Bernabé Ferreyra

Bernabé Ferreyra
Bferreyra poster 1936.jpg
Datos personales
Apodo(s) Ñato, La catapulta de Tigre, La fiera, Romperedes, El mortero de Rufino
Nacimiento Rufino, Provincia de Santa Fe, Argentina
12 de febrero de 1909
Nacionalidad(es) argentino
Fallecimiento Buenos Aires, Argentina
22 de mayo de 1972 (63 años)
Altura 1,72 metros
Carrera
Deporte Fútbol
Debut deportivo 1929
( Tigre)
Goles en clubes 220 (en su carrera)
Retirada deportiva 1939
( River Plate)
Carrera internacional
Selección Bandera de Argentina  Argentina
Part. (goles) 4 (0)
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Bernabé Ferreyra ( Rufino, Argentina, 12 de febrero de 190922 de mayo de 1972) fue un futbolista argentino.

Fue uno de los más destacados goleadores del fútbol mundial en los años 30 y uno de los grandes en la historia del fútbol argentino, a lo largo de su carrera deportiva fue apodado El Mortero de Rufino por la gran potencia de sus pelotazos que lograban alcanzar una velocidad de 200 km/h y La Fiera por su espíritu de lucha. Es un orgullo de todos los hinchas de Tigre, uno de los máximos ídolos de River Plate. Un crack desde las filas tigrenses que al fútbol fue, en las décadas de los 20 y 30, lo que Diego Armando Maradona en los años 80 y 90.

Trayectoria deportiva

Sus inicios

Comenzó en el club Jorge Newbery de Rufino, adonde lo llevaron sus hermanos mayores que allí jugaban y a los 15 años ya estaba en el equipo de primera del club y sorprendía por sus goles. Cuando a su hermano lo trasladaron en su trabajo se mudó a la ciudad de Junín, en la provincia de Buenos Aires, donde comenzó a trabajar como pintor en los talleres del ferrocarril. Simultáneamente ingresó al primer equipo de fútbol del Club Atlético Buenos Aires al Pacífico, donde debutó ante el Club Atlético Sarmiento el domingo 9 de octubre de 1927 y al convertir el único gol del partido le dio el triunfo a su club que ese año obtuvo el campeonato de la Liga Juninense, con él como goleador.[1]

En 1926 firmó para Newell´s Old Boys de Rosario. Su debut en la máxima categoría rojinegra se produjo el 12 de septiembre de 1926, en la cancha de Sparta, en la igualdad 1 a 1, ante el elenco local. Los goles del encuentro fueron marcados por Ramón De la Torre para los leprosos y Benavídez para el anfitrión. Disputó 3 partidos en la primera de Newell´s. Luego al finalizar el año regresó a su localidad.

En 1927, con 18 años, Bernabé fue a probarse al club Talleres de Escalada, que al igual que el anterior estaba vinculado al ferrocarril, pero no le vieron condiciones por lo que siguió en Junín hasta 1929.

Salta a la fama con Tigre

Un día lo vio Alberto Monge, un buscador de talentos, y le propuso ir a jugar al Club Atlético Tigre. Bernabé dudaba pero terminó aceptando por la insistencia de Paulino. En su primer partido ganó su nuevo club con cuatro goles de Ferreyra.

Tigre lanzó a la fama a uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. «El hombre que revolucionó toda una época», dicen los entendidos. El mejor jugador de los años 30.

En 1930 el Club Atlético Tigre prestó al jugador a Huracán en forma gratuita para una gira, como era habitual en la época amateur, y Ferreyra en ocho partidos convirtió once goles. Luego fue también a préstamo a Vélez Sarsfield que hacía una gira por Chile, Perú, Cuba, México y los Estados Unidos con un equipo de 10 jugadores propios y 7 prestados por otros clubes para reforzar. Sobre 25 partidos ganaron 20, empataron 4 y perdieron solamente uno ante los estadounidenses de Fall River, en Rhode Island. Hicieron 84 goles, de los cuales 38 correspondieron a Ferreyra, y tuvieron 32 en contra. El primer partido fue el 30 de noviembre de 1930, en Chile, y la delegación regresó recién el 27 de abril de 1931. Vélez Sarsfield percibió $ 10 000 pesos moneda nacional libre de gastos y los jugadores un viático diario de $ 250.

