Baviera

Baviera
Estado
Flag of Bavaria (lozengy).svg
Bandera
Coat of arms of Bavaria.svg
Escudo
Himno: Bayernhymne
Locator map Bavaria in Germany.svg
Ubicación de Baviera
Coordenadas 48°46′39″N 11°25′52″E / 48.7775, 48°46′39″N 11°25′52″E / 11.431111111111
Capital Múnich
Entidad Estado
 • País Alemania, Alemania Occidental, Tercer Reich y República de Weimar
Ministro Horst Seehofer ( CSU)
Superficie  
 • Total 70 551 km²
Población (2004)  
 • Total 12 464 997 hab.
 • Densidad 176,68 hab/km²
Gentilicio Bávaro (ra)
Huso horario UTC+1
ISO 3166-2 DE-BY
Sitio web oficial
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Baviera (en alemán: Bayern) –oficialmente Estado Libre de Baviera (en alemán: Freistaat Bayern)– es el mayor de los dieciséis estados federados (se denominan así pero no son estados independientes) que conforman la República Federal de Alemania. Se encuentra situado en el sureste del país, y su capital y principal ciudad es Múnich. Baviera cuenta con una población de casi 12,6 millones de habitantes (diciembre de 2011).

Historia

Edad Antigua

Los habitantes se sometieron momentos antes del comienzo de la era cristiana, fundando colonias e incluyendo su tierra en la provincia de Recia. El centro romano de la administración para esta área era Castra Regina, conocida desde la Edad Media como Ratisbona.

Desde el reinado de Marco Aurelio, Recia fue gobernada por el comandante de la Legión III Itálica, cuya base estaba en la ya mencionada Castra Regina. Durante los últimos años del Imperio romano de Occidente, el país se encontraba casi desierto, pero desde su ocupación por los godos en la época de Teodorico el Grande, quien además lo colocó bajo el gobierno de un duque, restableció hasta cierto punto su prosperidad.

Alta Edad Media

Durante el siglo V los romanos se vieron sometidos en Recia a la presión de los pueblos invasores, en su mayoría de origen germánico.

El gentilicio bávaro fue utilizado en primer lugar por los francos en una lista de pueblos escrita hacia 520. El primer documento, que también señala su localización al este de los suevos, se encuentra en la 'Historia de los Godos' de historiador compuesta[ cita requerida] Jordanes, compuesta a partir del 551. Más tarde aparece una observación de Venancio Fortunato en la descripción de sus recorridos desde Rávena (565-571), durante los cuales había cruzado las tierras de los bávaros. Refiriéndose a los peligros del recorrido en la región, anota: “Si el camino está libre y si los bávaros no te detienen, entonces cruzas a través de los Alpes”.

Este nombre de bávaros, en latín Bai(o)arii, dado a los habitantes de la región, puede derivar de la antigua tribu céltica de los Boyos (Boii en latín) a través del gentilicio Boiohaemun que también dio origen al topónimo Bohemia. (Reindel 1981).

Evidencias arqueológicas de los siglos V y VI apuntan las influencias sociales y culturales de varias regiones y pueblos, tales como alamanes, longobardos, turingios, godos, bohemios ( eslavos) y la población local romanizada. La investigación reciente ha buscado lejos los orígenes geográficos de los bávaros. Actualmente se piensa que la pertenencia étnica tribal fue establecida por el proceso de etnogénesis, por el que la identidad étnica se formó por las presiones políticas y sociales que hicieron necesaria una identidad coherente.

Los bávaros pronto cayeron bajo dominio de los francos, probablemente sin una lucha seria. Los francos vieron esta zona fronteriza como un tapón contra pueblos del este, como los avaros y los eslavos, y como fuente de reclutas para el ejército. Alrededor de 550 la zona fue puesta bajo administración de un duque -posiblemente franco o elegido entre las familias principales locales- que debía actuar como gobernador regional para el rey franco. El primer duque que conocemos era Garibaldo I de Baviera, miembro de la poderosa familia Agilolfinga. Fue el principio de una serie de duques de Agilolfinga que duró hasta 788.

