Bombardeo de la Plaza de Mayo

Bombardeo de la Plaza de Mayo
Plaza-Mayo-bombardeo-1955.JPG
Lugar Bandera de Argentina Ciudad de Buenos Aires, República Argentina
Coordenadas 34°36′30″S 58°22′19″O / 34°36′30″S 58°22′19″O / -58.37194444
Blanco(s) Población civil y simpatizantes del gobierno de Juan Domingo Perón.
Fecha 16 de junio de 1955
12:40 ( UTC-3)
Arma(s) 22  North American AT-6, 5  Beechcraft AT-11,[1]​ 3  hidroaviones de patrulla y rescate Catalina
Muertos 308
Heridos ~800
Perpetrador(es) Militares y civiles antiperonistas
Samuel Toranzo Calderón
Aníbal Olivieri
Benjamín Gargiulo
Juan Carlos Argerich
Miguel Ángel Zavala Ortiz
Motivo Intento de golpe de Estado y magnicidio contra el presidente Juan Domingo Perón
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El Bombardeo de la Plaza de Mayo, también conocido como la Masacre de Plaza de Mayo, fue el bombardeo y simultáneo ametrallamiento aéreo, cometido el 16 de junio de 1955 en la ciudad de Buenos Aires ( Argentina). Ese día, un grupo de militares y civiles opuestos al Gobierno del presidente Juan Domingo Perón intentaron asesinarlo y llevar adelante un golpe de Estado y, si bien fracasaron en su propósito, durante el mismo varios escuadrones de aviones pertenecientes a la Aviación Naval, bombardearon y ametrallaron con munición aérea de 20  mm, la Plaza de Mayo y la Casa Rosada, así como el edificio de la CGT (Confederación General del Trabajo) y la entonces residencia presidencial, matando a más de 308 personas e hiriendo a más de 700, entre civiles y militares (en el bombardeo y los combates que siguieron).[4]

Perón se había retirado al Ministerio de Guerra ―ubicado a 200 metros de la Casa Rosada―, por lo cual no se encontraba en ella al comenzar los ataques aéreos y el intento de asalto por fuerzas de tierra. El desprecio absoluto por la vida humana y la violencia con la cual se ejecutó el hecho, de una magnitud nunca vista anteriormente en Argentina, hacen que se lo vincule con el terrorismo de Estado, aparecido años después en el país.[5]

Posteriormente, la dictadura autodenominada Revolución Libertadora afirmó que «la principal causa de la crecida cantidad de víctimas» fue «la determinación absurda» de la CGT de llamar a sus afiliados a la plaza de Mayo.[6]

En 2010, el Archivo Nacional de la Memoria de la Secretaría de Derechos Humanos publicó una investigación oficial en la que identificó a 308 muertos, aclarando que a esa cantidad debían sumarse «un número incierto de víctimas cuyos cadáveres no lograron identificarse, como consecuencia de las mutilaciones y carbonización causadas por las deflagraciones».[7]

Antecedentes

El 24 de febrero de 1946 se realizaron elecciones en las que Juan Domingo Perón resultó elegido presidente de la Nación Argentina con el 52 % de los votos. El primer Gobierno de Perón se desarrolló con una fuerte oposición antiperonista y contra el poder que alcanzaron los sindicatos, esta oposición fue formada y organizada incluso antes de las elecciones, en la que se combinaban intereses británicos y estadounidenses en la región, confrontaciones de tipo racial y social,[nota 1]​ y sobre la legitimidad democrática.

En 1951 se produjo un primer intento de golpe de Estado, por parte de algunos efectivos del Ejército que contaban con el apoyo de algunos sectores civiles.[ cita requerida] A partir de entonces algunos militares habían permanecido en estado de conspiración latente.[9]

Entre los integrantes de la Marina de Guerra, Perón tenía escaso apoyo.

En 1951, algunos oficiales navales se habían vinculado al intento de Menéndez, pero el Servicio de Inteligencia de la Marina no colaboró para detectarlos.

Los oficiales de la Marina tendían a identificarse, en su gran mayoría, con las clases sociales que Perón denunciaba sin cesar como la oligarquía y miraban con mal disimulada hostilidad sus programas sociales, así como su persona misma.

En 1953, un piloto de la Fuerza Aérea que tripulaba los nuevos aviones a reacción ingleses Gloster Meteor había ofrecido al capitán Francisco Manrique un atrevido plan. Consistía en ametrallar el avión en el que viajaría Perón. El intento falló y un año después n 1954, un grupo de oficiales de la Fuerza Aéreo Naval planificó una emboscada: aprovechar una visita oficial a la Séptima Brigada Aérea de Morón, detener a Perón y fusilarlo, sin embargó Perón faltó a la cita, al llegar un día antes de lo previsto el embajador francés por lo que Perón suspendió su agenda para recibirlo en Casa de Gobierno.[10]

El 15 de abril de 1953, un grupo comando antiperonista realizó un atentado terrorista en la Plaza de Mayo contra una manifestación sindical organizada por la CGT, que dejó como saldo 6 personas muertas y 95 heridos (entre ellos 20 lisiados para toda la vida).[14]

La conspiración de los marinos

Luego del Atentado de 1953 se reactivó la conspiración e incluso se elaboraron dentro de la Marina varios planes que bajo la apariencia de ejercicios de guerra tenían como finalidad prepararse para una futura revolución en la que participara en especial la Base Puerto Belgrano y la flota de mar.[8]

Miguel Ángel Zavala Ortiz, uno de los máximos dirigentes de la Unión Cívica Radical, fue uno de los líderes golpistas.

