Carajo

Grafiti en una pared de Lisboa
"Dicen que no me quieres, vete al carajo" (Ay piconera con su picón), canción tradicional recogida en Quintanilla de la Cueza ( provincia de Palencia, España) en 1989, parte de la colección etnomusical de la Fundación Joaquín Díaz

Carajo es un término del castellano usado para designar el miembro viril. El término tiene equivalentes en el portugués caralho, en el gallego carallo, en el catalán carall y en el asturleonés carayu, siendo exclusivo de las lenguas romances de la península ibérica, no encontrándose en ninguna otra, ni siquiera en el vasco.[1]

Se documenta el uso del término desde al menos el siglo X, apareciendo regularmente en las cantigas de escarnio y maldecir de la poesía trovadoresca medieval, con registros también en alguna documentación, además de varios usos antroponímicos y en la toponimia de la península ibérica, en particular de  Cataluña, donde destacan los varios carall bernat.

Este uso del término como nombre propio para describir el miembro viril, presente inclusive en la documentación oficial, termina con la Contrarreforma, pasando entonces a ser considerado como obsceno e impropio, conotación que mantiene hasta la actualidad. No obstante, el término mantuvo una increíble vitalidad en las lenguas romances ibéricas, siendo usado actualmente con decenas de sentidos diferentes y como medio de expresar las más diversas emociones, como extrañeza, emoción, alabanza o amenaza, aunque en algunas regiones haya perdido su sentido original de miembro viril.

El carajo tiene presencia en la poesía y literatura modernas, especialmente como disfemismo y elemento provocador, y a veces como erótico, habiendo entrado en el panteón de la mitología brasileña como el caralho-de-asas (carajo con alas), que inspiró un personaje de cómic, el passaralho.

Etimología

Carajo es voz afín en todas las lenguas románicas hispánicas, por lo que el filólogo y romanista Joan Coromines le supone un origen prerromano,[3]

El romanista e  hispanista austríaco Leo Spitzer propuso el étimo latino-vulgar no documentado *caraculum, que sería un diminutivo de charax (καραξ), significando estaca. Este término divide la misma raíz etimológica de carácter, del griego charácter, que en el original en latín significaba hierro para marcar ganado. Lo mismo afirma José Pedro Machado en su Dicionário Etimológico da Lingua Portuguesa (1967), dando como origen para el término el dicho caraculum, del griego charax, significando estaca, guía para viña.

En oposición a estas hipótesis, el etimologista Christian Schmitt postula la derivación a partir de un étimo griego καρυον ("nuez"), a través del latín caryon y de un derivado carálium.[3]

La Real Academia Española considera carajo como de origen incierto.[5]

Álvaro Galmés de Fuentes propone como origen etimológico de los carall-bernat catalanes[1]

Mujer tocando un tipo de chirimía o caramillo, grabado alemán del siglo XVI

El lingüista gallego Rafael Chacón Calvar propone como mejor hipótesis la raíz indoeuropea cara-, que no solo está en el origen de carácter y caraculum, como de otras palabras que por su significado le están asociadas, como carámbano, “pedazo de hielo más o menos ancho y puntiagudo”, o el castellano, portugués y gallego caramelo, que en el origen significaba lo mismo que carámbano. También en el castellano caramillo, del latín calamellus, “flautiña de caña o madera de sonido muy agudo”, y otras como garabato, de origen prerromano según la Real Academia Española, y que significa “palo de madera dura formando un gancho en su extremo”, como el carrall bernat catalán, y que pasó al portugués como garavato “palo unido a un gancho” y graveto, "fragmento de rama de árbol". Con el mismo sentido existen los vocáblos gallegos garabato y garabullo o garaballo, significando “palo delgado y pequeño usado sobre todo para hacer llama”. El Diccionario de la lengua española da a garabito el significando de "gancho", "garabato", que también significa en algunas zonas castellanas “una especie de gancho con un agujero en la punta que servía para pasar un cordel y así poder atar las cargas de hierba o asfódelos”.[1]

En la raíz cara- persiste la idea de palo con forma más o menos de gancho, lo que puede indicar que carajo, caralho, carallo o carall serían eufemismos para designar metaforicamente al pene a partir de la idea de palo o gancho, el cual se torna rígido al ser estimulado. Rafael Chacón señala que todas las designaciones para el miembro viril parecen ser figurativas y metafóricas, como si hubiera un tabú en torno a la cosa en sí misma, pero no a los términos usados para mencionarla, por lo que tal vez nunca sea posible saber cuál es el nombre original o propio de ese miembro. El propio término pene, generalmente visto como la designación culta o científica del carajo, en su original en latín no significaba más que el "rabo o cola de los cuadrúpedos".[1]

Pese a la variedad de etimologías propuestas,[11]

Other Languages
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português: Caralho