Brigadas Internacionales

Brigadas Internacionales
Dabrowszczacy przysiegaja wiernosc sprawie Republiki.jpg
Voluntarios polacos jurando lealtad a la República.
Activa Octubre de 1936
País Diversas nacionalidades
Fidelidad Bandera de España Segunda República Española
Rama Red star.svg Ejército Popular de la República
Tipo Infantería
Tamaño 59.380 efectivos
Acuartelamiento Albacete ( España)
Disuelta Octubre de 1938
Comandantes
Inspector general André Marty ( 1936- 1939)
Comandantes
notables
Emilio Kléber, Hans Kahle, General Walter, General Lukács, General Gómez
Insignias
Estandarte Flag of the International Brigades.svg
Insignia identificativa Emblem of the International Brigades.svg
Cultura e historia
Himno Himno de Marcha de las Brigadas
Guerras y batallas
Guerra Civil Española:
Defensa de Madrid
Batalla de Lopera
Batalla del Jarama
Batalla de Guadalajara
Ofensiva de Segovia
Ofensiva de Huesca
Batalla de Brunete
Ofensiva de Zaragoza
Batalla de Belchite
Batalla de Teruel
Retirada de Aragón
Batalla de Caspe
Batalla del Ebro
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Las Brigadas Internacionales fueron unidades militares compuestas por voluntarios extranjeros de más de 50 países que participaron en la Guerra Civil Española junto al ejército de la Segunda República Española, enfrentándose al bando sublevado contra el gobierno legítimo surgido de las elecciones de 1936.

Según los datos manejados por los estudios realizados en Estados Unidos por el Batallón Abraham Lincoln y por el historiador Andreu Castells, llegaron a participar en total 59.380 brigadistas extranjeros, de los cuales murieron más de 15.000; al mismo tiempo los internacionales no sobrepasaron más el número de 20.000 hombres presentes en los frentes en cada periodo de la guerra. La nacionalidad más numerosa fue siempre la francesa, con una cifra cercana a los 10.000 hombres, buena parte de ellos de la zona de París. La mayoría no eran soldados, sino trabajadores reclutados voluntariamente por los partidos comunistas ( Comintern) o veteranos de la Primera Guerra Mundial.

Su base se encontraba en la Base Aérea de Los Llanos, en Albacete. Las Brigadas participaron en la defensa de Madrid en 1936, las batallas del Jarama, Guadalajara, Brunete, Belchite, Teruel, Aragón y el Ebro, siendo retiradas a partir del 23 de septiembre de 1938, a fin de modificar la posición ante la intervención extranjera del Comité de No Intervención.

Historia

Antecedentes

Las Brigadas Internacionales no fueron, al contrario de lo que se suele creer, ni los primeros ni los únicos voluntarios extranjeros que partieron a luchar a España en favor de la República. Ya antes de su formación (en octubre de 1936) había en la Península un número, aunque no muy alto, de soldados extranjeros, que prácticamente desde el día de la sublevación estaban participando en la contienda. Algunos de ellos ya residían en España antes del golpe del 18 de julio y procedían mayoritariamente de países con gobiernos fascistas (o pseudo fascistas), de donde se habían visto obligados a exiliarse por su militancia progresista, socialista, comunista o anarquista. Por esta razón, los dos principales países de origen de estos primeros voluntarios extranjeros fueron Alemania e Italia. De este primer grupo de combatientes extranjeros que ya vivían en España al estallar la guerra, se encontraban, como dos de los más conocidos, el novelista francés André Malraux y el socialista y antifascista italiano Fernando De Rosa Lenccini, que años antes había atentado contra Humberto II de Italia.

También hubo otro grupo de extranjeros que a partir del 18 de julio fue llegando a España por sus propios medios y se incorporó al bando republicano por simple simpatía política hacia el Frente Popular. Pero si es difícil dar cifras sobre los soldados que conformaron las Brigadas Internacionales, mucho más aún, por la inexistencia de documentos oficiales, lo es cifrar a los extranjeros que llegaron antes de octubre de 1936.

