Café Gijón

Fachada de madera del Café Gijón con su entrada.

El Café Gijón (denominado también Gran Café de Gijón) es un café de importancia cultural situado en el bulevar principal del madrileño Paseo de Recoletos n.º 21. El café está frente a una estación de ferrocarril del mismo nombre (Recoletos) y a la Biblioteca Nacional de España (BNE). La terraza de enfrente se encuentra en el pasillo central del Paseo.

Fue fundado el 15 de mayo del año 1888 por un asturiano afincado en la capital llamado Gumersindo Gómez[3]

En el local se celebra cada año el premio literario que lleva su nombre. Al cumplir su centenario a finales del siglo XX queda como testigo de una época de florecimiento de cafés de tertulia en Madrid. Se trata de uno de los pocos cafés de tertulia sobrevivientes en el Madrid de comienzos del siglo XXI.

Historia del Café

El Café nació cuando el asturiano originario de Gijón Gumersindo Gómez adquirió el local ubicado en el paseo de Recoletos, número 21.[6]

Los inicios

En ese período de finales del siglo XIX estaban en su apogeo los cerca de catorce cafés de la Puerta del Sol.[2] El éxito del negocio en los primeros años era precisamente que Recoletos era un lugar de paseo habitual en verano. El café atraía a los viandantes casuales y se consumían horchatas, un agua de cebada o de limón, una zarzaparrilla o cualquier refresco al uso de la época. En los meses de otoño los paseantes desaparecían, disminuyendo los tertulianos en el Café.

Poco a poco se fueron instaurando las tertulias en sus típicas mesas de mármol; se hablaba de política, de toros y de sucesos truculentos como el famoso crimen de la calle Fuencarral (asesinato en Madrid en 1902 de doña Luciana Borcino). Los tertulianos provenían a veces del cercano teatro Príncipe Alfonso. Gumersindo llevaba el local desde un atrio elevado y pronto abrió una terraza en el paseo enfrente del local. Los primeros clientes famosos fueron José Canalejas, que discretamente se sentaba en una mesa y tomaba solas su café hasta el día de su asesinato; don Santiago Ramón y Cajal, acompañado las más veces de un alumno; Benito Pérez Galdós, acompañado. Uno de los personajes primerizos fue Valle-Inclán que era atraído por el frescor de la terraza, buscando tranquilidad del bullicioso Café de la Montaña, a veces del Kursaal de la plaza del Carmen. Una de las primeras musas en aquellos primeros años fue madame Pimentón, objeto de burlas y chirigotas de los tertulianos, mujer popular que frecuentaba algunos cafés de la periferia a comienzos del siglo XX.

Paseo de Recoletos. A la izquierda se encuentra la terraza del famoso Café.

Comienzos del siglo XX

Un barbero de origen extremeño que poseía el establecimiento en la calle del Almirante, cliente habitual del Café y llamado Benigno López, disfrutaba de una cordial amistad con Gumersindo. Un día, Benigno le propuso comprar el local y Gumersindo en el año 1916 decidió finalmente traspasarle el negocio. El acuerdo inicial entre ambas partes es curioso ya que obligaba a Benigno a no cambiar jamás el nombre del establecimiento. Se cuenta que el local fue adquirido por la módica cantidad de 60.000 pesetas.[8] Así pues, durante los años de la contienda, Madrid se llenó de personalidades europeas que huían de la guerra.

Esta coyuntura de cierto esplendor duró unos pocos años. El Café había ido tomando aires de prestigio a comienzos del siglo XX. Llegado a ese instante Benigno intentó abordar lo que será la primera reforma del local. El estado del mobiliario era un poco viejo, los divanes de peluche desgastados, las paredes negras del humo, etc. Esa primera reforma se encargaría de realizarla uno de los arquitectos tertulianos habituales por aquellos días, Luis Laorga Gutiérrez. El Gijón cerró durante una temporada para después volver a aparecer renovado. Los camareros de esa época son reflejados en la literatura. A uno de ellos le tocó la lotería y posteriormente se arruinó; otro fue un torero fracasado, etc.[5] Es en esa época de comienzos de siglo, al poco de realizar la primera reforma del Café, cuando Benigno enfermó y murió repentinamente a poco de cumplir los sesenta años.