Contra un equipo peruano, Bernabé desmayó al arquero de un pelotazo y cuando pasó a visitarlo al hospital le pidió: «Si nos volvemos a enfrentar, avíseme antes de patear». Siguió la gira y a la vuelta volvieron a pasar por Perú para la revancha. Bernabé le avisó que iba a patear y le hizo el gol igual. El arquero le agradeció. En esa misma gira, un árbitro le hizo patear cuatro veces un penal. Bernabé le advirtió: «Siga que puedo meterla adentro una semana seguida».[2]

Regresó al Club atlético Tigre en abril del 31. De esa temporada se recuerda el partido en la cancha de Boca en el cual su equipo iba perdiendo por dos goles con San Lorenzo de Almagro faltando 10 minutos de juego y Ferreyra la catapulta en ese lapso hizo tres tantos logrando la victoria para el Club Atlético Tigre.

Desde ahí siguió su racha: en 13 partidos metió 19 goles para quedar grabado en la memoria de todos los hinchas Tigrenses.

El éxito en River

En 1932 River Plate, le pagó al Club Atlético Tigre $ 35 000 por Ferreyra (la cifra más alta abonada hasta ese momento por el pase de un jugador en el fútbol mundial).

El 13 de marzo de 1932, Bernabé debutó con dos goles ante Chacarita Juniors y River ganó 3 a 1. Al término del partido, iba un muchacho con un señor mayor y le preguntó qué le había parecido Bernabé. «No es un hombre, es una fiera», le respondió. Hugo Marini, periodista del diario Crítica, lo escuchó y lo puso en su crónica. Ahí tuvo certificado de nacimiento uno de sus apodos, La Fiera.[5] pero por su potencia le quebró las 2 muñecas y el arquero se desmayó. Enseguida lo bautizaron de otros modos: «El mortero de Rufino», «Cañonero», «Romperredes», «Balazo», porque la mayoría de sus goles fueron anotados desde 30 metros. Se llenaban los estadios en que jugaba y esa temporada River Plate ganó su primer título en la era profesional, con Bernabé como máximo goleador. Con River Plate fue campeón nuevamente en 1936 y 1937. En la Selección Nacional jugó pocos partidos en los Campeonatos Sudamericanos de Fútbol de 1936 y 1937, año éste en el que fue campeón.

Su presencia en River desató una locura colectiva. La entrada valía 1 peso y al 3.º partido el club recuperó los 10 000 pesos que le dio de prima. Fue un fenómeno social de tal magnitud que cuando el equipo iba de gira por el interior, el precio del boleto variaba según jugaba Bernabé o no. Su falta de habilidad quedaba mejor disimulada en los días de lluvia y a él le fascinaba jugar con la pelota mojada y embarrada para que pesara más por eso cuando la lluvia no aparecía y River jugaba de local, se preparaba la pelota.

En aquel tiempo el balón era de tiento y llevaba una cámara adentro, Bernabé la desinflaba y la colocaba dentro de otra, ponía estas 2 cámaras dentro del cuero, la cosía y esa pelota especial descansaba 48 horas antes del partido en un balde con agua. El día del partido esa pelota especial era una bomba. Jamás usó protección en sus piernas y nunca se vendaba los tobillos.

«Así que usted es Bernabé. Vine a saludarlo porque los diarios hablan más de sus goles que de mí», le dijo el presidente Agustín P. Justo. Tímido por naturaleza, Bernabé se sonrojaba cuando lo elogiaban. «Siempre me llenó de orgullo su sencillez. Aún en plena fama le preguntó a mamá si lo que se decía sobre él era verdad», cuenta su hijo. Otra anécdota que muestra su humildad ocurrió en 1933. «Así que usted es La Fiera», le preguntó un hombre trajeado y con sombrero. «No, maestro. La Fiera es usted cuando canta», le respondió a Carlos Gardel la primera vez que se encontraron.[2]

Un dato curioso es que Ferreyra hizo ganar el superclásico al equipo millonario en 1932 al hacer un gol metiendo la pelota en la red después de haber desmayado al arquero xeneize, Arico Suárez, de un pelotazo en el estómago.

Su peso era de 73 kilogramos y medía 1,72 metros.

No hubo quizás, jugador en la historia del fútbol argentino que haya gravitado tanto en las recaudaciones, la gente iba a ver a Bernabé y sus golazos.

El retiro obligado

En 1939 debió retirarse debido a que los reiterados golpes durante los partidos le provocaron múltiples desgarros. En River Plate había jugado 185 partidos y marcado 187 goles entre 1932 y 1939. Después de su retiro, trabajó como cuidador de la cancha de paleta del club. Nunca se olvidó de su ciudad natal, a la que volvía después de cada partido que jugaba y donde se encontraba al fallecer.

Murió el 22 de mayo de 1972 y lo sobrevivieron su esposa Juana Boneto de Ferreyra y sus hijos Bernabé y Carlos. Sus restos fueron velados en el hall central del Club Atlético River Plate y enterrados luego en el cementerio de Rufino.

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