Bayas (Italia)

Bayas fue una ciudad de la costa de Campania ( Italia), célebre por sus baños y aguas minerales, situada entre el Cabo Miseno y Puteoli, abierta a una bahía llamada Sinus Baianus.

Historia

Al sur del golfo de Pozzuoli, entre la elevación del Castello y la punta del Epitaffio, se abre una ensenada sobre cuyo litoral, ya parcialmente sumergido, se estableció uno de los puertos de la colonia griega de Cumas. Recibió el nombre de Bayas por el nombre del timonel de Ulises, Bayo, cuya tumba el poeta helenístico Licofrón de Calcis ( siglo III a. C.) menciona en Bayas.

Bayas desde la Villa Schiano Di Pepe.

Las propiedades terapéuticas de sus fuentes termales tal vez ya eran conocidas antes, pero la historia de Bayas es prácticamente desconocida hasta que, en el siglo II a. C., comenzó a ser frecuentada por personajes de la aristocracia romana.

En el curso del siglo I a. C. después de la victoria de Pompeyo contra los piratas que durante mucho tiempo amenazaron las costas de Campania, la reestructuración constructiva de la zona y las villas suntuosas hizo muy pronto de Bayas un centro balneario de élite.

Entre otros, allí establecieron su residencia Licinio Craso, Lucio Licinio Luculo, Pompeyo y el orador Hortensio. Julio César instaló su morada en el punto más alto del litoral, el actual Castello, desde el que dominaba toda la ensenada.

La fama de Bayas no disminuyó durante el imperio, es más, se convirtió en uno de los lugares de estancia preferidos por la familia imperial.
Bayas fue exaltada —de Horacio a Estacio y a Marcial, por recordar sólo unos nombres— por la belleza de sus paisajes, por su clima benigno, por las propiedades terapéuticas de sus aguas. Por otra parte fue condenada por los moralistas -de Varrón a Séneca- por la vida placentera, refinada y viciosa que allí se llevaba. Ya Cicerón que la llamaba pusilla Roma 'Roma en miniatura', la consideraba un lugar de vicio y perdición.

Bayas no fue nunca una verdadera ciudad. No tuvo magistrados (dependía de Cumas), ni monumentos públicos, como por ejemplo el foro. Fue más bien un conjunto de villas lujosas, de instalaciones termales, de albergues.

La grandiosidad y la riqueza de los restos salidos hasta ahora a la luz y denominados de ordinario termas de Bayas, su conexión orgánica, su diversidad con respecto a otras termas romanas, hacen prevalecer actualmente la hipótesis, sostenida sobre todo por Alfonso de Franciscis, que los restos de Bayas formaban parte, en cambio, de una gran residencia imperial, no más extensa, por ejemplo, que la Villa Adriana en Tívoli. Por lo demás, ya el emperador Claudio recuerda su praetorium Baianum, y una garrafa de vidrio existente en otro tiempo en el Museo Borgiano de Roma representaba los edificios de Bayas con la inscripción palatinum, es decir, palacio imperial.

En Bayas estaban habitualmente los miembros de las diversas familias que se sucedieron en el poder en Roma. Marcelo, nieto de Augusto, y el emperador Adriano murieron allí. Calígula, que amaba las extravagancias, creó un puente de barcas entre Pozzuoli y Bayas para acortar la distancia entre las dos ciudades.

Suetonio atribuye a Nerón el fantasioso proyecto de construir una piscina, de Miseno al lago Averno, para recoger allí todas las aguas termales de Bayas.

Tito Livio ya menciona el lugar por las propiedades medicinales del agua en el 176 a. C. con el nombre de Aquae Cumanae; Las aguas eran sulfurosas, aluminosas, ácidas y otras. Las termas que se construyeron aún servían en el siglo VI.

En el siglo III, Alejandro Severo hizo construir allí nuevas instalaciones en honor de Julia Mamea, su madre.

En tiempos del Imperio se convirtió en una ciudad importante y obtuvo el privilegio de municipio separado de Cumae, pero a la que quedó ligada en algunos aspectos.

Mucho después de la caída del imperio romano, en el siglo XII, Federico II de Suabia frecuentaba este lugar de cura.

En la Edad Media decayó.

Carlos V construyó el Castello de Bayas sobre las ruinas del palacio imperial romano. Tanto en la costa como en las colinas próximas se hallan algunas ruinas con restos de edificios que no se han podido identificar; uno de ellos es conocido como Templo de Venus, que era la diosa titular de la ciudad; otro era llamado Templo de Diana; y un tercero, Templo de Mercurio, pero es dudoso que se tratara realmente de templos.

Bayas aparece recordada en las memorias de los humanistas Flavio Biondo y Ciríaco de Ancona, mientras en el siglo XVII la corte napolitana relanzó el interés por sus propiedades terapéuticas y pos sus atractivos ambientales.

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