Durante siglo y medio, una sucesión de duques resistió las incursiones de los eslavos en su frontera oriental, y en la época del duque Teodoro, que murió en 717, alcanzó la independencia completa de los débiles reyes francos. Cuando Carlos Martel se convirtió en el virtual jefe del Reino Franco, redujo a los bávaros a una estricta dependencia y depuso sucesivamente a dos duques. Pipino el Breve mantuvo la autoridad franca y hubo varias uniones entre su familia y la Agilolfinga, de manera similar a la que tuvo lugar con los reyes lombardos. La facilidad con la cual los francos suprimieron varios reinos permite suponer peleas de esa familia, lo que motivó la revuelta de la población oprimida.

La ley bávara se puso por escrito entre los años 739 y 748. Cláusulas suplementarias, agregadas posteriormente, evidencian la influencia franca. Así, mientras que el ducado pertenece a la familia de Agilolfinga, el duque debe ser elegido por el pueblo y su elección confirmada por el rey franco, a quien aquél debe lealtad. Existen cinco familias nobles, posiblemente representando las divisiones anteriores del pueblo. Subordinado a los nobles encontramos el pueblo libre y, después, a los libertos. La ley divide el país en condados, asistidos por los jueces responsables de declarar la ley.

El cristianismo, que había retrocedido en Baviera a partir de la época romana, entró en una nueva fase cuando Ruperto, obispo de Worms, fue al condado por invitación del duque Teodoro en 696. Ruperto fundó varios monasterios, al igual que San Emmeran, obispo de Poitiers, con el resultado de que en poco tiempo, el grueso del pueblo profesó el cristianismo y comenzaron las relaciones entre Baviera y Roma. El siglo VIII atestiguó una reacción pagana. Al llegar San Bonifacio a Baviera hacia el año 734, comprobó la apostasía. Bonifacio organizó la Iglesia bávara y fundó o restauró obispados en Salzburgo, Freising, Ratisbona y Passau.

Tasilón III de Baviera reconoció en 749 la supremacía del Rey de los francos Pipino el Breve en 757, pero más tarde rechazó proporcionarle una contribución a la guerra en Aquitania. Por otra parte, durante los primeros años del reinado de Carlomagno, Tasilón dio sentencias en causas eclesiásticas y civiles en su propio nombre, rechazó comparecer en las asambleas de los francos y en general actuó como rey independiente. Su control de los pasos alpinos y su posición como aliado de los ávaros y como yerno del rey longobardo Desiderio constituyó una amenaza tan seria para el Reino Franco que motivó a Carlomagno a destronarlo.

Los detalles de esta contienda siguen siendo obscuros. Tasilón parece haber hecho homenaje en 781 y otra vez en 787, probablemente debido a la presencia de ejércitos francos. El apuro adicional pronto se presentó y en 788 los francos convocaron al duque a Ingelheim y le condenaron a muerte por traición. Carlomagno, sin embargo, perdonó a Tasilón, que entró en un monasterio y renunció formalmente a su ducado en Fráncfort en 794.

Gerardo, cuñado de Carlomagno, gobernó Baviera hasta su muerte en una batalla con los ávaros en 799. Entonces los condes francos asumieron el control de la administración y asimilaron esa tierra con el resto del Imperio Carolingio. Las medidas tomadas por Carlomagno para el progreso intelectual y bienestar material de su reino mejoraron las condiciones. Los bávaros no ofrecieron ninguna resistencia al cambio que supuso la supresión de su ducado. Su incorporación al Reino Franco, debida principalmente a la influencia unificadora de la Iglesia católica, aparecía ya tan completa que Carlomagno no encontró necesario publicar más de dos juntas eclesiásticas cristianas que se ocupaban especialmente de asuntos bávaros.

Época feudal

La historia de Baviera durante el siglo IX se entrelaza con la del Imperio carolingio. Otorgada en la partición de 817 al rey de Francia Oriental, Luis el Germánico, Baviera formó la parte de los territorios más grandes confirmada en 843 por el Tratado de Verdún. Luis hizo de Ratisbona el centro de su gobierno y desarrolló activamente Baviera, previendo su seguridad mediante numerosos campañas contra los eslavos. Cuando dividió sus posesiones en 865, pasó a su hijo mayor, Carlomán de Baviera, que había manejado ya su administración, y después de su muerte en 880 formó la parte de los territorios extensos del emperador Carlos III el Gordo. Este rey incompetente dejó su defensa a Arnulfo de Carintia, hijo ilegítimo de Carlomán. Gracias principalmente a la ayuda de los bávaros, Arnulfo pudo desplazar a Carlos III el Gordo en 887 y asegurar su propia elección como rey alemán en el año siguiente. En 899 Baviera pasó a Luis IV de Alemania, durante cuyo reinado ocurrieron las continuas invasiones de los húngaros. La resistencia a estas incursiones fue disminuyendo gradualmente y la tradición dice que el 5 de julio de 907 casi toda la tribu bávara cayó en la batalla de Pressburg contra estos enemigos formidables.

