Cántabro (lingüística)

Cántabro, Montañés
Cántabru
Región

Según algunos autores, también en zonas colindantes:

Familia

Indoeuropeo
  Itálico
    Romance
      Iberorromance
        Iberorromance occidental
        Astur-Leonés / Español

            Cántabro
EscrituraLatino
Estatus oficial

El cántabro, montañés o habla montañesa (endónimo: montañés o cántabru) es una variedad lingüística romance propia de Cantabria, España. Pidal consideraba al montañés como un dialecto del Idioma asturleonés (que él llamaba leonés), junto al asturiano y el leonés, el habla sayaguesa, el charro, y otros menores.[2]

El cántabro, como también el extremeño, tiene características comunes tanto con el castellano como con el diasistema lingüístico asturleonés, que integra a las variedades lingüísticas conocidas comúnmente por los glotónimos mirandés, asturiano y leonés. Diversas cuestiones tales como el sustrato, las influencias de adstrato (zona de contacto con el euskera y fuerte relación con territorios castellanoparlantes) la incorporación más temprana a la Corona de Castilla frente a otros territorios del diasistema, hacen que el cántabro adquiera ciertas diferencias y personalidad frente a las otras modalidades lingüísticas de dicho diasistema.

No obstante, la Unesco considera al cántabro como un dialecto asturleonés, lengua que incluyó en 2009 en su "libro rojo" de lenguas en peligro como "en peligro claro de desaparición".[3]

El declive del montañés ya señalado por Pidal y otros autores se manifiesta en la restricción de su uso a zonas rurales y a personas de avanzada edad, o algunas voces y localismos ya recogidos en el diccionario de la Real Academia. Así en Cantabria se habla un castellano común, con algunas características especiales en zonas donde aun quedan residuos del habla montañesa, casi limitados al uso de algunas palabras concretas (normalmente relacionadas con actividades rurales)[6]

Gran parte de las características propias del cántabro han sido perdidas, de manera que las variedades lingüísticas habladas en Cantabria han sido consideradas por algunos autores como dialectos del español influenciados por el asturleonés.[10]

Aspectos históricos, sociales y culturales

Distribución geográfica y primeras referencias

Según diversos criterios, pueden incluirse como cántabro las variedades de habla de diversas zonas de Cantabria. Atendiendo a la toponimia, el influjo montañés o cántabro, muy castellanizado, se habría extendido a las zonas limítrofes vizcaínas de Lanestosa y Carranza.[13]

“unu mulu in C solidos […], usu terre pretiu quantu placitu”

Colección diplomática de la Abadía de Santa Juliana. A. D. Santillana. Pergaminos, 5.

Los primeros ejemplos del cántabro pueden encontrarse en los cartularios, como Santo Toribio de Liébana, Santa María de Piasca, Santa Juliana de Santillana o Santa María del Puerto.

"que cabe un quarteru de semient, et dos modios [...]. En Combuey otra tierra que cabe un sextu de semient con un nozal. En Campu I ortal con rateron de nuzes et de maçanas [...]. en la vega de Campu un pradu, la quarta del, y aluego otra faza [...]. Al foial del pozu [...]. Al peral rumeru una tierra que cabe un quarteru [...]. Al pozu una tierra en que cabe un sexteru [...]. Al Posadoriu [...] un quarteru"

Cartulario de Santo Toribio de Liebana, fol. 58 v.º, núm. 203.

En dichos cartularios aparecen pequeños fragmentos escritos en el romance propio de la Cantabria medieval, así como topónimos y sustantivos insertos en textos escritos íntegramente en latín, que documentan la existencia de rasgos plenamente asturleoneses en contraposición al castellano que iba evolucionando paralelamente al sur de la cordillera.

"damos et otorgamos a vos don Peidru, el çapateru de Puxayo [...] heredannos a derredor del un cabu Mari Pelaz mi tia, del otru cabu Iohan de Sobrado, de iuso mio sobrinu Gregorio, del otro cabu Roy Pelaz de Dobres, del otru cabu Alvaro de Campu, que la ayadez por siempre [...]. Ferrant Gonzalez merinu mayor del rey"

Cartulario de Santo Toribio de Liébana, fol. 59, núm 205.

Los documentos medievales permiten comprobar la existencia de vocalismo: juyz (juez), mugier (mujer), eglisia (iglesia), hy (ahí), conusçuda (conocida), metu (metió), uy (hoy), justi (justo), çimienterio (cementerio), unu (uno), faru (faro), Rivila (Revilla)[15]​; entre muchos otros ejemplos.

