Ben-Hur (película de 1959)

Ben-Hur es una película estadounidense de 1959 de los géneros épico y dramático ambientada mayormente en la provincia romana de Judea en tiempos del emperador Tiberio. Fue dirigida por William Wyler y producida por Sam Zimbalist para Metro-Goldwyn-Mayer. Sus papeles principales los interpretan Charlton Heston, Stephen Boyd, Jack Hawkins, Hugh Griffith y Haya Harareet. Adaptación de la película muda del mismo título de 1925, Ben-Hur se basaba en la novela homónima escrita por Lewis Wallace en 1880. El guion lo firma Karl Tunberg, aunque el libreto incluye aportaciones de Maxwell Anderson, S. N. Behrman, Gore Vidal y Christopher Fry.

Ben-Hur contó con el mayor presupuesto que hasta entonces había tenido una película, superior a los quince millones de dólares estadounidenses, y para su filmación se construyeron los decorados más grandes jamás empleados en un filme. La diseñadora Elizabeth Haffenden supervisó a un equipo de cien costureras para crear el vestuario y en la construcción de los decorados intervinieron doscientos artistas y obreros, necesarios para crear cientos de frisos y estatuas. La filmación comenzó el 18 de mayo de 1958 y duró hasta el 7 de enero de 1959, con jornadas de rodaje de entre doce y catorce horas que se desarrollaron seis días a la semana. La preproducción comenzó en los estudios Cinecittà de Roma en octubre de 1957 y la posproducción se extendió seis meses. Los directivos de MGM encargaron al director de fotografía Robert L. Surtees que filmara la película en formato panorámico, que no era del gusto de Wyler. En el rodaje se emplearon más de doscientos camellos, 2500 caballos y unos 10 000 extras. La batalla naval se filmó con miniaturas en un gran tanque de agua en los estudios de la Metro en Culver City (California). La carrera de carros, de nueve minutos de duración, es una de las secuencias más famosas de la historia del cine, mientras que la banda sonora, compuesta y dirigida por Miklós Rózsa, es la de mayor duración que se ha creado para un filme e influyó profundamente en el cine durante más de quince años.

Tras gastar 14,7 millones de dólares en la promoción, Ben-Hur se estrenó en el teatro Loew de Nueva York el 18 de noviembre de 1959. Fue la película más taquillera de ese año y llegó a convertirse en el segundo filme más rentable, solo por detrás de Lo que el viento se llevó. La cinta obtuvo la cifra récord de once premios Óscar, entre ellos mejor película, mejor director (Wyler), mejor actor (Heston), mejor actor de reparto (Griffith) y mejor fotografía (Surtees), un logro inigualado hasta el estreno de Titanic en 1997 y de El Señor de los Anillos: el retorno del Rey en 2003. Ben-Hur también recibió tres premios Globo de Oro —a la mejor película dramática, al mejor director y al mejor actor de reparto (Boyd)—. En la actualidad, Ben-Hur está considerada como una de las mejores películas de la historia del cine, por lo que en el año 2004 la National Film Preservation Board la seleccionó para ser conservada en su National Film Registry por ser un filme «cultural, histórica o estéticamente significativo».

Argumento

La acción transcurre en Judea, el año 30 d. C. El Imperio romano, dueño y señor del mundo conocido, gobierna con mano de hierro sus vastos territorios, entre ellos Judea, sometiendo con dureza a sus moradores. Estos desean con ansia la llegada de un nuevo Mesías que liberará al pueblo judío del yugo romano. Entre ellos Judá Ben-Hur (Charlton Heston), un príncipe rico que comercia con especias de Oriente a Roma, un hombre respetado y creyente en la fe de su pueblo y su Dios.

Charlton Heston, en su papel de Judá Ben-Hur, por el que fue premiado con el Óscar al mejor actor.

