Calvin y Hobbes

Calvin y Hobbes
Publicación
Formato Tira de prensa
Comic book
Primera edición 18 de noviembre de 1985
Última edición 31 de diciembre de 1995
Editorial Andrews McMeel Publishing
Periodicidad Diaria
Contenido
Personajes principales Calvin
Hobbes
Susie Derkins
Dirección artística
Creador(es) Bill Watterson
Sitio web
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Calvin y Hobbes es una tira cómica escrita y dibujada por Bill Watterson que relata, en clave de humor, las peripecias de Calvin, un imaginativo niño de 6 años, y Hobbes, su enérgico y sarcástico, aunque algo pomposo, tigre de peluche, al cual Calvin cree real.

La pareja recibe sus nombres de Juan Calvino, reformista francés del siglo XVI, y de Thomas Hobbes, filósofo inglés del siglo XVII.[2] lo cual la convierte en un referente de la cultura popular incluso en la actualidad.

Bajo su aparente sencillez, se encuentra una de las tiras cómicas más complejas de finales del siglo XX. A pesar de que bebe en parte de las fantasías de Little Nemo in Slumberland de Winsor McCay,[3]

La historia está vagamente situada en un típico suburbio del actual Medio Oeste estadounidense, lugar probablemente inspirado en la casa natal de Waterson en Chagrin Falls, Ohio. Calvin y Hobbes aparecen en la inmensa mayoría de tiras, mientras que la presencia del resto de la familia de Calvin es bastante más reducida. Los temas más recurrentes de la tira son las fantasías imaginadas por Calvin (en las que se evade del mundo real), su amistad con Hobbes, sus travesuras, sus puntos de vista sobre temas políticos y culturales, y la interacción con sus padres, compañeros de colegio, profesores, y otros miembros de la sociedad. Un motivo muy recurrente es la naturaleza dual de Hobbes, ya que Calvin lo ve como a un ser vivo mientras que el resto de personajes le ven como un muñeco de peluche. Sin embargo, la tira no menciona a ninguna figura política específica (como por ejemplo sí lo hace Garry Trudeau en Doonesbury, que toca temas como el ambientalismo o las encuestas de opinión).[4] Algunas de las tiras de Calvin comienzan anunciando «los resultados de la encuesta entre niños de seis años» a su padre, como si su posición en la familia fuera un cargo electo.

Debido a las profundas convicciones anti-comerciales de Watterson,[7] Sin embargo, la gran popularidad de la tira ha motivado la aparición de muchos productos no autorizados (camisetas, llaveros, etc) con los motivos de Calvin y Hobbes, a menudo incluyendo un lenguaje obsceno muy alejado de lo que representan los personajes originales.

Historia

Calvin y Hobbes nacieron cuando Watterson, cuyo trabajo como publicista detestaba,[5]

La primera tira apareció el 18 de noviembre de 1985, y pronto se convirtió en un éxito. Al cabo de un año ya se publicaba en unos 250 periódicos, y en abril de 1987, sólo 16 meses después de su inicio, mereció un artículo en Los Angeles Times.[11]

Watterson se tomaría dos largos descansos en los que no dibujó nuevas tiras, el primero desde mayo de 1991 hasta febrero de 1992, y el segundo de abril a diciembre de 1994. En 1995 Watterson envió una carta a la editorial y a todos los periódicos que publicaban sus tiras. La carta fue publicada el 9 de noviembre:

Querido editor: Dejaré de dibujar Calvin y Hobbes a finales de año. Ésta no ha sido una decisión impulsiva ni fácil de tomar, y lo hago con algo de tristeza. Sin embargo, mis intereses personales han cambiado, y creo que he hecho lo que he podido dentro de los límites de las fechas de entrega y el tamaño de las viñetas. Estoy ansioso por trabajar a un ritmo más meditativo, con pocos compromisos artísticos. Aún no me he decidido por proyectos de futuro, pero mi vínculo con la Universal Press Syndicate continuará. El que tantos diarios hayan publicado a Calvin y Hobbes es algo que siempre me honrará, y estoy muy agradecido por su apoyo e indulgencia a lo largo de la pasada década. Dibujar esta tira cómica ha sido un privilegio y un placer, y agradezco que me hayan dado la oportunidad. "Sinceramente, Bill Watterson".

