Cárcel Correccional de Oviedo

Edificio de la antigua cárcel, rehabilitado como sede del Archivo Histórico de Asturias.

La Cárcel Correccional de Oviedo es un edificio construido en dicha ciudad entre 1886 y 1905 con proyectos de Francisco Javier Aguirre y Nicolás García Rivero y cuyo destino fue ser prisión.

Responde al denominado modelo panóptico (tipología de establecimientos penitenciarios propia del siglo XIX), con una rotonda o cuerpo central poligonal destinado al cuerpo de vigilancia de la penitenciaría, y radial, mediante galerías de forma estrellada que convergen en el espacio central. Se considera que es la primera construcción española en la que se utilizó el hormigón armado para el entramado horizontal.

La constatación de la importancia histórica y artística de este edificio de la antigua Cárcel Correccional de Oviedo, llevó a la Consejería de Educación y Cultura del Principado de Asturias a incoar, con fecha 12 de junio de 2001, expediente para que fuera declarado Bien de Interés Cultural, lo que sucedió mediante Decreto el 12 de junio de 2003.

Historia

Hasta el siglo XIX y desde tiempo inmemorial la cárcel de Oviedo estaba instalada en la antigua fortaleza que Alfonso III había construido en uno de los ángulos de la muralla, en la parte oeste, con el fin de defender la iglesia catedral y la ciudad de las frecuentes incursiones normandas.

La Junta General del Principado, reunida en mayo de 1815, viendo que el edificio ya no podía corresponder al objeto —por haber sido parcialmente demolido por las tropas napoleónicas a las órdenes del general francés, conde de Bonet—, acordó arrasarlo y aprovechar los materiales para la construcción de un nuevo recinto carcelario que se situaría en el campo de San Francisco. Se encargó la ejecución del acuerdo a la Diputación Provincial que nombró al arquitecto Diego Cayón para levantar los planos y realizar el presupuesto de obra. Sin embargo, miras mezquinas de economía y el deseo de aprovechar los cimientos y escombros de la antigua fortaleza prevalecieron y el Consejo de Castilla ordenó que se hiciese la cárcel en el sitio que ocupaba el castillo, privando a la provincia de una cárcel «igual a las que se conocen en los países más ilustrados».

En consecuencia, en el año 1818 la Diputación recargó entre los vecinos del Principado la cantidad de 500.000 reales para reedificar el Real Castillo y Fortaleza con el fin de habilitarle con destino a cárcel de hombres. Esta cárcel pública fue construida por Muñiz sobre las ruinas de la antigua fortaleza, su fachada principal estaba orientada al mediodía y conservo el nombre de «Real Castillo y Fortaleza».

La propuesta de construir un nuevo recinto carcelario en el campo de San Francisco, aunque no haya prosperado, nos indica ya un cambio en la mentalidad imperante que posteriormente se plasmará en la reforma del sistema penitenciario español, con la sustitución del antiguo modelo carcelario insalubre, lóbrego y hacinado, por una nueva tipología, que cristalizará a finales de siglo, fruto de las teorías higienistas y del deseo de vigilar más estrechamente a los reclusos, facilitando de esta manera su recuperación como miembros útiles de la sociedad. Existía además otra cárcel, la cárcel de mujeres, instalada desde el siglo XVIII hasta 1925 en la cárcel «Galera», construida en terrenos de la actual plaza de la Escandalera, su construcción fue costeada por el Obispo de la diócesis don Agustín González Pisador, funcionó como cárcel de mujeres para delitos menores, ya que la condena por penas mayores se cumplía en Valladolid.

En el año 1838 el Ayuntamiento propuso trasladar la cárcel al convento de Santa Clara con el fin de transformar el área que ocupaba el castillo y la plazuela en paseo cubierto necesario para la ciudad. La Diputación Provincial y el jefe político aprobaron el proyecto que fue remitido al Gobiernoy no llegó a realizarse. Posteriormente y en diferentes ocasiones reclamaron la Audiencia, el Ayuntamiento y la Diputación construir un nuevo edificio conforme a los últimos progresos penales, solamente fue posible esta construcción después de la promulgación de la Ley de 11 de mayo de 1887 que autorizaba la enajenación en pública subasta del edificio y terrenos de la antigua Cárcel-Fortaleza de Oviedo, para con su producto atender a la construcción de la penitenciaría provincial y prisión de partido con arreglo al sistema que el gobierno determinase.

El Ayuntamiento y la Diputación provincial de Oviedo contribuirían al pago de las obras por partes iguales, hasta completar el total de su coste, reintegrándoseles la suma de la venta del edificio y terrenos de la antigua Cárcel-Fortaleza, que continuaría destinada a ese uso hasta que estuviese terminada, recibida e inaugurada la nueva penitenciaría y prisión.

La futura cárcel correccional se va a realizar según un Programa de condiciones legales y reglamentarias «para la construcción de las prisiones de provincia y para la reforma de los edificios existentes destinados a esta clase de establecimiento», aprobado en Madrid, el 6 de febrero de 1860, por Posada Herrera. La Dirección General de Establecimientos penales dependiente del Ministerio de la Gobernación creó unos modelos de planos (posiblemente debidos a Eduardo Adaro (1848-1906) que una vez aprobados por la Junta consultiva de Policía urbana fueron publicados y circularon para su utilización en la construcción de los edificios destinados a prisiones provinciales. Esta codificación hecha en Madrid, se realiza siguiendo un esquema heredado de la arquitectura de la Ilustración. Se trata de una reelaboración de los esquemas racionalistas de finales del siglo XVIII aplicados a la arquitectura, que todavía se mantienen en el siglo XIX.

