Brásidas

Brásidas ( griego antiguo Βρασίδας) (†. 422 a. C.) espartiata, fue un brillante general espartano, durante la primera década de la Guerra del Peloponeso.

Era hijo de Télide y Argileonis, y ganó sus primeros laureles por su ayuda a Metone, que fue asediada por los atenienses ( 431 a. C.).

Biografía

Vivaz, elocuente, inteligente y encantador, tanto como valiente. En el primer año de la Guerra del Peloponeso había rechazado una incursión en Mesenia y luego había combatido reciamente en Esfacteria, donde, sin embargo, una herida le puso fuera de acción.

Durante los siguientes años parece que fue éforo epónimo,[1] y en el 429 a. C., fue enviado como uno de los tres comisionados (o'bu/3ovXoi) para asesorar al almirante Cnemo.

Como trierarca, se distinguió en el asalto a la posición ateniense en la Batalla de Pilos ( 425 a. C.), durante la cual fue gravemente herido:

Brásidas obligó a su piloto a encallar el trirreme y se precipitó hacia la pasarela,[nota 1] pero cuando intentaba desembarcar fue rechazado por los atenienses y, cubierto de de heridas, perdió el conocimiento y, al caer en la parte saliente ( parexeiresía) de la nave entre los remeros y la borda, su escudo se le resbaló hasta el mar; sacado a tierra, los atenienses lo recogieron y después lo utilizaron para el trofeo que levantaron en recuerdo de este ataque.

Durante el siguiente año, mientras Brásidas reunía un ejército en Corinto, para una campaña en Tracia.

En el año 424 a. C. asumió la conducción de la guerra. Marchó sobre el istmo de Corinto, frustró un ataque de los atenienses contra Megara y los inmovilizó allí.[2] Inmediatamente después se lanzó rápidamente hacia el Norte, a través de Tesalia a la cabeza de 700 hilotas y 1.000 mercenarios peloponesios y Macedonia, hasta la Calcídica (muy valiosa para los atenienses), para unirse al rey macedonio, Pérdicas.

Se negó a ser una herramienta para las ambiciones de Pérdicas, y Brásidas se puso a trabajar para la consecución de su principal objetivo, y en parte por la rapidez y la audacia de sus movimientos, y en parte por su encanto personal, y la moderación de sus exigencias, tuvo éxito, durante el curso del invierno, sobre las importantes ciudades de Acanto, Estagira, Anfípolis y Torone y también sobre varias poblaciones menores.

Los atenienses no se percataron enseguida del peligro. Intentaron invadir Beocia, pero fueron totalmente derrotados por los tebanos en Delio, en la costa que está frente a Eubea, y renunciaron a toda tentativa de convertirse en una potencia territorial.
Entonces se enteraron de lo que estaba ocurriendo en la Calcídica. Brásidas, mediante su tacto y su diplomacia, además de la ayuda que le prestó Pérdicas de Macedonia, persuadió a una ciudad tras otra a que se rebelaran. Finalmente, él mismo avanzó sobre Anfípolis.

Anfípolis había sido fundada por Atenas sólo trece años antes. El historiador Tucídides estaba a cargo de la defensa de Anfípolis, pero no se hallaba allí en ese momento. Regresó rápidamente tan pronto como tuvo noticia del asedio, pero no llegó a tiempo.
Anfípolis se rindió rápidamente, al ofrecérsele unos términos de rendición sumamente generosos. No se podía culpar a Tucídides de la habilidad de Brásidas como negociador, pero los enfurecidos atenienses necesitaban un chivo expiatorio y Tucídides fue exiliado. (Y debemos dar gracias por ello, ya que de otro modo no dispondríamos de su Historia de la Guerra del Peloponeso).

Ahora era Atenas la que estaba deseosa de paz, y logró obtener una tregua de un año. Pero Brásidas desempeñó el papel de un Cleón espartano. Pensó que la guerra debía continuar hasta completar la victoria espartana. Así, continuó con las operaciones para exasperación de los atenienses, y la tregua fracasó.
Los atenienses recurrieron a Cleón. Había sido el gran general que había tomado Esfacteria y capturado 120 espartanos. ¿No podría hacer algo con Brásidas? En 422 a. C., Cleón se vio obligado a conducir un ejército al Norte. Logró algunos éxitos, pero cuando intentó atacar Anfípolis, se puso claramente de manifiesto la superior capacidad de Brásidas. Su estrategia superó a Cleón y obtuvo una victoria. En la batalla, Cleón recibió la muerte, pero en cierto modo continuó su buena suerte, pues también Brásidas fue muerto en el combate. Así murieron los líderes belicistas de ambos bandos y, finalmente, quedaba expedito el camino para la paz, que fructificó en la llamada Paz de Nicias, en el 421 a. C.

Brásidas recibió el excepcional honor de ser enterrado en el interior de los muros de Anfípolis, y su tumba acogía sacrificios anuales como los de un héroe.

Tucídides alabó la elocuencia de Brásidas, facultad inusual en los lacónicos espartanos. Platón lo comparó con el legendario guerrero Aquiles.[3]

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