Campos de concentración franquistas

En la España franquista funcionaron varios campos de concentración entre 1936 y 1947, algunos con carácter estable y otros muchos provisionales. Todos ellos estaban coordinados por el llamado Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas (SCPM) y formaban parte de los instrumentos de la represión franquista.

Terminaban en estos campos de concentración desde ex-combatientes republicanos del Ejército Popular, las Fuerzas aéreas y la Marina de guerra, hasta disidentes políticos, homosexuales y presos comunes. Al igual que en otros muchos campos de concentración, los prisioneros estaban jerarquizados de tal modo que presos comunes violentos (por tanto sin motivaciones políticas o ideológicas) estaban en un escalón superior a la mayoría de los allí encerrados, trabajando de vigilantes de estos últimos. Los campos se caracterizaron por la explotación laboral de los prisioneros, organizados en batallones de trabajadores.

Historia

Según Javier Rodrigo (2006), cerca de medio millón de prisioneros pasaron por los campos de concentración entre 1936 y 1942. El primer campo de concentración fue creado por Francisco Franco poco después del comienzo de la guerra civil, el 20 de julio de 1936, y estuvo localizado en el castillo del monte Hacho de Ceuta.[1]

Algunos historiadores han señalado a funcionarios nazis de la Gestapo como los organizadores de la red de campos de concentración franquistas, y que en buena medida se inspiraron en los campos de concentración de la propia Alemania nazi para el diseño de los españoles.[3]

En 1938 los campos de concentración franquistas albergaban a más de 170.000 prisioneros.[8]

En 1946, diez años después del comienzo de la Guerra civil, todavía estaban operativos 137 campos de trabajo y 3 campos de concentración, en los que estaban acogidos 30.000 prisioneros políticos.[10]

Deportación de exiliados a campos nazis

Aparte de los campos de concentración en España, se afirma que en el exilio de republicanos a Francia cerca de 10.000 españoles acabaron en campos de concentración nazis, sin que el ministro de exteriores de Franco, Ramón Serrano Súñer, hiciera nada por salvarlos. Existe documentación escrita por la que los alemanes consultaban qué hacer con los "dos mil rojos españoles de Angulema". Los pocos que se salvaron no pudieron regresar a España.

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