Encarnación Fernández, su viuda, se entregó de lleno a la gestión del Café y decidió ampliar el negocio abriendo otro local en el Paseo de Recoletos. Se pensó que aquello era un error ya que Encarnación se haría la competencia a si misma al poseer otro estableciento en la misma calle cerca de la Plaza de Cibeles denominado Café Cibeles, inaugurado en el año 1928. En aquellos tiempos de aparición del cine y del auge de la calefacción urbana algunos de los tertulianos auguraban el fin de los cafés de tertulia.[10] Carlos Fernández Cuenca, Manuel Martínez Gargallo. En 1929 se estrenaba el Café vecino al Gijón denominado Lyon, muy cerca de la Cervecería Correos. La actividad de las tertulias se expandía lejos del centro de la Puerta del Sol.

El Madrid de la Guerra Civil

Escena recreada en el museo de cera de Madrid sobre un café de la época.

En la terraza del Gijón se podía ver frecuentemente a Federico García Lorca. A esta terraza y tertulia de Federico asistía el torero Ignacio Sánchez Mejías. En la terraza se podía ver a la exitosa actriz de la época Celia Gámez y en el interior del local a un joven Enrique Jardiel Poncela, a Agustín de Foxá y tantos otros. El Café era muy popular ya en 1934, a pesar de la fuerza de los cafés del centro de Madrid y de la Puerta del Sol. Se abría la nueva moda de los cafés americanos con barra y taburetes, así como los salones de té como el Embassy. Las tertulias se extendían a toda la ciudad y alcanzaban hasta el Café Comercial y el Europeo. Muchos de los tertulianos del Lyon adquirieron altos cargos durante la Segunda República. Los tiempos revueltos hicieron que Don Ramón disolviese la tertulia del Café de Pombo («Sagrada Cripta del Pombo»).[11]

La muerte de Valle-Inclán en el año 1936 dio indicios negros para los cafés de tertulias. Tras la dispersión de los integrantes de la generación del 98, los del 27 despuntaban pero la situación políticamente agitada atenuaba sus tertulias. Los cafés de la época reflejaban el periodo de guerra que se avecinaba. Encarnación llevaba los dos locales con la ayuda de sus hijos. El mayor, Joaquín López Fernández, se dedicaba al Café de Recoletos, y Encarnación, con el marido de su hija, Nicolás García, al Café Gijón. El negocio, poco a poco, se convirtió en una regencia familiar en estos periodos anteriores al conflicto. La contienda hizo que los tertulianos anteriores no apareciesen habitualmente, y el café se llenó de activistas y milicianos. Nicolás García, marido de la hija de Encarnación, fue asesinado en el túnel de Atocha con ocho de los empleados.[5] Los asesinatos de Pedro Muñoz Seca y de Ramiro de Maeztu por milicianos hicieron que las tertulias abandonaran sus actividades. Durante la batalla de Madrid el café Gijón se convirtió en lugar de reunión y cuartel de milicianos.

Durante la contienda el Café de Recoletos acabó cerrando temporalmente, mientras que el Gijón abría para servir modestos almuerzos. La guerra civil acabó el 1 de abril de 1939 con el último parte de guerra. Cuando las tropas franquistas entraron en Madrid en el primer Desfile de la Victoria, el Café Gijón era un local de aire triste y desolado, con una fuerte necesidad de renovación en su mobiliario. Se instaló lo necesario para ofrecer comidas a los oficiales del ejército «nacional» (franquista).

Periodo de posguerra y transición

Pocas semanas después del final de la contienda la familia de Encarnación abrió los dos cafés y las ausencias fueron evidentes. Empezaron a aparecer en el Gijón tertulianos famosos como Eugenio d'Ors y Enrique Jardiel Poncela, habitual del Café Castilla. En el Café Recoletos aparecieron los nuevos estamentos de la burguesía madrileña. Había caras nuevas que conformarán las tertulias posteriores. Apareció un grupo de jóvenes contertulios a los que se denominó « Juventud Creadora» o «garcilasistas», entre los que estaban José García Nieto, Pedro de Lorenzo, Rafael Romero, Jesús Juan Garcés, Eugenio Mediano Flórez, Salvador Pérez Valiente y otros más que se fueron incorporando poco a poco con posterioridad. Un asiduo de aquellos días era el escritor Camilo José Cela que publicó en 1942 una novela titulada La familia de Pascual Duarte y que fue posteriormente censurada y secuestrada de las librerías en su segunda edición.