En tercer lugar, es destacable la incorporación a las filas del bando republicano de los participantes en las olimpiadas populares. Esta competición, organizada por grupos políticos de izquierda, se estaba celebrando en Barcelona en el verano de 1936 como contrapartida a las olimpiadas oficiales que se disputaban en Berlín bajo el gobierno de Adolf Hitler, y en ella tomaban parte deportistas de diversos países del mundo. Muchos de estos atletas se sumaron a las luchas callejeras de Barcelona, participaron en el levantamiento de barricadas y en la ocupación del Hotel Colón. La mayoría de los participantes, cuyo número oscilaba entre 174 y 300, regresó a sus respectivos países el día 24 de ese mismo mes de julio, tras haber sido protagonistas durante la primera semana de la guerra. Precisamente, el atleta austriaco Mechter, que murió durante el 19 de julio, es considerado el primer brigadista caído en combate.

Las unidades formadas por estos primeros voluntarios extranjeros se bautizaron con nombres de militares izquierdistas o progresistas del siglo anterior, como Walery Wroblewski, comandante en la Comuna de París, o de figuras políticas de mucho prestigio, como el socialista inglés Tom Mann. En agosto de 1936, entró en combate el batallón Comuna de París, compuesto sobre todo por franceses y belgas al mando de Jules Dumont, en la batalla de Irún.

Muchos de los soldados que conformaban estas unidades voluntarias espontáneas se integraron luego en las Brigadas Internacionales, pero otros muchos, por diversas circunstancias, permanecieron al margen de ellas y combatieron en otras unidades del Ejército Popular de la República. Numerosos extranjeros no se integraron en las brigadas debido, principalmente, a discrepancias políticas debido a que las Brigadas empezaron organizadas y promovidas por el Partido Comunista Francés (de donde salieron los primeros oficiales brigadistas), lo cual causaba que extranjeros de filiación socialistas, anarquistas, o marxistas ajenos al comunismo, prefirieran enrolarse en otras unidades.

En algunos de los casos, algunos extranjeros lucharían integrándose en unidades del POUM o de otras organizaciones de izquierdas disidentes de la Comintern. Relacionado con esta cuestión, y tras las Jornadas de Mayo de 1937 en Barcelona, el gobierno republicano ordenó el 19 de junio de 1937, por un decreto puesto en marcha por Vicente Rojo Lluch siguiendo órdenes del entonces ministro de Defensa Indalecio Prieto "que todos los extranjeros que prestan servicio al ejército, quedaban encuadrados en las Brigadas Internacionales". Esta orden no fue cumplida por muchos soldados extranjeros, que lucharon hasta el final de la guerra en unidades ajenas a las de los brigadistas.

Creación

Las Brigadas Internacionales no se formaron espontáneamente como sostuvo la Internacional Comunista, sino que fue ella quien las organizó (a partir de la decisión tomada por su Secretariado el 18 de septiembre de 1936 en Moscú, a instancias de Stalin), además del reclutamiento y de los aspectos organizativos se encargaron dirigentes del Partido Comunista Francés, encabezados por André Marty. Pero la inmensa mayoría de sus integrantes sí fueron verdaderamente "voluntarios de la libertad" (como decía la propaganda republicana) llegados desde los países con gobiernos fascistas o autoritarios, como Alemania, Italia o Polonia, pero también de los países democráticos como Francia (que aportó el mayor número de brigadistas, unos 10.000), Reino Unido o Estados Unidos (con el famoso batallón Abraham Lincoln que llegó a finales de 1936 y cuya entrada en combate se produjo en la batalla del Jarama en febrero de 1937). Así pues, las Brigadas Internacionales no eran el "Ejército de la Comintern", un instrumento de la política de Stalin, como aseguraba la propaganda del bando sublevado.[2]

De todos los países del mundo, gente obrera como yo han venido a España a parar al fascismo. Así, aunque estoy a miles de millas de ti, estoy luchando para protegerte a ti y a todos los niños de Inglaterra, así como a la gente de todo el mundo.

Ubicación de los grupos de voluntarios internacionales entre julio y octubre de 1936.

El Gobierno de la República, presidido por el socialista Francisco Largo Caballero desde el 4 de septiembre de 1936, en principio fue reticente a aceptar la propuesta, considerando que las Brigadas estaban siendo formadas y regidas por la Comintern y su partido afiliado en España, el PCE. La opinión del bando republicano cambiaría en octubre cuando el avance de los sublevados hacia Madrid evidenciaron la crítica situación militar de la República, lo cual hacía urgente reclutar la mayor cantidad posible de soldados.