Durante el reinado de Luis IV de Alemania, Leopoldo, Conde de Scheyern, que poseía Brandes dominios bávaros, gobernó la marca de Carintia, creada en la frontera del sudeste para la defensa de Baviera. Murió en la gran batalla de 907, pero su hijo Arnulfo de Baviera, llamado "el Malo" reunió los remanentes de la tribu, hizo retroceder a los húngaros y devino duque de Baviera en 911, uniéndola con Carintia bajo su mando. El rey Conrado I de Alemania atacó sin éxito a Arnulfo cuando este último rechazó reconocer su supremacía real.

En 920 el sucesor del rey Conrado I de Alemania, Enrique I el Pajarero de la Dinastía Sajona, reconoció a Arnulfo de Baviera como duque, confirmando su derecho a designar a obispos, acuñar moneda y sancionar las leyes. Un conflicto similar ocurrió entre el hijo y sucesor de Arnulfo, Everardo de Baviera, y el hijo de Enrique, Otón I el Grande. Everardo probó ser menos acertado que su padre y en 938 huyó de Baviera, que Otón concedió (con reducido privilegio) al tío del último duque, Bertoldo de Baviera. Otón también designó a un conde palatino en la persona del hermano de Everardo, Arnulfo, para defender los intereses reales. Cuando Bertoldo de Baviera murió en 947, Otón I de Alemania confirió el ducado a su propio hermano Enrique I, duque de Baviera, que había casado a Judith, una hija del duque Arnulfo de Baviera. Los bávaros tuvieron aversión a Enrique I, que pasó su corto reinado principalmente en conflictos con su gente. Los estragos de los húngaros cesaron después de que fueran derrotados en la batalla de Lechfeld (955) y el ducado creció temporalmente con la adición de ciertos distritos adyacentes en Italia.

En 955 el joven hijo de Enrique, Enrique II, duque de Baviera, llamado "el pendenciero", lo sucedió teniendo éxito, pero en 974 estuvo implicado en una conspiración contra el rey Otón II. El levantamiento ocurrió porque el rey había concedido el ducado de Suabia al enemigo de Enrique, Otón, nieto del emperador Otón I el Grande, y había dado la nueva Marca Bávara del Este, conocida posteriormente como Austria, a Leopoldo, conde de Babenberg. La rebelión pronto falló, pero Enrique, que en su escape de la prisión renovó sus diagramas, perdió formalmente su ducado de Baviera en 976 con Otón, duque de Suabia. Al mismo tiempo Carintia fue hecho un ducado separado, la oficina del conde Palatino fue restablecida y la iglesia bávara llegó a ser dependiente del rey en vez del duque. Restaurado en 985, Enrique II, duque de Baviera se probó un gobernante capaz estableciendo orden interno, publicando leyes importantes y tomando medidas para reformar los monasterios. Su hijo y sucesor, el futuro rey Enrique II de Alemania en 1002, dio Baviera a su cuñado Enrique V, después de cuya muerte en 1026 pasó sucesivamente al futuro Emperador Enrique III y entonces a otro miembro de la Casa de Luxemburgo, gobernando como duque Enrique VII. En 1061, la emperatriz Inés, la madre y regente del rey Enrique IV de Alemania, confió el ducado a Otón de Nordheim.

Güelfos y Gibelinos

En 1070, el rey Enrique IV de Alemania depuso al duque Otón, concediendo el ducado a Güelfo I de Baviera, un miembro de una familia bávara influyente con las raíces en Padania En consecuencia de su ayuda recibida del papa Gregorio VII en su pelea con Enrique, Güelfo perdió pero recuperó posteriormente Baviera; dos de sus hijos lo siguieron en la sucesión: Güelfo II de Baviera a partir de 1101 y Enrique IX a partir de 1120. Ambos ejercieron considerable influencia entre los príncipes alemanes.