Sin embargo, los tiempos están revueltos y se teme un levantamiento violento contra el poder romano, a lo cual este responde con el envío de dos legiones al mando del jefe militar, Mesala ( Stephen Boyd), antiguo amigo de la infancia de Ben-Hur. Judá Ben-Hur ve en Mesala a un amigo y también una posibilidad de cambio para su pueblo, una esperanza para el entendimiento y el respeto. Pero por el contrario, Mesala ve a su viejo amigo como el hombre que «señalará» a los enemigos judíos de Roma por su pasada amistad. Sin embargo, Ben-Hur se niega al trato y Mesala, encolerizado, rompe la relación.

Ben-Hur, temeroso de su amigo el tribuno, sabe que tendrá que tener cuidado en adelante. Sin embargo, viene un golpe de mala suerte: su única hermana, Tirzah, se apoya en el borde de la azotea de su casa y una teja se desprende al paso de la comitiva que llevaba al gobernador, provocando que este se golpee al caer junto con su caballo, y este incidente, pese a ser accidental, provoca que su antiguo amigo lo encarcele junto con su madre y su hermana, acusados de atentar contra el nuevo gobernador de Judea, Valerio Grato. Judá trata de escapar de prisión, no sin antes hablar con Mesala, amenazándolo con una lanza y persuadiéndolo a liberar a su madre y hermana, alegando inocencia. Tras el intento fallido de asesinato en contra del tribuno, Judá es enviado al puerto de Tiro, sin juicio, como galeote en una galera. Ben-Hur jura vengarse de Mesala aunque ello le lleve toda la vida.

En su viaje al puerto, Judá conoce a Jesús de Nazaret, quien le dará agua. En su memoria quedaré grabada la faz de la persona que lo ayudó, el mismo que con la mirada firme y llena de paz persuade la amenaza de un capataz romano hacia él y Judá al darle agua, cuando minutos antes se había prohibido a la población proporcionar agua únicamente a él. Después de tres años como galeote, Ben-Hur conocerá a Quinto Arrio, primer cónsul de Roma, al que salva la vida en una batalla naval contra los macedonios, en la cual la galera se hunde. Como gratitud hacia Judá, Quinto lo adopta como su hijo, con lo que obtiene riquezas, campeonatos como auriga en el circo romano por cinco años consecutivos y títulos. Sin embargo, a pesar de las riquezas, poder y la gloria de Roma, Ben-Hur sabe que tiene un juramento que cumplir y que no puede esperar más tiempo, más aún cuando Judá conoce en una de las tantas reuniones en el palacio de su padre al próximo gobernador de Judea: Poncio Pilatos. Pide a su padre regresar para Judea y arreglar asuntos de su familia. Quinto sabe que Judá difícilmente regrese, por lo que accede su petición, a sabiendas que aún existía el vínculo padre-hijo. Es la hora de la venganza.

Hugh Griffith en su papel del jeque Ilderim, por el que obtuvo el Óscar al mejor actor de reparto.

En su camino a Jerusalén, Ben-Hur conoce a Baltasar y al jeque Ilderim, un comerciante árabe famoso por su avidez en apostar en las carreras de caballos. De Baltasar aprende que hay alguien en quien creer, un Mesías, hijo de Dios, que liberará a los hombres de su ira y su odio. Por el contrario, del jeque descubre que Mesala participa en las carreras de cuadrigas y en la arena del circo, en el que la muerte no es un delito.

Alimentado por su odio, Judá acepta competir contra Mesala en las carreras y, por otro lado, busca a su madre y hermana. Al regresar a Judea, descubre que todo lo que había conocido ha quedado reducido a ruinas, que su familia ha desaparecido y que la única explicación que tiene es de la hija de un esclavo suyo, llamada Esther, a quien Judá amaba profundamente, y su padre, un mayordomo fiel a la familia Ben-Hur, el cual fue torturado dejándolo paralítico.