Las movilizaciones en favor del reclutamiento para las Brigadas Internacionales se extendieron por toda Europa y luego por Estados Unidos, pero en países como Alemania e Italia se identificaron como el primer paso para combatir al fascismo y al nazismo, que ya habían establecido dictaduras en ambos Estados. Los primeros brigadistas llegaron a Albacete el 14 de octubre de 1936. Las primeras Brigadas formadas (XI, XII y XIII) estaban compuestas mayoritariamente por franceses, belgas, italianos y alemanes voluntarios. Dentro de cada brigada se constituyeron batallones, generalmente de miembros de la misma nacionalidad para facilitar las comunicaciones entre los integrantes.

La sede internacional de reclutamiento se estableció en París bajo la dirección del Partido Comunista de la Unión Soviética y el Partido Comunista Francés. Desde el gobierno republicano se tramitaba la documentación necesaria para el recluta, se hacía llegar estos documentos a París, y desde allí se embarcaba a los voluntarios que llegaban vía ferrocarril a Barcelona desde toda Europa. Posteriormente, el gobierno republicano los remitía a Albacete, donde la Comintern había establecido el cuartel general y el centro de entrenamiento de las Brigadas Internacionales.

Monumento a las Brigadas Internacionales en la plaza de la Universidad de Albacete ( España), ciudad donde se encontraba el cuartel general.

El 23 de octubre, Francisco Largo Caballero crea la División Orgánica de Albacete con un Comité de Organización encargado de asistir de manera centralizada a los voluntarios que llegaban del extranjero. El líder comunista francés André Marty, secretario general de la Comintern y hombre de la plena confianza de Stalin al parecer, es nombrado Jefe de la Base de Albacete. Los voluntarios que llegaban iban destinados luego a distintas poblaciones: La Roda, Tarazona de la Mancha, Villanueva de la Jara y Madrigueras eran los lugares de mayor concentración.

En el centro de entrenamiento de Albacete se organizaron las cinco brigadas numeradas de la XI a la XV. La XI, mandada por el general soviético Kléber, y la XII, mandada por el escritor húngaro Máté Zalka "Lukács", tuvieron un papel destacado en la batalla de Madrid.[2] Los voluntarios canadienses formaron el Batallón Mackenzie-Papineau (los Mac-Paps). También hubo un pequeño grupo de pilotos estadounidenses que formaron el Escuadrón Yankee, liderado por Bert Acosta. Hubo brigadistas famosos, escritores y poetas como Ralph Fox, Charles Donnelly, John Cornford o Christopher Caudwell que describirían sus experiencias en el frente.

El historiador hispanista inglés Hugh Thomas, en su obra clásica sobre la Guerra Civil Española cifró el número de brigadistas que combatieron en España en unos 40.000, muy lejos de los 100.000 que daba la propaganda franquista para hinchar la influencia del Comunismo Internacional. Estudios más pormenorizados y recientes sitúan la cifra en algo menos de 35.000, no muy lejos por tanto de la cifra estimada por Thomas. Lo que también está demostrado es que nunca hubo más de 20.000 combatientes a la vez y que murieron en combate unos 10.000.[3]

Acciones de guerra

Monumento La Mano del artista Liss Eriksson, instalado en Estocolmo en homenaje a los brigadistas suecos.

Las primeras operaciones de combate en las que participaron las brigadas (en concreto las números XI, XII y XIV) fueron en la Batalla de Madrid a partir del 4 de noviembre de 1936 hasta febrero de 1937, durante la primera ofensiva del ejército sublevado, que ya ocupaba Getafe y Leganés.

Con 1.550 hombres y mujeres (1.628 según los archivos soviéticos), se instaló el cuartel general en la Facultad de Filosofía y Letras, siendo las unidades brigadistas muy activas en los alrededores de la Casa de Campo, donde se enfrentaron al general Varela en los accesos desde la carretera de Valencia, la defensa de la Ciudad Universitaria y los accesos a la sierra de Guadarrama, en un amplio despliegue que los llevaba en algunas ocasiones a combatir en las puertas de Getafe.

La XV Brigada compuesta principalmente por unidades de rusos, norteamericanos y británicos se enfrentó a las tropas sublevadas que pretendían conquistar Madrid desde el 6 de febrero de 1937 en la Batalla del Jarama, donde los brigadistas británicos y estadounidenses tendrían un rol destacado. También participó en la contención de la ofensiva rebelde y capturó prisioneros, manteniendo enfrentamientos hasta el día 27 inclusive.