El hijo de Enrique IX, Enrique X, llamado el orgulloso, tuvo éxito en 1126 y también obtuvo el ducado de Sajonia en 1137. Alarmado en este poder principesco, el rey Conrado III de Alemania rechazó permitir que dos ducados permanezcan en las mismas manos y declaró a Enrique depuesto. Él concedió Baviera al marqués Leopoldo IV de Austria. Cuando Leopoldo murió en 1141, el rey conservó el ducado mismo; pero continuó siendo la escena del considerable desorden y en 1143 él la confió a Enrique XI.

La lucha para su posesión continuó hasta 1156, cuando el emperador Federico Barbarroja, en su deseo de restaurar la paz en Alemania, persuadió a Enrique XI de entregar Baviera a Enrique el León, duque de Sajonia e hijo de Enrique el Orgulloso. A cambio, Austria fue elevada de una marca a un ducado independiente. Fue Enrique el León quien fundó Múnich.

Las energías inmensas del duque Enrique el León se centraron en su ducado norteño de Sajonia más que en su ducado meridional de Baviera y cuando el conflicto sobre la sucesión bávara terminó en 1156, el distrito entre el Enns y el Inn se convirtió en parte de Austria.

La importancia cada vez mayor de territorios bávaros anteriores como la marca de Styria (erigido en un ducado en 1180) y del Condado de Tirol había disminuido la fuerza real y relativa de Baviera, que ahora en casi todos los lados careció de las oportunidades para la extensión. El ducado vecino de Carintia, los territorios grandes del Arzobispo de Salzburgo, tan bien como una tendencia general a demandar más independencia de parte de nobles administrativos y puestos: todos estos obstaculizaron el expansionismo bávaro.

Una nueva era comenzó cuando, en la consecuencia de Enrique el León que era colocado bajo interdicción imperial en 1180, el emperador Federico Barbarroja concedió el ducado a Otón, un miembro de la vieja familia bávara de Wittelsbach (familia), y a un descendiente de las cuentas de Scheyern. La Casa de Wittelsbach gobernó Baviera sin interrupción hasta 1218. También el Palatinado electoral fue adquirido por los Wittelsbach en 1214.

Cuando Otón I de Wittelsbach ganó Baviera en Altenburg en septiembre de 1180 las fronteras del ducado abarcaron el Böhmerwald, el Inn, las montañas y el río Lech; y el duque ejerció poder práctico solamente sobre sus dominios privados extensos alrededor de Wittelsbach, de Kelheim y de Straubing.

Otón disfrutó solamente de su poder por tres años. Su hijo Luis I de Baviera (duque) lo sucedió en 1183, hizo un papel principal en asuntos alemanes durante los años del reinado del Emperador Federico II y murió asesinado en Kelheim en septiembre de 1231. Su hijo Otón II, llamado el ilustre, el duque siguiente, encontrado que su lealtad a los emperadores de la Casa de Hohenstaufen se colocó debajo de una interdicción y de Baviera papales colocadas bajo entredicho. Como su padre, Otón II aumentó el área de sus tierras en las compras y él consolidó considerablemente su asimiento sobre el ducado antes de que él muriera en noviembre de 1253.

División del Ducado

Los esfuerzos de los duques para aumentar su poder y para dar la unidad al ducado se habían encontrado con una medida justa de éxito; pero pronto fueron viciados por las particiones entre diversos miembros de la familia, que por 250 años hizo la historia de Baviera poco más que una crónica árida de las divisiones territoriales que traían guerra y la debilidad en su tren.

La primera de estas divisiones ocurrió en 1255. Luis II, duque de Baviera y Enrique XIII Duque de Baviera, los hijos del duque Otón II, que por dos años después de la muerte de su padre habían gobernado Baviera en común, partieron su herencia: Luis II obtuvo la parte occidental del ducado, luego llamada Alta Baviera, pero también el Palatinado y Enrique se aseguró la Baja Baviera.

