Bernardino de Rebolledo

BERNARDINO DE REBOLLEDO.

Bernardino de Rebolledo y Villamizar fue un noble, militar, poeta, erudito y diplomático español ( León, bautizado el 31 de mayo de 1597 - Madrid, 27 de marzo de 1676), primer conde de Rebolledo, embajador de Felipe IV en Dinamarca entre 1648 y 1661, y caballero de la Orden de Santiago.

Biografía

Hijo de Jerónimo de Rebolledo, señor de Irián, cuyo título heredará, y de Ana de Villamizar y Lorenzana, descendía por línea directa de don Rodrigo, ennoblecido por el rey de León y Asturias don Ramiro I tras la batalla de Simancas contra los musulmanes. Su destino primero fue militar, iniciándose en las armas a los catorce años en Italia ( 1611), como declara la lápida de su sepulcro en la Catedral de León, con el grado de alférez de una compañía de infantería de marina en las galeras de Nápoles y Sicilia. Participó en la guerra contra el Imperio otomano a las órdenes del príncipe Filiberto de Saboya y Pedro de Leiva y destacó en varias acciones, llegando al grado de capitán.

En 1626 pasó a Lombardía bajo las órdenes de Ambrosio Spinola y combatió en la Guerra de Sucesión de Mantua. En 1630 recibió una grave herida de arcabuz en el sitio de Casale Monferrato, pero llevó a Felipe IV las llaves del castillo conquistado y el monarca le otorgó el título de gentilhombre del Cardenal Infante don Fernando, título que unió al hábito de la Orden de Santiago que le había sido concedido en 1628. Posteriormente, en Dinamarca, el recuerdo de aquella herida le inspiró la obra teatral Amar despreciando riesgos y algunos poemas.

De Italia pasó a Flandes bajo las órdenes del cardenal infante don Fernando, quien fue para él un verdadero mecenas, cual testimonian los numerosos poemas que le dedicó; después guerreó en el Palatinado y representó al rey en la Dieta de Ratisbona. Fue gobernador del Palatinado alemán durante la Guerra de los Treinta Años. En esta guerra intervino en diversas comisiones, pero la principal, que le valió de parte del emperador de Alemania Fernando II de Habsburgo el título de Conde del Sacro Imperio Romano con denominación de Conde de Rebolledo (1636), fue haber llevado las negociaciones diplomáticas entre el emperador, el rey de Hungría y los electores de Colonia y Maguncia. Satisfecho de sus servicios, Fernando III ratificó dicho título en carta fechada en Praga, 5 de septiembre de 1638, aunque don Bernardino, siempre prudente y precavido, no quiso aceptar el título hasta lograr el visto bueno del rey de España Felipe IV, que le llegó en carta fechada el 23 de junio de 1638.

En 1640 fue nombrado maestre de campo general del tercio de infantería española y se le concedió el gobierno de la plaza de Frankenthalen, donde su tenaz resistencia contra el asedio en que lo mantuvo el ejército sueco más de tres meses logró que por fin abandonaran el sitio. Tras esto obtuvo el cargo de superintendente militar del Palatinado y en enero de 1643 se le nombró gobernador y capitán general del mismo. Se le siguieron encomendando labores diplomáticas diversas y al fin, en 1647, volvió a España para intervenir en los disturbios de Cataluña, si bien Felipe IV le volvió a destinar a Alemania para asistir al Tratado de Westfalia.

Después fue enviado a Copenhague a principios de 1647 y allí permaneció trece años como embajador en la Corte de Dinamarca y espía del Papa, a quien representó además ante la corte polaca. Mantuvo una nutrida correspondencia con la reina Cristina de Suecia, a quien visitó de incógnito por orden de la casa real danesa a fin de que suscribiera un tratado de paz que concluyera la guerra entre ambos países, lo que consiguió, en efecto, en la Paz de Roskilde (1654). Su relación con la reina Cristina, epistolar y personal, en latín, sobre temas teológicos, convenció a la reina para convertirse al catolicismo. Rebolledo obtuvo, además, que su sobrino Antonio Pimentel del Prado fuera nombrado primer embajador español ante la corte sueca y la reina Cristina, que instituyó la Orden de Amaranta (todavía existente), les concedió el honor de nombrarlos entre los primeros condecorados junto a los condes de Dona y de Tot.

Don Bernardino de Rebolledo era ya embajador plenipotenciario español ante los países escandinavos y Polonia y, cuando la reina Cristina de Suecia decidió abdicar, Rebolledo participó activamente organizando desde Copenhague su huida, la cual ella llevó a cabo vestida de hombre. En Hamburgo la esperaba Rebolledo, quien la trasladó hasta la casa de su amigo judío sefardita Texeira. Desde allí se dirigió a Roma y fue bautizada católica por el Papa. Fue este un gran éxito de Rebolledo, quien era además de embajador de España el representante personal del Papa ante las iglesias católicas clandestinas de Suecia y Dinamarca (esta última cuenta con un pequeño museo en su honor en la catedral de Copenhague y, en el patio interior de su casa de descanso cerca de Nyhav, se guarda todavía su escudo nobiliario esculpido en piedra).

Todavía consiguió algo más Rebolledo: que la corte danesa otorgara su permiso para reconstruir la Iglesia católica que, tras la Reforma protestante, solo funcionaba en la clandestinidad familiar. Lo logró poco a poco: primero obtuvo la venia para que se celebrara misa en la embajada, por entonces situada en Kungetorget, centro viejo de Copenhague.

Durante el asedio sueco a Copenhague, Rebolledo puso su experiencia militar al servicio de los daneses y, como experto en artillería, contribuyó a abreviar el asedio. En Copenhague vivió penurias y se endeudó personalmente para mantener la embajada española, pues el servicio exterior en Madrid lo había olvidado. Todos esos largos años anduvo lleno de nostalgia y deseo de volver a su patria, como narra en un romance heroico:

«Sócrates, sin salir jamás de Grecia / pretende ser de todo el universo; / yo, que con los extraños he vivido, / morir entre los propios apetezco».

El rey lo nombró ministro en 1652 como premio a tan dilatados y sacrificados servicios; volvió a Madrid enfermo de gota para retirarse, cuando ya contaba sesenta y cinco años. En su ancianidad se consolaba estudiando cosmografía:

Esa brillante población de luces / que del sol obedece los preceptos / no nos influye tanto como alumbra / de su Autor al común conocimiento. / Y con los misteriosos eslabones / de la cadena que describe Homero, / a la primera causa nos conduce / por la contemplación de sus efectos. / De todo ser universal origen, / de toda inteligencia único centro, / unidad a que todo se reduce, / principio y fin de todo movimiento / en que se logra cierta la esperanza, / y más que cabe en ella poseemos, / descansan felizmente los cuidados / y viven inmortales los contentos.

Recluido en un monasterio, murió en 1676 y su título fue heredado por su hermano menor Benito, quien emigró a Chile, en donde viven todavía un centenar de Rebolledos.

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