Onomástica medieval en Cantabria
Nombre actual Nombre medieval
Alfonso Allefonsi (1195)
Catalina Catelelyna (1393)
Diego Diacu (1072)
Domingo Domingu (1267)
Eulalia Olaya (1249), Ollaya (1279)
Julián Illan (1285)
Juliana Yllana (1271)
Leocadia Localla (1228)
Leonor Alionor (1204)
Pedro Petru (1089), Peidru (1257)
Pelayo Pelay (1271)
Rodrigo Rudericu (1259)
Saturnino Sadorninu (1262)
Sebastián Sabastiano (1086)
Tello Tellu (1086)
Teresa Taresa (1084)
Toribio Turibio (1190)
Vicente Vicenti (1288)

También pueden encontrarse ejemplos de mantenimiento de rasgos gramaticales que, con posterioridad, se han perdido. Un ejemplo es la utilización del pronombre átono en función de complemento indirecto (-y, -yos, -ys), existente en asturiano pero que el cántabro ha perdido con el tiempo. Algunos ejemplos son: fue-y (le fue), auiamos-y (le habíamos), enterrar-y (enterrarle), do-hi (le doy), ponemos-y (le ponemos), mandamos-y (le mandamos), mando-y (le mando), que-y fizierdes (que le hicieses), vos-y fiziertes (le hicieseis vos), estando-yn (estándoles), seyendo-yn (siéndoles), paresçio-yn (les pareció)[16]​.

Con la aparición de la prensa escrita en Cantabria, el cántabro comenzó a ser utilizado para expresar el lenguaje coloquial de las gentes llanas, para transmitir pequeñas historias publicadas por fragmentos o para contar cuentos y leyendas de la tierra.

-¡Mal añu p'al enemigu malu! ¿No vos podéis estar callaus tan siquiera un ratucu ó dirvos con mil d'a caballu á dá guerra á otra parte, condenaus?

-Pus cuéntenus un cuentu.

-¿Y qué cuentu querís que vos cuenti, si vos he contau sinfinidá, y aunqui supiera más que Brijan...?

-¿Quién es Brijan, güela?

-El mesmu Pateta que cargui con vusotros, ¿sabís? ¡Júosus, Júosus! Si hasta ofender á Dios l'hacen á una estos empecatáus de críos.

Juan Sierra-Pando. "La Onjana y el Sevillanu", El Cantábrico, Santander, 8 de septiembre de 1905

Hablantes

Actualmente el cántabro o montañés no se usa extensivamente y está restringido a contextos lingüísticos muy particulares. La pérdida reciente de hablantes ha sido una consecuencia de una creciente castellanización de ciertas áreas rurales. En la mayor parte de su zona de extensión se utiliza un habla de transición entre el castellano y el cántabro más o menos pura o asimilada a aquél.[17]​ Asimismo, está prácticamente desaparecido de los grandes centros urbanos.

No se conocen datos precisos, ni encuestas ni estudios estadísticos del número de hablantes patrimoniales, pero debe ser un porcentaje muy exiguo de la población, pues autores como Pidal, García-Lomas, Rodríguez Castellano, Ealo y otros, han señalado un claro proceso de regresión.[17]​ Pese a todo, todavía se pueden encontrar parlantes patrimoniales en algunos puntos, tales como en la Comarca de los Valles Pasiegos, Tudanca, Carmona, Soba y Herrerías.

Manuel Alvar, en su Dialectología Española, ya indicaba que, aunque podía considerarse como desaparecido el dialecto antiguo, ciertos rasgos, como es el caso de la aspiración, pervivían en hablantes rústicos. También los costumbristas connotaban la clase social de sus personajes por medio del uso de un lenguaje especial, indiferenciado, en ocasiones, rasgos vulgares de los propiamente dialectales. Refiriéndose a Cantabria, cabría decir que lo que pueda quedar de sus hablas, sólo es detectable en hablantes pertenecientes a ambientes rurales o culturalmente bajos.[18]

Apoyo institucional y social

Existen unas pocas asociaciones para la recuperación del patrimonio lingüístico cántabro que imparten cursos de lengua en Santander y Torrelavega. También ha habido recogida de firmas con el fin de que se declare Bien de Interés Cultural,[22]​ Durante el transcurso del 2008 se produjo la publicación del segundo diccionario cántabro-castellano que contó con la colaboración de la Consejería de Cultura del Gobierno de Cantabria[24]

Además dos fuerzas políticas minoritarias y sin actual representación institucional (tanto autonómica como municipal) en Cantabria:Unidad Cántabra y Conceju Nacionaliegu Cántabru, piden

"el reconocimiento por parte de las instituciones de los gobiernos español y cántabro de la lengua cántabra y la toma de medidas que garanticen su protección, enseñanza y uso en la vida cotidiana del país"

Por su parte, el Presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, se muestra contrario a tal reconocimiento, pues afirma que el cántabro "solo es castellano mal hablado".[25]

Por tanto, en la actualidad no hay ningún partido político con representación que defienda el reconocimiento de la lengua cántabra.

Ello guarda relación con el escaso apoyo social con el que cuenta. En este sentido, cabe señalar el estudio lingüístico que Manual Alvar realizó en Cantabria, dentro del cual preguntaba ¿cómo reaccionan los informadores cuando se les pregunta qué hablan? La conclusión a la que llega es clara: “castellano es, pues, la conciencia lingüística arraigada”.[26]

Denominación "cántabro" o "montañés"

Las preferencia de uso de una u otra denominación está determinada por los que eligen el término “montañés” como el nombre tradicional utilizado por algunos escritores costumbristas y, teóricamente, con una mayor posible aceptación entre la población rural mientras que los otros sectores entienden que ese término no es adecuado, dado que La Montaña es una comarca de Cantabria que no se corresponde ni sirve de identificativo para la totalidad de los habitantes de la región. Por otro lado, también es cierto que el topónimo "La Montaña" se ha usado durante siglos, por antonomasia, para englobar todos los territorios cántabros, mucho más allá de las actuales fronteras provinciales.

