Cárcel Modelo de Madrid

Fachada principal de la Cárcel Modelo de Madrid, dibujo de Manuel Nao en La Ilustración Española y Americana, 30 de diciembre de 1883.

La Cárcel Modelo de Madrid (conocida en la época como Cárcel Celular) fue la principal prisión para hombres de Madrid durante el último cuarto del siglo XIX y primera mitad del XX, ubicada en el actual distrito de Moncloa-Aravaca. Se empezó a construir en el año 1877 y fue inaugurada en 1884.[3]

Historia

La « Cárcel del Saladero» ya no ofrecía condiciones salubres y era un objetivo del municipio madrileño construir otro centro penitenciario en las afueras de Madrid.[1]

Construcción

Perspectiva de la segunda, tercera y cuarta galerías de celdas, dibujo de Manuel Nao, grabado de Bernardo Rico.

Estaba situada en una gran manzana comprendida entre la plaza de la Moncloa, el paseo de Moret, y las calles Martín de los Heros y Romero Robledo. Su lugar lo ocupa hoy el Cuartel General del Ejército del Aire, anteriormente conocido como Ministerio del Aire. Fue diseñada por los arquitectos Tomás Aranguren y Eduardo Adaro, ambos arquitectos pertenecen a la Dirección General de Establecimientos Penales. Estos arquitectos se encargarían posteriormente del edificio del Banco de España. La construcción comenzó con una piedra colocada simbólicamente el 5 de febrero de 1877 por el rey Alfonso XII y la entrega oficial de la obra tuvo lugar el 29 de abril de 1884, si bien se inauguró con anterioridad el 20 de diciembre de 1883 por el ministro de la Gobernación Francisco Romero Robledo (que por homenaje una de las calles adyacentes al nuevo edificio se dedica a su nombre).

La denuncia de las condiciones de vida de los presos

En junio de 1906 ingresó en la prisión José Nakens, un veterano periodista republicano y anticlerical que había sido condenado por el «encubrimiento» de Mateo Morral, autor de un atentado fallido contra los reyes. Ocupó la celda número 7. Cuatro meses después publicaba un primer artículo en el que denunciaba las condiciones infrahumanas en que vivían los presos:[4]

Yo veo en esta cárcel hombres y niños descalzos y hasta en cueros. Yo veo al pasar frente a algunas celdas catres desvencijados, jergones reducidos a la mitad, rotos, sin paja de maíz apenas, cubiertos con media manta deshilachada y un cabezal sin funda lleno de mugre. Yo veo muchas ventanas de las celdas sin cristales, con el frío que hace ya, y que lo mismo ocurre en los grandes ventanales de las naves. Yo veo turbia el agua muchos días, otros mezclada con tierra, y siempre, hasta cuando sale clara, despidiendo olor nauseabundo

El impacto del artículo fue enorme —recibió cartas que relataban abusos a los presos, celdas de castigo, enfermedades por mala alimentación, etc— y tuvo una oferta del diario republicano El País para que siguiera relatando lo que veía en la prisión, que más tarde compiló en dos libros: Mi paso por la cárcel y La celda número 7. En ellos también defendió el programa de reformas penitenciarias del nuevo director de la prisión Rafael Salillas que pusieron fin al «régimen terrorífico y expoliador» anterior. Todo ello le hizo ganar un prestigio y una popularidad que acabó obligando al gobierno de Antonio Maura a indultarle y el 8 de mayo de 1908 abandonó la prisión.[5]

Entorno (comienzos del siglo XX)

Interior de una celda.
Interior de la cárcel, paseos celulares.

La plaza de Cánovas del Castillo pasa a denominarse glorieta de Moncloa en octubre de 1890. Ya en 1884 se abría la calle de San Bernardino —que se aproxima al trazado de la calle Princesa—, que comunica con el barrio de Pozas. Tras el espacio de la cárcel se encontraba un espacio denominado « plaza de la Justicia», una plaza de ejecuciones públicas. Se estableció en esta plaza un cuartel, Cuartel de San Gil, que fue remodelado en 1910. El ingeniero militar León Sanchís diseñó y construyó entre 1920 y 1921 el Cuartel del Infante Don Juan entre el paseo Moret y la calle de Martín de los Heros. Pronto adquiriría la «Modelo» quejas y reclamaciones de derrumbe, atendiendo no sólo a razones urbanísticas. Pronto se construiría la Ciudad Universitaria.

Guerra Civil Española

Durante la Guerra Civil, fue ocupada por milicianos, fundamentalmente de la CNT. El 22 de agosto de 1936, algunos de ellos asesinaron a políticos y militares encarcelados allí: Melquíades Álvarez, líder del Partido Republicano Liberal Demócrata, republicano de derecha, José María Albiñana Sanz, jefe del Partido Nacionalista Español de extrema derecha, los exministros de la República, Manuel Rico Avello y José Martínez de Velasco, el falangista y piloto del vuelo Madrid-Buenos Aires del avión «Plus Ultra», Julio Ruiz de Alda, el general Osvaldo Capaz Montes (que había tomado posesión del territorio de Ifni), el general Rafael Villegas (cabecilla inicialmente de la sublevación en Madrid), el capitán de Caballería Fernando Primo de Rivera y Sáenz de Heredia (hermano de José Antonio Primo de Rivera),[7] En total, a lo largo de los días 22 y 23 de agosto fueron asesinados de 28 a 30 presos.

El presidente Azaña quedó consternado por los hechos y se planteó dimitir.[10] Con algunos presos todavía en su interior, el edificio estuvo muy cerca de los combates en el frente de la Ciudad Universitaria.

Destrucción

Las ruinas del edificio, que había sufrido grandes daños por el bombardeo aéreo y artillero debido su cercanía al frente de combate de la batalla de la Ciudad Universitaria de Madrid, fueron demolidas tras el fin de la Guerra Civil y su función asumida por la Cárcel de Carabanchel. En sus cimientos se construyó el Ministerio del Aire, en la actualidad el Cuartel General del Ejército del Aire.

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