Camino de servidumbre

Camino de servidumbre
de  Friedrich Hayek Ver y modificar los datos en Wikidata
Género Literatura de no ficción Ver y modificar los datos en Wikidata
Tema(s) Política
Idioma Inglés Ver y modificar los datos en Wikidata
Título original The road to serfdom Ver y modificar los datos en Wikidata
Editorial
País Reino Unido
Fecha de publicación 1944 Ver y modificar los datos en Wikidata
ISBN 0-226-32061-8 Ver y modificar los datos en Wikidata
OCLC 30733740 y 247859798 Ver y modificar los datos en Wikidata
Serie
La teoría pura del capital Camino de servidumbre Individualismo y orden económico
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Camino de servidumbre (título original The Road to Serfdom) es un libro escrito por Friedrich Hayek,[1] Premio Nobel de Economía.

Publicado por primera vez por Routledge Press en marzo de 1944 en el Reino Unido, y en septiembre del mismo año por la Universidad de Chicago en EE. UU. En abril de 1945, Reader's Digest publicó una versión ligeramente abreviada del libro, que llegó a alcanzar una difusión de 600 000 lectores. Alrededor de 1950 se publicó en Look Magazine una versión ilustrada, posteriormente convertida en folleto por General Motors.

El libro ha sido traducido a unos 20 idiomas, y está dedicado «a los socialistas de todos los partidos». La introducción a la edición de su 50º aniversario fue escrita por Milton Friedman, también galardonado con el premio Nobel y adversario monetarista de Hayek. Camino de servidumbre es una de las manifestaciones más populares e influyentes de la Escuela austríaca en el liberalismo.

Tesis y argumentos principales

La tesis central es que «socialismo» y «totalitarismo» son esencialmente lo mismo, dos retoños del colectivismo y este, a su vez, un modelo de organización incompatible con la libertad humana. Para Hayek toda planificación económica, por leve que sea, se basa en la creación de un supuesto bien común o nacional que se constituye en objetivo general. Así pues, la planificación económica conduce necesariamente hacia el totalitarismo y a la pérdida de las libertades individuales. En el libro, usa tanto a la Unión Soviética como a la Alemania nazi, como ejemplos de países que han recorrido el «camino a la servidumbre» y llegado a esa situación. En sus palabras:

Cualquier política dirigida directamente a un ideal de justicia distributiva, es decir, a lo que alguien entienda como una distribución «más justa», tiene necesariamente que conducir a la destrucción del imperio de la ley porque, para poder producir el mismo resultado en personas diferentes, sería necesario tratarlas de forma diferente. Y ¿cómo podría haber entonces leyes generales?[2]

Von Hayek argumenta que en una economía planificada no puede ser ni el pueblo ni sus representantes (el parlamento) los que lleven a cabo la planificación, localización, y distribución, tanto de recursos como de bienes producidos, sino que esa tarea recae sobre un grupo pequeño de «planificadores» (técnicos o economistas), grupo que, bienintencionado o no, será incapaz de obtener y procesar toda la información necesaria para llevar a cabo la tarea como se espera o en forma eficiente (consultar debate sobre el cálculo económico en el socialismo).

Continua von Hayek argumentando que desacuerdos acerca de los diferentes planes posibles, combinado con esa ineficiencia de los planificadores en el manejo de los recursos económicos disponibles, llevará inevitablemente al uso de la coerción a fin de obtener los fines deseados. Fallas en ese sentido serán percibidas, tanto por los planificadores como por el público, como resultado de una falta de poder por parte del Estado para poder implementar una buena idea. Esa percepción llevaría al público a elegir a quienes proponen más poder para el estado. Lo mismo sucedería entre los planificadores, terminando con la llegada al poder de un «hombre fuerte», percibido como capaz de hacer lo que se necesita. Una vez completado lo anterior, el país inevitablemente termina en una dictadura.

Para von Hayek, el «camino a la servidumbre», inadvertidamente comenzado por los que buscan «justicia social», con su control y subsecuente desmantelamiento del mercado libre, termina con la destrucción de toda libertad económica y personal.

Von Hayek afirma que varias naciones democráticas están siguiendo el mismo camino que la Alemania nazi o la Rusia comunista:[3] buscando una utópica justicia social y basándose en el principio de que el fin justifica los medios, principio que él observa en "la ética individual se considera la negación de toda moralidad; en la ética colectivista llega a ser, de necesidad, la regla suprema".

Sin embargo, como el propio Hayek afirma «es importante no confundir la oposición contra este tipo de planificación, con una actitud dogmática a favor del laissez faire»; tal oposición debe ser, en su opinión, dentro de un marco estricto: «Obviamente, el funcionamiento de la competencia requiere, y depende, de condiciones que nunca pueden ser totalmente garantizadas por la empresa privada. La intervención estatal siempre es necesaria, pero la planificación y la competencia sólo pueden combinarse cuando se planifica para la competencia, no en contra de ella».[4]

Hayek ofrece la siguiente observación, que podría haber servido de conclusión a su obra: «En el pasado, ha sido la sumisión a las fuerzas impersonales del mercado lo que ha hecho posible el desarrollo de la civilización. Es esta sumisión lo que nos permite a todos construir algo que es mayor que lo que cada uno de nosotros pudiera construir. Se equivocan terriblemente los que creen que podemos ayudar a dominar las fuerzas de la sociedad de la misma forma que hemos aprendido a dominar las fuerzas de la naturaleza. Esto no sólo es el camino hacia el totalitarismo sino también el camino hacia la destrucción de nuestra civilización y, ciertamente, la mejor manera de bloquear el progreso».[5]

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