es la realización de una sociedad socialista y de autogestión. Ni yo ni mi familia renunciamos, por ello, a ninguno de los derechos que nos corresponden».[16]

En marzo de 1976 intentó entrar en España pero las autoridades no lo autorizaron y no pudo salir del Aeropuerto de Madrid-Barajas. Regresó de forma clandestina a territorio español para presidir los actos de Montejurra, en Navarra, tradicional festividad del carlismo. Este día acabó con la muerte de dos partidarios de Carlos Hugo cuando algunos grupos de carlistas tradicionalistas trataban de «reconquistar Montejurra» acompañados de ultraderechistas españoles, italianos, alemanes y argentinos. Pudo regresar definitivamente a España a finales de 1977. El 7 de marzo de 1978, Juan Carlos I lo recibió por primera vez en audiencia en el Palacio de la Zarzuela. En 1979 se le otorgó la nacionalidad española. En las elecciones generales de marzo de 1979 encabezó la candidatura del Partido Carlista en Navarra, obteniendo el 7,7% de los votos (unos 19.522 votos) pero sin conseguir representación parlamentaria. Tras el fracaso electoral, el 24 de noviembre de 1979 renunció a la presidencia del partido, y el 28 de abril de 1980 terminó su militancia, desvinculándose de la actividad política.

Últimos años

El 1 de noviembre de 1980 marchó a Estados Unidos, donde ejerció como profesor e investigador en la Universidad de Harvard, en Boston. En 1999 se trasladó a vivir a Bruselas.

La única formación política a la que Carlos Hugo de Borbón-Parma siempre reconoció como carlista y legítima continuadora del carlismo histórico fue al Partido Carlista. Las actuales organizaciones Comunión Tradicionalista (CT) y Comunión Tradicionalista Carlista (CTC) que también se declararan herederas del movimiento carlista nunca reconocieron a Carlos Hugo de Borbón-Parma como Titular dinástico ni por su parte él les reconoció ninguna legitimidad política. Participaba de manera habitual en actos de carácter cultural relacionados con el Ducado de Parma o con el legitimismo carlista, por su condición de jefe de la Casa de Borbón-Parma así como de Titular de la Dinastía carlista. Reiteró en muchas oportunidades que no había renunciado ni por él ni por sus sucesores a ninguno de los derechos que, según sus seguidores, legítimamente le correspondían.

El 2 de septiembre de 1996 presidió un acto desarrollado en la Basílica de Santa María de la Stecatta, de Parma, lugar donde se encuentran enterrados los antiguos Duques reinantes de Parma. En aquel evento restauró las históricas Órdenes dinásticas de su Casa, y transfirió diversos títulos vinculados al Ducado a sus cuatros hijos: Príncipe de Piacenza, a Carlos Javier; Condesa de Colorno, a Margarita; Conde de Bardi, a Jaime; y Marquesa de Sala, a Carolina.[17]

En 1999 reactivó la antigua Orden de la Legitimidad Proscrita, realizándose tres actos públicos de reunión con antiguos militantes carlistas el 30 de mayo en Villarreal (Región Valenciana), el 5 de junio en Roa (Burgos), y al día siguiente en el Castillo de Javier (Navarra). Igualmente la dotó de unos estatutos, que nunca había tenido hasta entonces, y modificó su denominación pasando a ser Real Orden de la Legitimidad Proscripta (ROLP).

En 28 de septiembre de 2003 en un acto[18] celebrado en el restaurante Euskalduna de Arbonne ( Iparralde), Carlos Hugo pasó el testigo político de la legitimidad carlista a sus hijos. Con este motivo confirió los tradicionales títulos de señalamiento de Duque de Madrid y Duque de San Jaime a don Carlos Javier y don Jaime, mientras que otorgaba el de Duquesa de Guernica a doña Carolina, y se reservaba el de conde de Montemolín. En este acto, además de imponer tres nuevas medallas de la Legitimidad Proscripta, Carlos Hugo también criticó el modelo territorial del Estado español ya que «las autonomías se han construido a partir del Estado y no el Estado a partir de las autonomías (...) Llámese como se le quiera llamar, hay que construir una comunidad de comunidades como se ha hecho en los países que ya tienen un sistema federal».

En 2004 publicó el libro Algunas reflexiones sobre el socialismo del siglo XXI con la Biblioteca Popular Carlista (perteneciente al entorno del Partido Carlista).

En marzo de 2010 acudió a la inauguración del Museo de Historia del Carlismo en Estella ( Navarra), mostrando su descontento por el carácter parcial y folclórico de ese museo, haciendo constar que: «En el Museo echo en falta la visión del aspecto ideológico del carlismo, en cuanto a movimiento de sucesión y a movimiento político».[19]

Fallecimiento

Murió a los 80 años en Barcelona rodeado de su familia el 18 de agosto de 2010 a causa de un cáncer de próstata.[22] que es la sede de la Sagrada Orden Militar Constantiniana de San Jorge.

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