Bifaz

Primer bifaz publicado en la historia de la Arqueología, por John Frere (año 1800).

Un bifaz[1] es una herramienta lítica prehistórica de cronología muy larga, pero que caracteriza, sobre todo, una etapa de la Edad de Piedra: el Achelense (se encuentra también, además, en el Paleolítico Medio e, incluso, con posterioridad). Su nombre le viene de que el modelo arquetípico sería una pieza de talla, generalmente, bifacial (esto es, con dos caras), de morfología almendrada y tendente a la simetría según un eje longitudinal y según un plano de aplastamiento. Los bifaces más comunes tienen la zona terminal en punta y la base redondeada, lo que les da su forma tan representativa, que se añade a la talla bifacial que cubre ambas caras total o parcialmente.

Los bifaces fueron las primeras herramientas prehistóricas reconocidas como tales: en el año 1800 aparece la primera representación de un bifaz, en una publicación inglesa de la mano de John Frere.[5]

No obstante, dado que estas primeras definiciones del bifaz se basaban sólo en piezas ideales (o clásicas), de talla tan perfecta que llamaban la atención incluso de los no entendidos, durante años se ha tenido una noción demasiado encajonada del objeto. Con el tiempo, la profundización en el conocimiento de este tipo lítico ha implicado una ampliación de sus fundamentos, distinguiéndose entre un bifaz propiamente dicho y una pieza lítica bifacial; de hecho, tal como se entiende hoy día, un bifaz no siempre es una pieza bifacial y hay multitud de piezas bifaciales que no son en absoluto bifaces.[7] aunque, asimismo, admite que ciertos objetos posteriores pueden excepcionalmente ser denominados bifaces (Benito del Rey, op. cit., 1982, página 305 y nota 1).

Tampoco debe identificarse bifaz con hacha, desafortunadamente el vocablo hacha ha sido, durante mucho tiempo, una palabra comodín en tipología lítica para una gran diversidad de utensilios líticos; sobre todo en una época en la que se ignoraba la verdadera utilidad de muchos de ellos. En el caso concreto del bifaz paleolítico, hacha es un término inadecuado. Ya se indicó en los años 60: «hay que rechazar[lo] como interpretación errónea de esos objetos que no son "hachas"».[9]

Politetismo

Es cierto que el modelo de bifaz más característico y repetido presenta, en su extremo terminal, una zona apuntada u ojival, filos cortantes laterales y una base más o menos redondeada (es decir, los bifaces de morfología lanceolada y los amigdaloides, así como otros de la misma «familia»). Sin embargo, el bifaz es un instrumento cuya forma puede variar mucho, ya que los hay circulares, triangulares, elípticos, etc. Su tamaño medio oscila entre 8 y 15 centímetros, aunque los hay más grandes y más pequeños.

Bifaz achelense muy típico.

Tecnológicamente, se caracterizan por que se fabrican sobre canto, bloque o lasca, por medio de una hechura bifacial, con negativos de lascados que, por lo común, invaden la pieza en sus dos caras. Esta talla puede realizarse con percutor duro (de piedra), pero puede completarse, para obtener resultados más finos, con percutor blando (de cuerna). Sin embargo, en el aspecto tecnológico el bifaz también presenta numerosas excepciones: por ejemplo, los llamados monofaces están tallados por una sola cara y los bifaces parciales conservan una gran porción de la corteza natural del soporte, con lo que a veces es fácil confundirlos con cantos tallados; y los «bifaces de economía», al estar tallados sobre soportes muy adecuados (generalmente lascas), apenas se elaboran con unos pocos retoques.

En resumen, a pesar de que el bifaz es un tipo lítico de personalidad reconocida por múltiples escuelas tipológicas y por diferentes paradigmas arqueológicos; a pesar, también, de ser fácilmente reconocible (al menos los ejemplares más característicos), es prácticamente imposible determinar sus límites debido a su personalidad politética: es decir, el modelo ideal reúne una serie de atributos bien definidos, pero ninguno de ellos es necesario ni suficiente para que una pieza real sea considerada un bifaz. Unos cuantos de esos atributos bastan para la identificación del útil, aunque falten otros tantos.

«La talla de un bifaz funciona como un encadenamiento complicado de gestos técnicos que sólo llegamos a veces a desvelar en sus últimos estadios, lo que complica su estudio. Si esa complicación de intenciones al fabricar un bifaz la unimos a su variedad de formas [...] nos daremos cuenta de que el bifaz es un útil de los más problemáticos y complejos en la Prehistoria»

Benito del Rey, op. cit. 1982, páginas 314 y 315.[7]
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