Caída del Imperio romano de Occidente

Animated map of the Roman Republic and Empire
Mapa animado de la República e Imperio romano entre 510 a. de C. y 530 d. de C.      República      Imperio      Imperio Oriental/Bizantino      Imperio de Occidente

La caída del Imperio romano de Occidente (también conocida como la caída del Imperio romano o la caída de Roma) fue el período de declive del Imperio romano de Occidente en que perdió la autoridad de ejercer su dominio, y su vasto territorio fue dividido en numerosas entidades políticas sucesoras.

Este artículo comienza con una explicación de las fuerzas que le habían permitido al Imperio romano ejercer un control efectivo sobre Occidente; historiadores modernos mencionan factores que incluyen la efectividad y el tamaño del ejército, la salud y el tamaño de la población romana, la fuerza de la economía, la capacidad y competencia de los emperadores, las luchas internas por el poder, los cambios religiosos del período y la eficiencia de la administración civil. El aumento de la presión de los "bárbaros", externos a la cultura romana, contribuyó en gran medida al colapso.

A continuación, se da un relato cronológico de los acontecimientos más importantes de la pérdida de poder, incluidos los intentos de revertir el declive. Fechas relevantes incluyen el año 117, cuando el Imperio alcanzó su mayor extensión territorial, y el ascenso de Diocleciano en el 284. Las pérdidas territoriales irreversibles, no obstante, comenzaron en el 386 con una invasión en gran escala de godos y otros pueblos. El 395, tras imponerse en dos guerras civiles destructivas, Teodosio I falleció, dejando un ejército colapsado y al imperio, todavía plagado por godos, dividido entre sus dos hijos incapaces. Para el año 476, cuando Odoacro depuso al emperador Rómulo, el emperador romano de Occidente ejercía un insignificante poder militar, político y financiero, y carecía de control efectivo sobre los dispersos territorios en Occidente que aún podrían ser descritos como "romanos". Los invasores "bárbaros" establecieron su propia autoridad en la mayor parte del área del Imperio de Occidente. Aunque su legitimidad sobrevivió durante varios siglos más, y su influencia cultural persiste hasta el día de hoy, el Imperio de Occidente nunca tuvo la fuerza para levantarse de nuevo.

Enfoques históricos

Desde 1776, cuando Edward Gibbon publicó el primer volumen de su obra Historia de la decadencia y caída del Imperio romano, la decadencia y caída ha sido el tema en torno al cual se ha estructurado gran parte de la historia del Imperio romano. «Del siglo xviii en adelante», escribió el historiador Glen Bowersock, «hemos estado obsesionados con la caída: se la ha tomado como un arquetipo para cada declive percibido, y, por tanto, como un símbolo de nuestros propios miedos».[1]

Lapso

La pérdida de control político centralizado sobre el occidente y el poder reducido de Oriente son universalmente reconocidos. Como una marca conveniente del final del imperio occidental, se ha utilizado el año 476 desde Gibbon, pero otros hitos incluyen la crisis del siglo III, el cruce del Rin en 406 (o 405), el saqueo de Roma en el año 410, la muerte de Julio Nepote en el 480 y la caída de Nueva Roma (Constantinopla) en 1453.[2]​ Pero el nombre de «decadencia» se ha empleado para cubrir un período de tiempo mucho más amplio que los cien años a partir de 376. Gibbon comenzó su historia en el 98 y Theodor Mommsen consideró toda la época imperial como indigna de incluirla en su obra Historia de Roma, por la que recibió el Premio Nobel de Literatura. Arnold J. Toynbee y James Burke sostienen que toda la era imperial fue un decaimiento constante de las instituciones fundadas en tiempos de la república.

Causas

Gibbon dio una formulación clásica, ahora vetusta, de razones por las que desapareció el imperio occidental. Comenzó una controversia aún en curso sobre el papel del cristianismo, pero dio gran importancia a otras causas de deterioro interno y a los ataques de fuera del Imperio.

La historia de su ruina es simple y obvia; y, en lugar de preguntar por qué el Imperio romano fue destruido, deberíamos más bien sorprendernos de que haya subsistido tanto tiempo. Las legiones de reconocimiento, que, en guerras lejanas, adquirieron los vicios de los extranjeros y mercenarios, primero oprimían la libertad de la república, y después violaron la majestuosidad de la púrpura. Los emperadores, deseosos de asegurar su seguridad personal y la paz pública, se limitaron a corromper la disciplina de las tropas que intimidaba tanto al soberano y como a los enemigos; la potencia del gobierno militar se relajó, y finalmente se disolvió, por las instituciones parciales de Constantino; y el mundo romano se vio abrumado por una avalancha de bárbaros.

Edward Gibbon. The Decline and Fall of the Roman Empire, "General Observations on the Fall of the Roman Empire in the West", capítulo 38.

Alexander Demandt enumeró doscientas diez teorías diferentes sobre el porqué de la caída de Roma, y nuevas ideas han surgido desde entonces.[4]​ Los historiadores todavía tratan de analizar las razones de la pérdida de control político sobre su vasto territorio (y, como tema secundario, las razones para la supervivencia del Imperio romano de Oriente).

Caída o transformación

Por lo menos desde la época de Henri Pirenne, los estudiosos han descrito la continuidad de la cultura y de la legitimidad política romanas, mucho después de 476. Pirenne pospuso la desaparición de la civilización clásica hasta el siglo octavo. Rechazó la noción de que los bárbaros germánicos hubiesen causado el fin del Imperio romano de Occidente, y se negó a equiparar el final de este con el del cargo de emperador en Italia. Señaló la continuidad de la economía en el Mediterráneo romano, incluso después de las invasiones bárbaras, y sugirió que solo las conquistas musulmanas representaban una ruptura decisiva con la antigüedad. La teoría —más reciente— de un período histórico llamado «Antigüedad tardía» destaca la transformación de la Edad Antigua en la cultura medieval mediante una evolución cultural paulatina.[9]

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