Burgo

Estrasburgo visto desde la catedral.

El término burgo hace referencia a un concepto urbanístico. Inicialmente, entre los pueblos germánicos y en época romana, se aplicaba a pequeñas torres o puestos fortificados.

En la Alta Edad Media, se consideraba burgo a un castillo construido por un señor feudal con fines puramente militares, como avanzadilla o puesto de vigilancia fronteriza. Solían ubicarse en posiciones privilegiadas por su carácter defensivo (como una altura), o en posiciones estratégicas (como un cruce de caminos, el vado de un río o un valle en un paso de montaña). Por extensión, se aplicó el nombre de burgo a las poblaciones que se pudieran desarrollar en torno a estas construcciones. La relativa seguridad que daba a mercaderes y artesanos, no sólo física, sino jurídica (estar libres de la jurisdicción feudal y otras concesiones –por ejemplo fiscales– que se hacían para hacer atractiva la radicación en ellos); hizo que fueran convirtiéndose paulatinamente en poblaciones florecientes con funciones económicas características.

Con las mismas características, especialmente en la Baja Edad Media, periodo que ha sido calificado de revolución urbana y también de revolución comercial desde mediados del siglo XII, también se aplicó el nombre de "burgo" a los barrios formados en torno a un mercado que se había establecido previamente al lado de una iglesia[1]​ o fuera de las murallas de ciudades preexistentes (figura urbanística equivalente a los arrabales de las medinas musulmanas). La palabra "burgués" significaba en su origen "habitante de un burgo".

Su etimología, que comparte la raíz indoeuropea *bhɹgh- ("alto" o "elevado") con la céltica briga- ("ciudad" o "fortaleza") o la tracia bria— ("ciudad"), proviene del germánico *bŭrgs,[4]

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