La cárcel correccional de Oviedo se va a levantar en la falda Sur del monte Naranco, siguiendo el Programa elaborado por el Ministerio de la Gobernación, conforme al proyecto-tipo de Eduardo Adaro, siendo el arquitecto provincial encargado de la adaptación del modelo Javier Aguirre e Iturrialde, a quien se debe también la elección del emplazamiento y el inicio de las obras; a partir de 1905, con motivo del traslado de éste a Vitoria, las continuará Nicolás García Rivero como Arquitecto Director. El 23 de julio de 1896 se subastaron las obras de la Cárcel correccional de Oviedo con arreglo al proyecto aprobado para la Superioridad el 31 de octubre de 1888, fueron adjudicadas y el contratista dio comienzo a las mismas el 19 de agosto de 1896.

Esta penitenciaría provincial presenta una planta en estrella, con un cuerpo poligonal central en el que convergen las galerías de los cinco brazos. En uno de estos se dispone la fachada, de tres cuerpos, que constituye el pabellón administrativo en toda clase de oficinas, independientes de la cárcel.

El número de presos que podía albergar era de 250 y ocupa una extensión de 14.421 m2, con otras dependencias, patios y paseos de ronda. En la Memoria realizada por Nicolás María García Rivero y firmada el 18 de septiembre de 1905, señala las reformas realizadas, ya que «los proyectos dan las líneas generales, y durante la construcción de más estudio de la obra y del uso a que va a dedicarse, se van observando los defectos y omisiones en que ha incurrido el proyectista; defectos y omisiones que debe subsanar el Director de obra», realizándose diversas adaptaciones.

El presupuesto de ejecución fue de 1.057.623,63 pesetas; los aumentos de coste quedaron justificados con las reformas y ampliaciones del proyecto, y los errores de cubicación existentes. El edificio fue inaugurado en el año 1907.

La elección del emplazamiento sigue los criterios establecidos en la época para espacios de este tipo, en las afueras de la ciudad pero con una relación visual directa con ella, de modo que se conseguía una cierta proximidad funcional favorable a las visitas, abastecimiento, etc. al mismo tiempo que la imagen imponente del edificio estaba presente advirtiendo del destino de sus moradores.

Los terrenos sobre los que se asienta son de forma rectangular y su topografía sensiblemente plana, seguramente fruto de una explanación general que modificó su topografía de pequeña colina hasta conseguir nivelar totalmente la parcela.

Así, dentro de un polígono regular sensiblemente cuadrangular, murado y bien defendido por todos sus lados, se organiza la prisión en dos zonas separadas: el Pabellón de Administración con el cuerpo de guardia, las viviendas necesarias y las oficinas y dependencias de la Junta Auxiliar de Cárceles y la cárcel panóptica. Esta se compone de cuatro brazos de galerías celulares y de un quinto brazo corto en el que se sitúa el ingreso y las dependencias auxiliares de locutorios, enfermerías, etc. Todos los brazos confluyen en el centro que constituye el centro de vigilancia de la cárcel, verdadero núcleo de la misma y solución innovadora de la nueva tipología penitenciaria.

Más allá del primer muro exterior se encuentra el foso perimetral de protección, situado a nivel con el resto de la parcela (no de las rasantes exteriores del conjunto), dicho foso posee una anchura de unos 7 metros resguardado por sendos muros de unos 4 metros de altura rematados por alambradas de protección en todo su perímetro.

En general la arquitectura de todo el conjunto edificado es seria y austera, casi militar, como correspondía al uso al que iba destinada, con escasas concesiones al ornato, la decoración se concentra básicamente en las torretas almenadas que ocupan las 4 esquinas del foso, en el frente del módulo de acceso, que en su día estaba coronado por un reloj y en la cúpula y sus remates exteriores e interiores, en las esquinas rematadas con sillares de piedra escalonada, así como los huecos principales.

La importancia de este edificio radica no solo en seguir las directrices de un modelo ya establecido, sino también en la novedosa utilización del hormigón armado. Se considera la primera construcción española en la que se utilizó el hormigón armado para el entramado horizontal, utilización debida al ingeniero José Eugenio Ribera (1864-1936), quien durante 12 años trabajó en Asturias.

La cárcel correccional de Oviedo constituye un ejemplo del impacto de la tecnología y de los nuevos materiales en la arquitectura decimonónica que no se reduciría únicamente al empleo del hierro. Esta cárcel modelo provincial responde a la tipología de establecimientos penitenciarios propia del siglo XIX. Dicho grupo tendrá en su organización espacial de tipo panóptico su rasgo diferenciador.

Por lo que respecta a la utilización de nuevos materiales, nos encontramos ante un momento de transición. Es somera presencia del hierro, apenas en la cúpula del espacio central, que aunque fue proyectada inicialmente en estructura metálica en su tambor poligonal y demás elementos, fue modificada por el director de las obras, al aumentar las luces de los vanos, sustituyendo el hierro por hormigón armado.

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