Reunificación

En 1516 Guillermo IV de Baviera fue obligado, después de una pelea violenta, a conceder una parte en el gobierno a su hermano Luis X de Baviera, un arreglo que duró hasta la muerte de Luis en 1545. Guillermo siguió la política tradicional de la Casa de Wittelsbach de oposición a la Casa de Habsburgo hasta que en 1534 él hizo un tratado en Linz con Fernando I de Habsburgo, Rey de Hungría y Rey de Bohemia. Este acoplamiento se consolidó en 1546, cuando el Emperador Carlos V obtuvo la ayuda del duque durante la guerra de la liga de Schmalkalden prometiéndole en ciertas eventualidades la sucesión al trono bohemio y la dignidad electoral por el condado palatino del Rin. Guillermo IV de Baviera también hizo mucho en un período crítico para asegurar Baviera para el catolicismo. Las doctrinas protestantes habían hecho considerable progreso en el ducado cuando el duque obtuvo del Papa derechos extendidos sobre los obispados y los monasterios y tomó medidas para reprimir a los protestantes, muchos de los cuales desaparecieron; mientras que los jesuitas, a quienes él invitó en el ducado en 1541, hicieron de la Universidad de Ingolstadt su centro de difusión para Alemania. Guillermo, cuya muerte ocurrió en marzo de 1550, fue sucedido por su hijo Alberto V de Baviera, que se había casado con una hija de Fernando de Austria, luego emperador. Pronto en su reinado Alberto hizo algunas concesiones a los protestantes, que eran todavía fuertes en Baviera; pero cerca de 1563 él cambió su actitud, favoreció los decretos del Concilio de Trento y avanzó el trabajo de la Contrarreforma. Como la educación pasó gradualmente a manos de los jesuitas el progreso del protestantismo fue contrarrestado eficazmente en Baviera.

Alberto V de Baviera patrocinó ampliamente el Arte. Artistas de todo tipo acudieron a su corte en Múnich y espléndidos edificios surgieron en la ciudad; mientras que Italia y otros lugares contribuyeron a la colección de obras artísticas. Los gastos de la corte del duque llevaron al duque a pelear con el Landschaft (los nobles) a sus súbditos, y a dejar una gran carga de la deuda cuando murió en octubre de 1579.

El duque siguiente, el hijo de Alberto, Guillermo V de Baviera (llamado "el piadoso") había recibido una educación jesuita y había demostrado apego a los principios de los jesuitas. Obtuvo el Arzobispado de Colonia para su hermano Ernesto en 1583 y esta dignidad se mantuvo en la posesión de la familia por casi 200 años. En 1597 él abdicó a favor de su hijo Maximiliano I, duque y elector de Baviera y se retiró a un monasterio, donde murió en 1626.

Maximiliano I, duque y elector de Baviera encontró el ducado gravado con deuda y lleno de desorden, pero diez años de su gobierno vigoroso efectuaron un cambio notable. Las finanzas y el sistema judicial fueron reorganizados, una nueva clase de funcionarios, una milicia nacional y varios pequeños distritos quedaron bajo la autoridad del duque. El resultado fue una unidad y un orden en el ducado que permitió a Maximiliano jugar un papel importante en la guerra de los 30 años; durante los primeros años de la que fue tan exitoso como para adquirir el Alto Palatinado y la dignidad electoral que habían sido disfrutadas desde 1356 por la más vieja rama de la Casa de Wittelsbach. A pesar de reveses posteriores, Maximiliano I, duque y elector de Baviera conservó estas ganancias en la Paz de Westfalia en 1648. Durante los últimos años de esta guerra, Baviera, especialmente la parte norte, se vieron seriamente afectadas. En 1632 los suecos invadieron y cuando Maximiliano violó el tratado de Ulm en 1647, los franceses y los suecos devastaron la tierra. Después de reparar este daño en cierta medida, el elector murió en Ingolstadt en septiembre de 1651, dejando a su ducado mucho más fuerte de lo que lo había encontrado. La recuperación del Palatinado superior hizo una Baviera compacta; la adquisición del voto electoral lo hizo influyente; y el ducado podía desempeñar un papel en la política europea que se había hecho imposible por las luchas internas en los últimos 400 años.

Monarquía absoluta

Con la posición internacional ganada por Maximiliano I, duque y elector de Baviera pudo dar mayor lustre a la casa ducal, en Baviera su efecto mismo durante los dos siglos siguientes sería más dudoso. El hijo de Maximiliano, Fernando María Elector de Baviera (1651-1679) que era menor de edad cuando le sucedió, hizo mucho de hecho para reparar las heridas causadas por la guerra de los 30 años, recuperación de agricultura e industrias y construcción o restauración de iglesias y de numerosos monasterios. En 1669, por otra parte, él convocó otra vez una reunión de la Dieta, que había sido suspendida desde 1612.