Según encuestas publicadas en el Atlas lingüístico y etnográfico de Cantabria de Manuel Alvar y el Language loyalty and linguistic variation a study in Spanish Cantabria de J.C. Holmquist) sólo en 5 puntos encuestados, situados todos ellos dentro de La Montaña, se respondía montañés ante la pregunta "¿qué es lo que habla usted?”, mientras que en otros puntos fuera de La Montaña se respondía con el nombre de la comarca: pasiegu, lebaniegu, campurrianu.

Variantes

Pese a lo afirmado comúnmente, el cántabro presenta bastante uniformidad. Sin embargo, existen las variaciones locales, como en toda lengua no estandarizada, no haber gozado de oficialidad y estar sometido a una fuerte presión por parte del castellano. A grandes rasgos el cántabro presenta dos grandes dialectos: el occidental y el oriental. La divisoria entre ambas variantes la marcan el río Saja y el Pas que son occidental y oriental, respectivamente. En la cuenca del Besaya encontramos una frontera discontinua con zonas de hablas de transición entre los dos dialectos que emplean rasgos de uno y otro lado. Así mismo dentro del cántabro occidental se distingue un subdialecto al sur de la cordillera, probablemente consecuencia de una mayor castellanización, y en cántabro oriental una variante encartada o veciana más allá del Agüera que recupera algunos de los rasgos propios del dialecto occidental.

Las diferencias fundamentales entre los dos dialectos son:

  • Terminación del masculino plural en –os en el occidental y en –us en oriental (salvo en el subdialecto veciano que hace –os). Ej.: perros, perrus. Las hablas de transición del Besaya presentan esta característica como en el occidental.
  • Nombres propios, verbos, numerales, pronombres, adverbios y artículos en cántabro occidental se hacen en –o (a excepción de los nombres de los barrios, de los participios en singular y del artículo contable lu) En oriental lo hacen todo en –u. Ej: Paulo-Paulu, diendo-diendu, cinco-cincu, ello-ellu, lo mejor-lu mejor (incontable).
  • Uso en oriental de adverbios de cantidad con terminación en femenino para con sustantivos de neutro de materia. Ej.: poca conocimientu, mucha cementu, mucha pelleju…
  • En oriental cierre en un grado de la vocal átona final –e en –i en todos los casos. Ej.: organizacionis, Lus Poblis (barrio de Selaye [en cast. Selaya]), tréboli, vivin, visti…

En occidental este rasgo se registra sólo en los siguientes casos:

  • Pronombres demostrativos (esti, esi).
  • Pronombre personal le: li
  • Presentes de indicativo y subjuntivo de los verbos de la segunda conjugación (bebi, comin, escuendis, jacin…).
  • Imperativo de los verbos de la segunda conjugación (atiendi, bebi, cuesi, cuéi…).
  • Indefinidos de las tres conjugaciones (cantesti, triji, juisti…).
  • En algunos términos esporádicos (juenti, tardi, lechi…).
  • Nombres de algunas localidades (Ruenti, Vispieris, San Vicenti…). Las hablas de transición del Besaya presentan este rasgo con las mismas características que el oriental.
  • Utilización de los pronombres de tercera persona en la función de Complemento Directo:
Cántabro
occidental
Cántabro
oriental
[+contable]
[+masculino]
lu li
[+contable]
[+femenino]
la la
[-contable]
(masc. o fem.).
lo lu
  • Aspiración de la –H y –F. Frecuente en occidental salvo en el subdialecto del sur, donde es inexistente a excepción de Campoo de Arriba. En el oriental, constatable fuertemente en la toponimia, sólo se conserva con una cierta vitalidad en los valles más cercanos al Besaya. En el resto del territorio se mantiene ante los diptongos –ue, –ui y en restos lexicalizados.

A través de los estudios de Carlos Ealo López (Situación actual de las hablas de origen asturleonés en Cantabria del 2003) y Lorenzo Rodríguez Castellano (Estado actual de la H aspirada en la provincia de Santander de 1954) podemos comprobar la drástica reducción de la aspiración en el cántabro oriental en apenas 50 años, llegando, en 1954, hasta casi el Río Campiezo, en Trasmiera y, en la actualidad, no pasando de Piélagos, Toranzo y Villafufre. Salvo pequeñas islas con aspiración esporádica algo más fuerte en torno a Liérganes, San Roque de Riomiera y Ribamontán.

Actualmente no existe ninguna forma estandarizada del cántabro, pero las diversas organizaciones que trabajan por la recuperación de este patrimonio lingüístico suelen adoptar ciertas formas estandarizadas acordes con las hablas de transición que presentan rasgos de los dos dialectos.