Bloqueo Continental

Bloqueo Continental (también conocido como Sistema Continental) fue la base principal de la política exterior del emperador Napoleón I de Francia en su lucha contra el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda. Consistió en un sistema económico y comercial impuesto por Francia por el cual se excluía a Gran Bretaña de todo intercambio mercantil con el resto de Europa, con la esperanza de arruinarla financieramente.

Europa en 1811.
Coloraciones indicando (de azul más oscuro hacia el celeste) :
- Primer Imperio francés,
- Estados Satélites de Francia,
- Países en los que se aplicó el Bloqueo Continental.

Justificación del Bloqueo

Napoleón Bonaparte fue un general exitoso y probablemente hubiera derrotado a los británicos de haber podido desembarcar sus tropas en Inglaterra. Sin embargo, le fallaron los medios para enfrentarse a la Royal Navy. Sus planes de invasión fueron abortados por la batalla de Trafalgar en 1805 (y muy probablemente ya hubieran sido descartados por el Emperador en julio de ese mismo año, tras la batalla del Cabo Finisterre y la posterior retirada de Villeneuve con la flota combinada a Cádiz), por lo cual la marina de guerra francesa había sufrido graves pérdidas y no estaba en condiciones de intentar un desembarco en las islas británicas, al no tener la cantidad y calidad de buques suficientes para enfrentarse con éxito a la Royal Navy británica. En lugar de la estrategia militar, Napoleón optó entonces por la estrategia de guerra económica, apreciando que gran parte de la fortaleza nacional británica estaba basada en su floreciente comercio internacional.

Como resultado de los primeros inicios de la revolución industrial, la economía británica había surgido con fuerza en Europa en el papel de exportadores de productos manufacturados, ocupado así el lugar de principales productores industriales y proveedores de manufacturas al resto de Europa y al mundo, lo cual les hacía en principio vulnerables a un embargo comercial. Muchos otros países europeos poseían industrias bien establecidas a fines del siglo XVIII, pero ninguno de ellos (ni siquiera Francia, su más cercana competidora), tenía una producción industrial tan numerosa y variada como la británica.

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