Durante la Batalla de Guadalajara iniciada por tropas italianas del Corpo Truppe Volontarie el 9 de marzo de 1937 para tratar de penetrar desde el norte en Madrid, las tropas republicanas hicieron frente a un ejército de 30.000 hombres, 80 carros de combate y 200 piezas de artillería. En el escenario se encontraron combatiendo la XI y XII Brigadas Internacionales, que sufrieron gran cantidad de bajas.

En la Batalla de Belchite tomaron parte las brigadas XI y XV desde el 26 de agosto hasta el 10 de setiembre de 1937. Los escasos resultados obtenidos por el bando republicano y la desconfianza del ministro socialista Indalecio Prieto hacia las Brigadas ocasionó que, poco después de acabada la lucha en Belchite, el gobierno republicano emitiera diversos decretos destinados a integrar a las Brigadas dentro del esquema organizativo del Ejército Popular Republicano, restando poder de decisión a la Comintern y al PCE, y tratando de colocar a los brigadistas bajo mando directo de militares profesionales españoles. Tales intentos chocaron con la oposición de la Comintern, quien con el apoyo del PCE y del gobierno de la Unión Soviética (casi único suministrador de armas a la República), logró mantener a las Brigadas bajo su control.

En la ofensiva republicana que se realizó en diciembre de 1937 en la Batalla de Teruel, que tenía como fin desviar la presión de los sublevados sobre el frente norte, participaron todas las Brigadas Internacionales (ya muy mermadas), excepto la XIV. De cara a las sesiones del Comité de No Intervención, el gobierno republicano mantuvo que serían sólo las tropas españolas las que lucharían, pero esto pronto se demostró como una falsedad cuando el 7 de diciembre llegó la orden a la base brigadista en Albacete de que los soldados en descanso partiesen hacia Aragón.

Los brigadistas tuvieron también un importante papel en los grupos de guerrilleros que se infiltraron tras las líneas antes de la batalla para sabotear las comunicaciones enemigas.[ cita requerida] La reconquista de Teruel por parte de los franquistas en febrero del 38 costó un altísimo número de bajas, especialmente a la XI Brigada.

No obstante, la Ofensiva de Aragón iniciada en marzo de 1938 significó una dura prueba para las Brigadas Internacionales, en tanto la severa derrota republicana en estos combates generó también un elevado número de bajas entre los brigadistas. Durante la Batalla de Caspe, las brigadas tuvieron un destacado papel en la defensa de la localidad, donde se habían concentrado un importante número de unidades internacionales y republicanas.[4] A partir de abril de 1938 y ante la extrema dificultad de cubrir las bajas de los combatientes extranjeros, las Brigadas se reorganizarían incorporando un gran número de reclutas españoles, con lo cual la proporción de extranjeros empezó a ser minoritaria en casi todos los batallones.

La marcha de las Brigadas

Reorganización de las Brigadas Internacionales entre mayo y julio de 1938.[5]

Durante 1938 se suceden los intentos para poner fin a la Guerra Civil Española desde los organismos internacionales, como la Sociedad de las Naciones, ante el evidente fracaso del Comité de No Intervención para detener el conflicto.

Tras la grave derrota sufrida en abril por la Ofensiva de Aragón, la República era consciente de su debilidad, y el presidente del gobierno Juan Negrín juega la baza de apostar por un proceso de pacificación, emitiendo con ocasión del 1 de mayo de 1938 un posible acuerdo basado en trece puntos conocidos como los Trece puntos de Negrín ante la opinión pública internacional, entre los que se incluía la retirada de todas las fuerzas compuestas por extranjeros que estuvieran presentes en el conflicto español.

Esto se unía a una intensa labor diplomática encabezada por Manuel Azaña, en la que se mostraba a Francia y Reino Unido la conveniencia de tener un fuerte aliado en el sur ante los acontecimientos que se precipitaban en Europa tras la amenaza dirigida contra Checoslovaquia por Hitler. La desfavorable situación bélica y estratégica de la República (desde el 15 de abril quedó cortada en dos la zona republicana) causó que Francia y Reino Unido no mostrasen entusiasmo por la propuesta de Negrín, e inclusive la prensa de la Unión Soviética, bajo control gubernamental, admitía seriamente la posibilidad de que Franco triunfase en España.

El gobierno republicano presidido por Juan Negrín dispuso que en la ofensiva republicana de la Batalla del Ebro participasen las Brigadas Internacionales, y efectivamente ello sucedió a partir del 25 de julio, interviniendo las Brigadas como tropas de choque. No obstante, el estancamiento de la ofensiva republicana desde mediados del mes de agosto y la severidad de los contraataques sublevados causaron nuevas bajas entre los combatientes extranjeros de las Brigadas.