El capitán de fragata Jorge Alfredo Bassi se embarcó en el rutinario viaje anual de instrucción de la Flota de Mar llevando consigo el último boletín del Centro Naval. Allí leyó un artículo de Mitsuo Fuchida en el que este relataba cómo había planificado y dirigido la primera ola de bombarderos navales en el ataque a Pearl Harbor. De aquí Bassi tomó la idea de hacer una maniobra semejante contra la Casa Rosada.[15]

¡Qué lindo imaginar la Casa Rosada como Pearl Harbor!

Capitán de fragata Jorge Alfredo Bassi, 1953[16]

Al capitán de fragata Francisco Manrique le había interesado la idea y junto a Antonio Rivolta y Néstor Noriega (capitanes de fragata) fueron a pedir ayuda al general Eduardo Lonardi para conseguir que elementos del ejército se plegaran a la revuelta. Lonardi, cuando escuchó el plan de asesinar a Perón bombardeando la Plaza de Mayo, dijo que le desagradaba la idea y que no tenía deseos de participar.[16]

Al poco tiempo se gestó un plan para capturar al presidente en un buque de la Marina. Con motivo de la celebración del día de la independencia, Perón con todo su gabinete, con el jefe de la policía federal y con los presidentes de ambas cámaras legislativas, serían agasajados a bordo del ARA Nueve de Julio.[17]

Los capitanes de fragata Noriega y Bassi eran el centro de la sedición en Punta Indio. El plan de este último, de bombardear la Casa de Gobierno imitando el ataque a Pearl Harbor, aunque carecía de apoyo del Ejército.[18]​ Este era el principal impedimento que tenían para pasar a la acción inmediata.

En agosto de 1954 Raúl Lamuraglia un hombre de negocios quién había financiado la campaña de la Unión Democrática, que enfrentó en las elecciones de 1946 a la formula de Perón, a través de millonarios cheques de Bank of New York que habían tenido como destino sostener el Comité Nacional de la Unión Cívica Radical y a sus candidatos José P. Tamborini y Enrique Mosca. En 1951, el empresario había aportado recursos para apoyar la asonada fallida del general Menéndez, lo que lo llevó a prisión, tras salir en libertad marchó al Uruguay. Sin embargo con las políticas de promoción industrial del peronismo su fortuna se había expandido en una década de crecimiento económico. Esto le permitió comprar un avión de combate en Estados Unidos, un cazabombardero liviano que llevó a Montevideo para llevar adelante la misión de matar a Perón y bombardear la Plaza de Mayo. Tripulado por un aviador naval, Luis Baroja, el cazabombardero volaría hasta la Plaza de Mayo, en pleno acto del peronismo, para ametrallar el balcón donde hablaría Perón. Lamuraglia se reunía frecuentemente con referentes del Partido Colorado de Uruguay. Días antes de concretar el plan se encontró secretamente, en 1954, con el presidente Batlle Berres y el empresario argentino Alberto Gainza Paz en su residencia veraniega de Punta del Este, quienes le ofrecieron apoyos para el plan de magnicidio. Instalado de nuevo en Buenos Aires, el empresario radical Lamuraglia ofreció su quinta de en Bella Vista para organizar la conspiración y se comprometió a financiar un futuro golpe,[21]

En diciembre de 1954 el movimiento incorporó definitivamente al grupo subversivo de civiles guiado por Walter Viader,[8]

En cuanto a la Fuerza Aérea, el comandante Dardo Eugenio Ferreyra logró comprometer el apoyo del capitán Julio César Cáceres, primer teniente Carlos Torcuato de Alvear (nieto), así como de unos pocos vicecomodoros y brigadieres retirados. Sin embargo, los interrogatorios del servicio de informaciones interno de la Fuerza Aérea, alertaron a los complotados de las sospechas que se levantaban contra ellos, y abandonaron todo contacto con los marinos.[28]

El domingo 23 de abril de 1955, el general Justo León Bengoa, que había viajado a Buenos Aires, se reunió con Toranzo Calderón y le prometió su apoyo. A partir de entonces varios oficiales viajaron regularmente entre Paraná y Buenos Aires para organizar los preparativos.[30]

Los tenientes primeros de la Fuerza Aérea, Carlos Enrique Carús y Orlando Arrechea integraron en el complot a muchos oficiales de la VII Brigada Aérea de Morón que también participarían del ataque. Finalmente, varios grupos de civiles identificados por una cinta blanca anudada al brazo, tendrían por misión neutralizar la operatoria de la CGT, la Alianza Libertadora Nacionalista, y varias estaciones de radio. Los rebeldes consideraban que todo podía llegar a estar listo para dar el golpe cerca del 9 de julio.[31]​Un simulacro aéreo oficial, previsto en la ciudad de Bariloche, fue aprovechado para realizar el traslado administrativo de los explosivos desde la base aérea Comandante Espora, de Bahía Blanca, hacia Punta Indio y Ezeiza.