Los tertulianos del Café eran artistas y escritores que poseían un alineación con el régimen algo dudosa.[4] Esta situación puso al Café desde sus comienzos en situación comprometida; la ley de vagos y maleantes, impulsada en 1933 por el diputado socialista Luis Jiménez de Asúa y aprobada por consenso de todos los grupos políticos de la segunda república, permitía arrestar a los escritores alegando «peligrosidad social». Se estableció la «tertulia de los poetas» a primeras horas de la tarde, de tres a seis, presidida por Gerardo Diego. En esa época Encarnación, ya anciana, cedía su labor de liderazgo a su hija Joaquina. En el año 1942 se cerró de forma definitiva el Café Recoletos. Muchos de los clientes se movieron al Gijón. En el año 1943 el Café fue rescatado de una inundación fortuita de aguas fecales que brotó por la rotura de un canal de distribución suburbano. Afectó, no obstante, a parte del mobiliario lo suficiente como para cerrar y ventilar durante una semana, mientras se achicaban las aguas. Otros negocios cercanos, como Casa Emilio, cerraron, mientras que el Gijón se salvó por la diligencia de un empleado avisando a las autoridades.

La época de posguerra era mala y muchos de los tertulianos no tenían dinero. Algunos de ellos solicitaban las comandas «a cuenta». El «cerillero» Alfonso González Pintor prestaba dinero y muchos de los escritores de la época debían dinero a este personaje colocado «estratégicamente» en el interior a la entrada del local. Otros solicitaban agua o bicarbonato, artículos gratuitos, de los que con gracia y consuelo decían: «Algo alimentará». Otros cafés fueron cayendo debido a esta crisis. A pesar de todo ello, el Café permanecía lleno la mayor parte del tiempo y era difícil sentarse.[12] César González-Ruano, eterno tertuliano en el Café, y Camilo José Cela eran los asistentes asiduos durante aquellos tiempos. Las tertulias de esa época comenzaban a las tres y se prolongaban hasta las siete de la tarde. Asistían escritores, personas del teatro, oficinistas, etc. Las ideologías políticas estaban mezcladas en una microsociedad que se establecía en el Café de los años sesenta.

En esta época de mediados del siglo XX, en el periodo de posguerra, los tertulianos y habituales convencieron a Encarnación para que reformase el local debido a la imagen destartalada que ofrecía.[12] Entre las tertulias se empezaba a discutir de forma novedosa de fútbol. La censura franquista negó la publicación de La colmena de Cela.

En 1949 tomó la iniciativa un joven actor de cine y teatro llamado Fernando Fernán Gómez y creó un premio de novela en el Café con su nombre, instaurando de esta forma el premio de novela corta Café Gijón.[15] Los personajes importantes de Hollywood como son Ava Gardner, Orson Welles acompañado de su amigo Joseph Cotten y, sobre todo, el actor británico George Sanders que vivió durante una temporada en Madrid. Su popularidad en aquellos tiempos hacía que muchos que querían ser famosos tuvieran que pasar por las terrazas veraniegas del Gijón.

Escenas rodadas en el café Gijón aparecen en la película " Los ojos dejan huellas" de 1952.

En el año 1963 se procedió a realizar la tercera reforma del local, y esta vez se encargó del proyecto el arquitecto Francisco Iza. La reapertura tuvo lugar el 24 de marzo de 1963. Una de las novedades de esta tercera reforma sería la conversión de la bodega en restaurante de un apartado existente en el interior. Ya por aquel entonces la sociedad española empezaba a sentir los efectos de la posible transición y se vivían periodos de bonanza económica. La bebida servida ya no era exclusivamente café, y en algunos divanes se empezaba solicitar bebidas de otro tipo a la carta, como eran copas de whisky, vermuts de importación, ginebra inglesa, etc.

La modernidad

Con el inicio de la democracia española, el Café poco a poco se fue llenando de nuevos contertulios. Una de las musas del Café Gijón de esta época fue Sandra, una mujer que presenciaba las reuniones de tertulia, animando, afirmando en voz alta ser una prostituta.[16] En 1998 el empresario Gregorio Escamilla Saceda se hizo con el local en una operación de compra.

Other Languages
Deutsch: Café Gijón
Ελληνικά: Καφέ Χιχόν
English: Café Gijón
Esperanto: Café Gijón
euskara: Café Gijón