La tira número 3160 sería la última de Calvin y Hobbes, y apareció el domingo 31 de diciembre de 1995.[13]

La relación entre Watterson y la editorial

Desde el principio Watterson tuvo problemas con la editorial, que le impulsó a desarrollar el merchandising de los personajes y a recorrer el país para promocionar los primeros libros recopilatorios de las tiras, a lo que Watterson se negó. Para el autor, la integridad de la tira y del artista quedaba minada con la comercialización, a la que veía como la influencia más negativa dentro del mundo de la historieta.[14]

Watterson se sintió aún más frustrado con la desaparición gradual de espacio para las tiras cómicas en los periódicos. Lamentó que apenas hubiera espacio para el texto y el diseño esencial, que estaban transformando la historieta en una forma de arte diluida, insulsa y poco original.[16]

Durante el primer periodo de descanso de Watterson, la editorial seguía cobrando a los periódicos el mismo precio por publicar reposiciones de antiguas tiras cómicas de los personajes. Muchos editores no estuvieron de acuerdo, pero no tuvieron más remedio que aceptar, ante el temor de que bajaran las ventas si excluían a Calvin, dada la gran popularidad del personaje.

A la vuelta de su descanso, la Universal Press anunció que Watterson había decidido que sólo vendería su tira dominical si se le permitía ocupar la mitad de una página del periódico, sin posibilidad de dividirla. Esta decisión fue criticada por muchos editores y algunos dibujantes, como Bil Keane (The Family Circus), que veían a Watterson como un autor arrogante y reacio a seguir las normas establecidas de la industria de la historieta;[17] críticas que Watterson ignoró.

Watterson llegó a un acuerdo con la editorial y consiguió más libertad creativa para las tiras dominicales. Antes del acuerdo tenía un número determinado de viñetas, con poca libertad en cuanto a la disposición (la anchura de las viñetas variaba según el periódico en que se publicaban); después del acuerdo podía usar la disposición gráfica que se le antojara, a menudo muy poco ortodoxa. Su frustración con la disposición estándar antes del acuerdo es evidente en algunas antiguas tiras; por ejemplo, una tira publicada en 1988 estaba encuadrada en una gran viñeta, pero la acción y los diálogos estaban situados en la parte inferior, con lo que cualquier editor podía recortar la parte superior si necesitaba ubicar la tira en un espacio más pequeño. Así explica Watterson el cambio:

Ejemplo de disposición de viñetas para usar como media página de un periódico.

Me tomé un descanso después de resolver una larga y agotadora lucha para impedir el merchandising de Calvin y Hobbes. Buscando una manera de reavivar mi entusiasmo por los nuevos términos contractuales, propuse un nuevo diseño para las tiras dominicales que me permitiera mayor flexibilidad. Para mi sorpresa, Universal me ofreció la posibilidad de dibujar tiras de media página indivisible (mucho más de lo que me habría permitido reclamar), a pesar del esperado rechazo de los editores.
La editorial me aseguró que algunos editores estaban encantados con el nuevo formato, que apreciaban la diferencia, y estaban contentos con tiras de ese tamaño; pero es justo decir que ésa no era la reacción más frecuente. Me previnieron ante las más que previsibles cancelaciones de la tira dominical, pero después de unas pocas semanas de confrontaciones con airados editores, la editorial sugirió que los periódicos podrían reducir la tira al tamaño de los tabloides, que tenían las hojas más pequeñas.... Me quedé con la parte positiva: tendría una completa libertad creativa y virtualmente no habría cancelaciones.
Los aullidos de ultrajados editores me han convencido de que la tira dominical más grande mejoraba estéticamente las tiras de los periódicos, e hizo que fueran más divertidas para los lectores. Las tiras cómicas son un medio visual. Una tira con mucho dibujo puede ser apasionante y aportar algo de variedad. Estoy orgulloso de haber sido capaz de dibujar una tira grande, pero no creo que eso pueda suceder otra vez en un futuro cercano. En el negocio de la prensa el espacio cuesta dinero, y sospecho que la mayor parte de editores creen que la diferencia no compensa los costes. Desgraciadamente es el pez que se muerde la cola: ya que no hay espacio para mejoras gráficas, las tiras no son más que simples dibujos y si son simples dibujos, ¿para qué necesitan más espacio?.[18]

