Capitalismo de Estado

Capitalismo de Estado es una expresión con múltiples significados utilizada por diversas corrientes de pensamiento para referirse a determinados modelos económicos de mercado en los cuales el Estado y las empresas públicas desempeñan un papel muy importante en la economía, dentro de un marco social y económico capitalista.

El marxista Raymond Williams define al "capitalismo de Estado" como un sistema económico en el cual el Estado lleva a cabo actividad económica comercial, con administración y organización de los medios de producción de manera capitalista, incluyendo el sistema de mano de obra asalariada y administración centralizada, actuando como una empresa más.[3]

Otra definición de "capitalismo de Estado" es sostenida por corrientes económicas no marxistas. La revista británica The Economist en el número de enero de 2012 íntegramente dedicado al capitalismo de Estado (state capitalism) analizó este sistema mediante varios artículos dedicados a tratar los casos de países como China, Brasil, Rusia, Argelia, Egipto y Sudáfrica.[6]

Hay varias teorías y críticas del capitalismo de Estado, algunas de las cuales han existido desde incluso antes de la Revolución de Octubre. Los temas comunes entre ellas son identificar que los obreros no controlan significativamente los medios de producción y que las relaciones mercantiles y de producción para la ganancia se siguen produciendo en el capitalismo de Estado. Lenin describió la economía de Rusia como capitalismo de Estado.

La literatura marxista normalmente define el capitalismo de Estado como un sistema social combinando el capitalismo —el sistema asalariado de producir y apropiarse de la plusvalía— con la propiedad o el control por el Estado. Con esa definición, un país capitalista de Estado es uno en el que el gobierno controla la economía y actúa como una gran corporación, extrayendo la plusvalía para invertirla en producción futura.[8]

Utilización por el socialismo marxista

Por el estalinismo y el trotskismo

El capitalismo de Estado es una forma de definir el sistema político y económico que se dio en la Unión Soviética después de lo que los trotskystas llaman " Termidor", suceso en el que se forma de manera violenta una burocracia que anula e impide la actuación social y política de los obreros, y que aconteció durante el ascenso al poder por parte de Iósif Stalin. Este sistema prevaleció hasta su desaparición en 1991, considerada como una respuesta a los ciudadanos para lograr mantener a flote un sistema de economía cerrado, en el cual el único que puede tener injerencia sobre el manejo de los medios de producción es el propio Estado. El socialismo debía ser sólo una fase necesaria pero temporal en la evolución hacia el comunismo, cuando la transferencia de la propiedad de los medios de producción pasara de la dictadura del Estado obrero (dirigido por comunas o soviets, gobiernos pluralistas compuestos por obreros quienes dirigen al Estado en la represión de la burguesía) por entero a las manos de la clase obrera o proletariado sin necesidad de coerción política contra los enemigos de clase, acabando así con la función del Estado según la doctrina marxista-leninista.

A su vez el trotskismo consideró al capitalismo de Estado como una degeneración creada por el estalinismo de la dictadura del proletariado.

A partir de esta concepción del capitalismo de Estado se logró mantener a flote la economía socialista, aunque el problema que causó este sistema económico fue su poca ductibilidad y la excesiva burocracia, lo cual a su vez produjo un desabastecimiento de los productos básicos para el bienestar del pueblo.

Este sistema cae hacia el año de 1990 cuando la Unión Soviética se colapsa en toda su estructura; militar, política, económica y social dejando de lado este tipo de organización de la economía.

Por la izquierda radical no-leninista

Numerosas corrientes[9] de la izquierda marxista o comunista niegan que el estado soviético haya constituido alguna vez una verdadera dictadura del proletariado, y critican al trotskismo sosteniendo que en realidad no fue una deformación de un estado obrero: es el mismo estado obrero el que no habría existido. Independientemente de si reivindiquen o no la Revolución rusa y sus protagonistas, estas corrientes utilizan el término capitalismo de Estado para señalar que la propiedad estatal totalitaria de los medios de producción no soluciona, o no necesariamente, la separación del productor de los medios de producción, y no trasciende las relaciones sociales capitalistas, sobre todo la explotación moderna.

Estas corrientes coinciden en señalar que, en la Rusia soviética (y en China), no existía una burguesía que estuviera apropiándose de la plusvalía, como en Occidente. En cambio, fue la misma burocracia del Partido Comunista la que asumió objetivamente el rol de clase explotadora. Estas corrientes critican la idea de que la propiedad estatal de los medios de producción sea sinónimo de socialismo, ya que el control real de la producción por los trabajadores, objetivo central de la dictadura del proletariado, puede seguir siendo impedido, total o relativamente, por un Estado que los centralice con el propósito de explotar a los trabajadores, aunque diga representarlos.

El marxismo no-leninista afirma que los medios de producción en los regímenes burocráticos fueron puestos por el Estado en funcionamiento como medios de explotación, es decir, como capital. También utilizan el término para hablar de los casos de Estado de bienestar en Occidente. La producción capitalista por parte del Estado no sería la inclinación inherente del capitalismo, sino más bien una particularidad histórica. En ese sentido, Guy Debord sostiene que la burocracia totalitaria es "la continuación del poder de la economía, el salvamiento de lo esencial de la sociedad mercantil mediante el mantenimiento del trabajo-mercancía. [...] La burocracia totalitaria [es] una clase dominante de sustitución para la economía mercantil",[10] y obstaculizaría relativamente la acumulación, por lo que a largo plazo no sería capaz de competir contra las economías occidentales; eso explicaría en gran parte el enfriamiento crónico de la economía del segundo mundo a partir de fines de la década de los 60. En caso de que se combinara con una propiedad privada del capital, el capitalismo de Estado significaría probablemente un obstáculo a la ganancia privada, y explicaría la tendencia al rechazo de tal propiedad por parte de la burguesía propiamente dicha.

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