En 1938, el número de brigadistas se había reducido ostensiblemente (quedaba un tercio aproximadamente) y el 21 de septiembre de ese año, el presidente del gobierno republicano Juan Negrín anunció ante la Asamblea general de la Sociedad de las Naciones en Ginebra, la retirada inmediata y sin condiciones de todos los combatientes extranjeros que luchaban en el bando republicano con la esperanza de que el bando sublevado hiciera lo mismo. Un mes después, el 28 de octubre de 1938, las Brigadas Internacionales desfilaban por última vez por las calles de Barcelona en un acto encabezado por el presidente de la República Manuel Azaña y el presidente del gobierno Juan Negrín al que asistieron unas 250.000 personas. Por esas mismas fechas, Mussolini retiró unos 10.000 soldados del Corpo Truppe Volontarie "como gesto de buena voluntad" hacia el Comité de No Intervención, pero unos 30.000 soldados italianos siguieron combatiendo en el bando sublevado hasta el final de la guerra.[2]

El Gobierno de la República comunicó oficialmente a la Sociedad de las Naciones y al Comité de No Intervención su firme compromiso en la retirada de las Brigadas Internacionales cuando ya se había estancado mucho el avance de las tropas republicanas en la[Batalla del Ebro y cuando había empezado una severa lucha de desgaste en ese frente de combate.

Para esta fecha se había tornado casi imposible el reclutamiento de soldados extranjeros para las Brigadas Internacionales, debido a los intermitentes cierres de la frontera realizados por Francia, que impedían el libre paso de voluntarios, considerando además que el gobierno socialista de Léon Blum (favorable a la República) había dejado el poder en Francia en junio de 1937 y sus sucesores derechistas procedieron a cierres intermitentes de la frontera hispano-francesa.

Asimismo, las pugnas internas entre el PCE y el POUM habían desalentado el reclutamiento de extranjeros en las Brigadas desde los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona pues después de estos hechos, muchos voluntarios extranjeros no comunistas optaban por acudir a España para unirse a otras unidades del Ejército Popular de la República y no a las Brigadas. Por su parte, los partidos comunistas afiliados a la Comintern carecían de más militantes en condiciones de ser enviados a España, lo cual impedía cubrir las bajas sufridas por las Brigadas.

Por todos estos factores, las Brigadas Internacionales habían reducido mucho su número tras la derrota en Aragón: los extranjeros de las Brigadas sumaban menos de 10,000 hombres en toda la España republicana al empezar la Batalla del Ebro, sumando en dicha cifra inclusive a los servicios de no combatientes (médicos, técnicos, etc.). Para entonces en casi todos los batallones de las Brigadas, la mayoría de la tropa era española, reclutada para llenar los vacíos dejados por extranjeros.

Desfile de despedida de las Brigadas Internacionales en Barcelona.

La propuesta de retirar las Brigadas llegó al bando sublevado, si bien Franco comunicó "oficiosamente" que era tarde ya para cualquier acuerdo con el bando republicano, en tanto las tropas rebeldes contaban con una situación militar mucho más ventajosa tras su triunfo en Aragón. De todas formas, el Gobierno de la República consumó el proceso de desmovilización esperando que la buena voluntad sirviera para que las potencias europeas (neutrales o no) presionaran a Franco. Para esa fecha el valor bélico de las Brigadas se había reducido bastante, y su valor propagandístico tampoco resultaba relevante para la Comintern tras publicitarse las pugnas con el POUM y en menor medida con el PSOE. La Unión Soviética también apoyaba la retirada de las Brigadas, al desear que numerosos militantes comunistas (sobre todo los integrados en los mandos de las Brigadas) abandonaran España al hacerse cada vez más posible un triunfo de Franco.

El 23 de septiembre de 1938, los brigadistas vivieron su último día de combate, pero no sería hasta el 27 de octubre que los internacionales del Ejército del Centro y de Levante, unos 1.500 hombres, serían reagrupados en Valencia. Al día siguiente ocurrió igual con los brigadistas de Cataluña, que fueron reunidos en Barcelona.