Su buen trabajo, sin embargo, fue deshecho en gran parte por su hijo Maximiliano II (1679-1726) cuya ambición de gran envergadura lo llevó a guerrear contra el Imperio otomano y al lado de Francia en la Guerra de Sucesión Española. Él compartió la derrota en la batalla de Blenheim, cerca de Höchstädt, el 13 de agosto de 1704; sus dominios fueron repartidos temporalmente entre Austria y el elector palatino por el tratado de Ilbesheim, y restaurados solamente a él y agotados, en la paz de Baden en 1714; la primera insurrección campesina bávara, conocida como la Navidad sangrienta de Sendling, fue aplastada por los ocupantes austríacos en 1706.

Precavido por la experiencia de Maximiliano II, su hijo, Carlos Alberto de Baviera (1726-1745) dedicó todas sus energías a aumentar el prestigio y la energía europeos de su casa. La muerte de Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico le ofreció una oportunidad: él disputó la validez de la sanción pragmática que aseguró la sucesión de Austria a María Teresa, se alió con Francia, conquistó Austria septentrional, fue coronado Rey de Bohemia en Praga y, en 1742, Emperador en Fráncfort. El precio que él tuvo que pagar, sin embargo, fue la ocupación de Baviera misma por las tropas austriacas; y, aunque la invasión de Bohemia en 1744 de Federico II de Prusia le permitió volver a Múnich, a su muerte el 20 de enero de 1745, dejó a su sucesor la tarea de qué términos pondría para la recuperación de sus dominios.

Maximiliano III (1745-1777) por la paz de Füssen firmada el 22 de abril de 1745, obtuvo la restitución de sus dominios a cambio de un reconocimiento formal de la sanción pragmática. Él era un Déspota ilustrado, hizo mucho para animar la agricultura, industrias y la explotación de la abundancia mineral del país, fundó la Academia de Ciencias en Múnich y suprimió la censura de la prensa jesuita. En su muerte, el 30 de diciembre de 1777, la línea bávara de la Casa de Wittelsbach llegó a estar extinta y la sucesión pasó a Carlos Teodoro del Palatinado y Baviera, el elector palatino. Después de una separación de cuatro siglos y medio, el Palatinado, al cual los ducados de Jülich y de Iceberg habían sido agregados, fue juntado así con Baviera.

Tan grande una accesión de fuerza a un Estado vecino, cuya ambición ella tan recientemente había tenido apenas razón para temer, probó ser intolerable para Austria, que reclamó un número de señoríos - formando una mitad de la herencia bávara del conjunto - como feudos caducados de la corona bohemia, austriaca, e imperial. Estos inmediatamente fueron ocupados por las tropas austriacas, con el consentimiento secreto de Carlos Teodoro del Palatinado y Baviera, que no tenía herederos legítimos y deseba obtener del emperador la elevación de sus hijos naturales al estado de los príncipes del imperio. Las protestas del heredero siguiente, Carlos II, duque de Zweibrücken apoyadas por el Rey de Prusia, llevaron a la guerra de sucesión bávara. Por la paz de Teschen (el 13 de mayo de 1779) el distrito del Eno ( Innviertel) fue cedido a Austria y la sucesión aseguró a Carlos de Zweibrücken.

Por Baviera misma Carlos Teodoro hizo menos que nada. Él se sentía un extranjero entre extranjeros y su esquema preferido, el tema de encantos sin fin con el gabinete austríaco y la causa inmediata de la liga de príncipes de Federico II (Fürstenbund) de 1785, era intercambiar Baviera por los Países Bajos Austriacos y el título del Rey de Borgoña. Para el resto, la política interna ilustrada de su precursor fue abandonada. Los fondos de la suprimida Compañía de Jesús, que Maximiliano III había destinado para la reforma del sistema educativo del país, fueron utilizados para dotar una provincia de los caballeros de San Juan de Jerusalén, con el fin de combatir a los enemigos de la fe. El clericalismo más estrecho inspiró al gobierno, que culminó en la tentativa de retirar a los obispos bávaros de la jurisdicción de los grandes metropolitanos alemanes y de ponerlos directamente bajo la autoridad del Papa. En la víspera de la revolución la condición intelectual y social de Baviera seguía siendo la de la Edad Media.