La Séptima Brigada Aérea de Morón era un objetivo militar de la conspiración. En este caso, la toma era más delicada. Había oficiales aeronáuticos interesados en que el gobierno cayera, pero muchos aviadores eran leales por disciplina. El control de la brigada permitiría tomar los aviones caza de propulsión a reacción Gloster Meteor. Con sus cañones de veinte milímetros —cada munición contenía la energía de una granada—, el aparato le agregaba versatilidad y eficiencia al poder aéreo de los rebeldes. Además, la toma de Morón bloqueaba la posibilidad de una respuesta inmediata. Era la base aeronáutica más próxima a la Capital.[32]

En la madrugada del 10 de junio, Toranzo Calderón y Pablo Pardo partieron hacia el Litoral en el auto del escribano Raúl Medina Muñoz. El 11 pudieron reunirse con el general Bengoa y acordaron qué causas invocarían para su acción: el «estado de guerra interno» que regía desde el alzamiento de Benjamín Menéndez en 1951. No pusieron una fecha, más bien, Bengoa se comprometió a estar siempre alerta y movilizar todos sus efectivos apenas se conociera la noticia del alzamiento de la Armada.[33]

Muchos capitanes, impacientes, incitaban a Toranzo a atacar cuanto antes. No se sabía qué reacción tendrían los elementos del ejército radicados en Buenos Aires, ni tampoco qué clase de apoyo u oposición les daría el superior directo de Toranzo, vicealmirante Benjamín Gargiulo, quien estaba al tanto de la existencia de una trama conspirativa pero no daba señas de querer interferir.[34]

Hay muchos que desean que la Iglesia sea independiente del Estado; otros, que la Iglesia esté en el Estado, como actualmente. Lo justo es esperar la elección y que la mayoría del pueblo sea la que decida, y no decidir por la violencia.

Juan Domingo Perón,[35]

El 11 de junio se produjo la gran movilización opositora que reunió 250 000 manifestantes [39]

La Policía Federal denunció que la bandera argentina fue quemada durante la procesión. Al día siguiente se publicaría en los diarios la fotografía de Perón y Ángel Borlenghi (ministro del Interior) mirando los restos de la bandera quemada. El 30 de junio,[43]​ El lunes 13 de junio ambas cámaras del Congreso entraron en sesión extraordinaria para repudiar la quema de la bandera.

El 14 de junio en un mensaje a la multitud reunida en la Plaza del Congreso, Perón expresó:

Desagraviar nuestra bandera en nuestros días tiene para mí el más profundo significado. Las banderas tienen, según las patrias y las comunidades que representan, el reflejo del espíritu de un tiempo y de una época. Nuestra bandera [...] no debió ser agraviada por los hombres.

Juan Domingo Perón[nota 3]

El Gobierno organizó un acto de desagravio a la bandera nacional, que se realizaría tres días después, el jueves 16 de junio. El ministro de Aeronáutica, brigadier mayor Juan Ignacio de San Martín, dispuso que la aviación testimoniara su adhesión al presidente de la República, desagraviando a la vez la memoria del general José de San Martín. Para esto decidió que una formación de aviones sobrevolaría la Catedral de Buenos Aires, donde descansan los restos del Libertador. El anuncio del desfile reunió en Plaza de Mayo a un numeroso público. Se trataba de un acto cívico-militar en solidaridad con el Gobierno frente a los embates de la oposición.[44]

Los servicios de información

Mientras ocurrían estos hechos el contralmirante Toranzo Calderón fue advertido por el Servicio de Inteligencias Navales de que su implicancia personal en el movimiento había sido descubierta por el Servicio de Informaciones de la Fuerza Aérea (organismo que simpatizaba con Perón) por lo cual, ante el temor de ser arrestado y puesto a disposición del Poder Ejecutivo, decidió apresurar una acción militar contundente.[45]

Días anteriotes comandantdos ultracatólicos (llamados “palomas”) convocaron a la acción armada. Previamente negociaron un crédito con la Sociedad Rural para que financie actividades desestabilizadoras, como sabotajes a la red eléctrica, a los cables de la empresa telefónica Entel, disparos a las ruedas de camiones de bomberos y ambulancias, días antes represantantes de la UCR y comandos civiles viajaron a Uruguay entrevistandose con Emilio Eduardo Massera, Horacio Mayorga, Oscar Montes, y Osvaldo Cacciatore.[46]

La noche del 15 de junio de 1955, el Ministro de Guerra, general Franklin Lucero, fue informado por su aide-de-camp de que se produciría una rebelión en las primeras horas del día siguiente, pero Lucero no le dio crédito a la noticia ni la informó a Perón.[48]