El Ejército Popular les brindó en esa ciudad un gran homenaje bajo el lema: Caballeros de la libertad del mundo: ¡buen camino! El mayor de los homenajes que se les rindió, fue el desfile celebrado en Barcelona el 28 de octubre de 1938. Toda la ciudad amaneció con pancartas y carteles alusivos a las Brigadas Internacionales. Ante Companys, Azaña, Negrín, Vicente Rojo y más de 300.000 personas, los internacionales desfilaron por la Avenida del Catorce de Abril (actual Avenida Diagonal), en un ambiente altamente emotivo, con un histórico discurso de Dolores Ibárruri.

Hubo actos similares de homenaje en Valencia y Madrid. Tras un desfile en el que la gente los despidió con aplausos, llantos y cubriendo la calzada de rosas, después de un espectacular despliegue de cazas republicanos en los cielos de Barcelona, los brigadistas estaban listos para partir. Para esto fueron concentrados en diversas localidades catalanas, de acuerdo a su unidad de origen y nacionalidad.

Tras la retirada

La mayoría de los menos de diez mil brigadistas supervivientes a la guerra trataron de volver a sus países. Muchos de ellos no tendrían problemas (franceses, británicos, estadounidenses), pero otros muchos se verían con situaciones difíciles: los italianos, alemanes, austriacos, suizos, búlgaros y canadienses se vieron entre la espada y la pared. Formalmente eran expulsados de España pero, o serían detenidos en sus países al regreso debido que en ellos gobernaban el fascismo y el nazismo, o bien se arriesgaban a la cárcel porque habían salido sin autorización para servir en un ejército extranjero, o porque sus respectivos gobiernos perseguían a los militantes comunistas, por lo cual muchos brigadistas debieron marchar como exiliados a terceros países.

Reclusión en campos de concentración. Los brigadistas que salen hacia Francia en el mes de febrero junto con los restos del ejército de Cataluña y cerca de medio millón de refugiados, son desarmados y conducidos a campos de concentración en espera de ser repatriados a sus países de origen y encontrar soluciones para aquellos voluntarios de países totalitarios.En la imagen censo de ex brigadistas en el campo francés de St. Cyprien. Feb de 1939.

Algunos brigadistas que no tenían un país al cual volver con seguridad, se refugiaron en casas particulares en Cataluña y otros pasaron la frontera de los Pirineos sólo para quedarse en Francia como exiliados, incluso de modo clandestino. La URSS acogió a algunos brigadistas, pero estos eran exclusivamente líderes comunistas de importancia, mientras que el gobierno soviético rehusaba admitir a militantes comunistas de menor jerarquía, ofreciéndoles a cambio "facilidades" para sobrevivir en el exilio.

Un caso paradigmático fue el de los brigadistas yugoslavos: cuatro de los voluntarios que combatieron en la guerra acabaron dirigiendo los cuatro grupos del Ejército Partisano de Liberación que combatió a los nazis en la Segunda Guerra Mundial: Peko Dapčević el I, Koča Popović el II, Kosta Nađ el III, y Petar Drapšin el IV.[7]

Monumento en homenaje a los brigadistas franceses en el Cementerio del Père-Lachaise de París.

Últimas luchas de los ex brigadistas

Cuando las tropas del bando sublevado lanzaron su campaña en Cataluña el 23 de diciembre de 1938 aún quedaban unos pocos miles de ex brigadistas esperando salir de España; ante el avance franquista estos extranjeros reconstruyeron algunos batallones y ofrecieron de nuevo sus servicios al gobierno republicano. Inicialmente el primer ministro Juan Negrín rechazó este apoyo, pero los antiguos mandos brigadistas (como André Marty) y los líderes del PCE instaron a que los ex brigadistas aún ubicados en España tomaran de nuevo las armas.

Así, en enero de 1939 se formaron improvisados batallones de antiguos brigadistas, mayormente eslavos, italianos, y latinoamericanos, que participaron en las últimas operaciones bélicas del bando republicano antes de la retirada de Cataluña; estos combatientes evacuaron suelo español el 9 de febrero de 1939 junto con los restos del Ejército Popular y varios miles de refugiados civiles. Unos pocos ex brigadistas habían elegido quedarse en la región suroriental de España, aún en poder de la República, encuadrados en unidades militares afectas al PCE; en esa condición lucharon contra el golpe de estado del coronoel Casado a inicios de marzo de 1939, algunos pudieron huir a último minuto junto con la jefatura del Partido Comunista de España, mientras otros acabaron capturados por los franquistas.

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