Tras condenar a Judá a las galeras, Mesala no solo había confiscado todos los bienes de Ben-Hur, sino que se ensañó con su madre y hermana, encerrándolas en los más profundos calabozos. Con el retorno de Judá y decidido a aplacar su venganza, un Mesala tenso manda buscar a la familia de Judá, a cambio de olvidar lo que pasó ocho años atrás. Para su sorpresa, tantos años en una celda inmunda en los recónditos calabozos han hecho que enfermaran de lepra. Una vez liberadas, madre y hermana regresan a casa de manera sigilosa y allí encuentran ruina y pobreza, también a Esther, quien les promete no decir a nadie sobre su futuro y doloroso paradero final: el Valle de los Leprosos, ni siquiera a su hijo Judá.

Esther inmediatamente confiesa a Judá que su madre y hermana habían muerto en prisión y trata de convencerlo para que desista su búsqueda. Un Judá lleno de cólera y odio en su interior se debate entre su venganza hacía su verdugo y su antigua amistad de la infancia. Pero sabe que Mesala no iba a cambiar y que su única opción de vengarse por la supuesta muerte de su familia es poder vencerlo y humillarlo en la arena del circo. Para ello, correría la carrera de cuadrigas con los caballos blancos del jeque: Athais, Rigel, Aldebarán y Antáres. Antes de la carrera el jeque Ilderim no puedo con su genio y reta a Mesala por mil talentos de oro si él lo vencía y por tres mil si salía ganador, no sin antes declarar que su auriga era el campeón del circo Judá Ben Hur, a pesar de lo cual, Mesala acepta el reto.

En la carrera participan nueve corredores, entre ellos aurigas de Asiria, Fenicia, Chipre, Atenas, Judea y Roma. Judá Ben Hur vence a Mesala y a sus caballos negros frisones, quien termina cayéndose de su cuadriga y es mortalmente atropellado y pisoteado por otra cuadriga al comenzar la última vuelta de la carrera. Con el cuerpo ensangrentado, está condenado definitivamente a ser mutilado para sobrevivir. Mesala, en un último aliento, le comunica a Judá que su madre y su hermana están vivas, pero aisladas en el Valle de los Leprosos. Por lo tanto, como Judá intuye, están condenadas a una muerte lenta y horrible.

Inmediatamente Judá se desplaza al Valle de los Leprosos, donde para su sorpresa encuentra a Esther llevando alimentos para su madre y hermana. Ben Hur pide explicaciones por la mentira y accede trágicamente a la voluntad de su madre de no mostrarse. Con la fe perdida, aborrece a Esther y siente que sus demonios interiores le dominan, por lo que decide ir al encuentro del gobernador Poncio Pilatos y renunciar a la ciudadanía romana, ya que por culpa de Roma su madre y hermana están muertas en vida. Esta afrenta no es bien recibida por Pilatos, por lo que se convierte para sus ojos en uno más.

Judá decide ir al Valle de los Leprosos para sorpresa de Esther y su madre, importándole poco su enfermedad y buscando a Thirsa, su hermana, que agonizaba en una de las cuevas. Judá, desolado, recorre las calles de Jerusalén con su madre, su hermana y Esther, accediendo al requerimiento insistente de esta para que sean sanadas por el Rabí de Galilea, al que ha escuchado predicar y obrar maravillas, mientras una procesión de gente acompaña a gritos la marcha de los nuevos crucificados, entre ellos un hombre que una vez dio de beber a nuestro héroe. Ben-Hur, como agradecimiento, trata de devolverle su ayuda con agua. Sin embargo, un soldado romano tira el agua antes de que Jesús pueda beber y tener un poco de aliento en su pesada carga. Este encuentro, y el presenciar después la crucifixión del hombre que un día lo salvó de morir, hacen que Judá encuentre la paz y mitigue su ira a través del perdón. Regresa aún bajo la catarsis de lo que ha presenciado cuando ve que su hermana y su madre han sanado milagrosamente. Fundidos en un gran abrazo, se desborda la alegría.

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