Bienvenido, Mister Marshall

Bienvenido, Mister Marshall es una película española de 1953, dirigida por Luis García Berlanga y con José Isbert, Manolo Morán y Lolita Sevilla como actores principales. El filme, que es una crítica de la sociedad española de la época, fue reestrenado el 20 de diciembre de 2002 en Guadalix de la Sierra ( Madrid),[4]

Sinopsis

Villar del Río, un pequeño pueblo español, es alertado sobre una visita inminente de diplomáticos estadounidenses. El pueblo comienza los preparativos para impresionar a los visitantes estadounidenses, con la esperanza de obtener beneficios bajo el Plan Marshall. Esperando demostrar el lado de la cultura española con el cual los visitantes estadounidenses están acostumbrados, los ciudadanos visten trajes típicos andaluces (algo poco común), contratan un famoso intérprete de flamenco y redecoran el pueblo según el estilo andaluz. Un empresario de flamenco, quien pasó tiempo en Boston, aconseja a los residentes pensar sobre qué les van a preguntar a los estadounidenses.

En la víspera de la visita de los estadounidenses, 3 de los principales personajes sueñan con estereotipos de la cultura e historia de Estados Unidos, con base solamente en sus experiencias. El alcalde sueña con una pelea de bar al estilo del salvaje oeste, el hidalgo sueña con la llegada de un conquistador a las costas del nuevo mundo y el sacerdote ve a los encapuchados de una procesión de semana santa convertirse en miembros del Ku Klux Klan, quienes lo arrastran hacia el Comité de Actividades Antiestadounidenses al son de música de jazz. Además, un campesino pobre sueña que los estadounidenses, mostrados como los reyes magos, sobrevuelan su campo y lanzan sobre dicho campo un tractor atado a un paracaídas.

Llega el día de la visita de los estadounidenses y todo el pueblo está preparado para recibirlos. Sin embargo, la caravana en la que venían los estadounidenses pasó a toda prisa por el pueblo sin detenerse. Los residentes tuvieron que retirar las decoraciones y pagar los gastos con sus pertenencias personales. El empresario de flamenco no fue la excepción, teniendo que entregar un anillo de oro que le habían dado en Boston.