Bosques de la península ibérica

Bosque de alcornoques en el sur de Portugal ( Algarve).
Ocupación potencial de los bosques ibéricos.
Bosques de España según el Instituto Geográfico Nacional de España (IGNE).

Los bosques de la península ibérica se encuadran dentro de dos grandes regiones de flora y vegetación; cada una de ellas, caracterizada por una serie de plantas y comunidades vegetales que le son propias, además de poseer otras muchas en común. La separación entre estas dos regiones no es clara ni tajante; existe una influencia mutua, que hace muy difícil establecer unos límites precisos: algunas especies tienen su óptimo precisamente en estos espacios intermedios.

Según un estudio elaborado por la Sociedad Española de Ciencias Forestales en septiembre de 2009, en España hay 17 804 millones de árboles, y cada año crecen una media de 284 millones más.[3]

Origen y características

La flora de la península, por sus condiciones bio-históricas, geográficas, geológicas, orográficas, etc., es una de las más ricas y variadas de toda Europa, comparable a la de países mediterráneos como Grecia e Italia e incluso de mayor diversidad; se calcula que incluye más de 8000 especies de plantas, muchas de ellas exclusivas ( endemismos).

El Mediterráneo ha estado sometido en el pasado a grandes alteraciones de clima y vegetación, unido a unas variaciones, a veces muy grandes, en el nivel del mar y a variaciones en las posiciones relativas de las masas continentales (placas europea y africana). Con la entrada de plantas y el aislamiento, debido a las fluctuaciones marinas o a las periódicas glaciaciones, se puede encontrar una variada diversidad de especies vegetales.

La península ibérica, situada en una importante vía de paso entre África y Europa, se vio enriquecida con la llegada, según cambiaba el clima, de plantas esteparias, termófilas, xerófilas, orófilas, boreo-alpinas, etc., muchas de las cuales lograron mantenerse después, gracias a la diversidad de medios que existen en las cadenas montañosas, que les permiten subir en altitud si el clima se va haciendo más cálido, o descender si se vuelve más frío. La complejidad geológica de la mayoría de las montañas ibéricas, especialmente de las Béticas, Sistema Ibérico y Pirineos, aumentó aún mucho más el número de nuevos medios a que adaptarse e hizo posible la diversidad y riqueza de la flora actual.

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