Calvin y Hobbes conservaron su gran popularidad a pesar de los cambios, y Watterson pudo seguir perfeccionando su estilo y técnica en las tiras dominicales sin el temor de perder compradores.

Objetos promocionales

Bill Watterson es famoso por su insistencia en que las tiras cómicas deben permanecer únicamente como una forma de arte, y su resistencia a usar a Calvin y Hobbes en cualquier tipo de operación de mercadotecnia, a pesar de que le hubiera generado millones de dólares en ingresos adicionales.[10] Así lo explicaba en un comunicado de prensa en 2005:

En realidad, cuando empecé a dibujar la tira no estaba en contra del merchandising. Pero luego reflexioné y me di cuenta de que cada producto podía violar el espíritu de la tira, contradecir su mensaje y llevarse algo del trabajo que yo amaba. Si la editorial me lo hubiera exigido, tomar la decisión apenas me hubiera llevado treinta segundos de mi vida.[19]

Watterson llegó a plantearse la idea de crear una versión animada de Calvin y Hobbes, y expresó su admiración por esa forma de arte. En una entrevista en The Comics Journal, en 1989, declaró:

Si miramos viejas películas de Tex Avery y Chuck Jones, podemos ver cosas que un simple dibujo sobre el papel no puede mostrar. Los animadores pueden jugar con la distorsión y la exageración... porque el animador puede controlar lo que ves y cuánto tiempo lo ves. Los movimientos apenas tienen tiempo para mostrarse y el espectador no es consciente del increíble desenfreno del que ha sido testigo.
En una tira cómica sólo puedes mostrar los momentos claves de la acción, pero no el antes y el después, a no ser que quieras que la tira dé la sensación de estar viendo una película fotograma a fotograma, con lo que seguramente perderías el efecto que intentabas conseguir. En una tira cómica puedes sugerir sensación de movimiento o de tiempo, pero de una manera mucho más simple que la que puede conseguir un animador. Tengo un gran respeto por la buena animación.[14]

A raíz de estas inquietudes, le preguntaron si no le asustaba un poco el pensar qué voz tendría Calvin. Watterson respondió que estaba «muy asustado». Aunque le interesaban las posibilidades visuales de la animación, se sentía incómodo con la idea de seleccionar las voces de sus personajes. Tampoco le atraía la idea de trabajar con un equipo de animación para desarrollar un trabajo que siempre había hecho en solitario. Finalmente nunca hubo serie animada de Calvin y Hobbes. Watterson escribiría en el recopilatorio sobre el décimo aniversario de Calvin (Calvin and Hobbes Tenth Anniversary Book), que estaba orgulloso de que su tira fuera un producto "totalmente personal" y que cada dibujo y cada línea de diálogo fueran obra suya.[20]

Exceptuando los álbumes recopilatorios, dos calendarios de 16 meses ( 1988- 1989 y 1989- 1990), el libro Aprendiendo con Calvin y Hobbes (Teaching with Calvin and Hobbes)[19] Se fabricaron algunos objetos legítimos excepcionales, regalados para vender la tira a los periódicos, pero nunca fueron puestos a la venta.

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