Revolución

En 1792 ejércitos revolucionarios franceses invadieron el Palatinado; en 1795 los franceses, al mando de Jean Victor Marie Moreau, invadieron la misma Baviera, avanzado a Múnich - donde los largamente reprimidos liberales los recibieron con alegría - y pusieron cerco a Ingolstadt. Carlos Teodoro de Baviera, que no había hecho nada para prevenir la guerra u oponerse a la invasión, huyó a Sajonia, dejando una regencia, cuyos miembros firmaron una convención con Moreau, por la cual él concedió un armisticio a cambio de una pesada contribución (el 7 de septiembre de 1796)

Entre los franceses y los austríacos, Baviera ahora estaba en una mala situación. Antes de la muerte de Carlos Teodoro de Baviera (el 16 de febrero de 1799) los austríacos habían ocupado otra vez el país, con objeto de renovar la guerra con Francia. El nuevo elector, Maximiliano (luego rey Maximiliano I de Baviera), sucedió a una herencia difícil. Sin embargo sus propias condolencias y las de su ministro todopoderoso, Maximiliano Von Montgelas, eran, si acaso, franceses algo que austriaco, el estado de las finanzas bávaras, y el hecho de que dispersaron y fueron desorganizadas a las tropas bávaras, colocado le desamparado en las manos de Austria; el 2 de diciembre de 1800 las armas bávaras estuvieron implicados en la batalla de Hohenlinden y Moreau una vez más ocupó Múnich. Por el tratado de Lunéville (el 9 de febrero de 1801) Baviera perdió la Palatinado y los ducados de Zweibrücken y de Jülich.

Debido a las ambiciones y a los encantos apenas disfrazados de la corte austriaca, Montgelas ahora creyó que los intereses de Baviera están en una franca alianza con la I República Francesa; él tuvo éxito en la superación de la repugnancia de Maximiliano I de Baviera; y, el 24 de agosto, un tratado separado de la paz y de la alianza con Francia fue firmado en París. Por el tercer artículo de éste, Napoleón Bonaparte emprendió ver que la remuneración prometida bajo 7mo artículo del tratado de Lunéville para el territorio cedió en la margen izquierda del Rin, debe ser realizado a expensas del imperio de la manera más conforme a Baviera.

En 1803, por consiguiente, en los cambios territoriales consiguientes en la supresión de los estados eclesiásticos y de muchas Ciudades Libres del Sacro Imperio Romano Germánico, Baviera recibió los obispados de Würzburg, Bamberg, Augsburg y Freisingen, parte del de Passau, los territorios de doce abadías y diecisiete ciudades y aldeas, el conjunto que formaba un territorio compacto que más que compensado la pérdida de sus provincias periféricas en el Rin. Montgelas ahora aspiró levantar Baviera a la fila de una potencia de primer orden y él persiguió este objeto durante la época napoleónica con habilidad consumada, teniendo en cuenta completamente la preponderancia de Francia - siempre y cuando duró - pero nunca permitió que Baviera se hundiese, como muchos de los estados de la Confederación del Rin, en una mera dependencia francesa.

En la guerra de 1805, de acuerdo con un tratado de la alianza firmado en Würzburg el 23 de septiembre, las tropas bávaras, por primera vez desde los días de Carlos VII del Sacro Imperio Romano, lucharon de lado a lado con los franceses y por el tratado de Pressburg, firmado el 26 de diciembre, el principado de Eichstädt, el Marquesado de Burgau, el señorío de Vorarlberg, los condados de Hohenems y Königsegg- Rothenfels, los señoríos de Argén y de Tettnang y la ciudad de Lindau con su territorio debían ser agregados a Baviera. Por una parte Würzburg, obtenido en 1803, debía ser cedido por Baviera al elector de Salzburgo a cambio del Tirol. Por el 1º artículo del tratado el Emperador reconoció la asunción del elector del título de Rey como Maximiliano I de Baviera. El precio que Maximiliano tenía renuente pagar esta accesión de la dignidad era la unión de su hija Augusta con Eugène de Beauharnais. El 15 de marzo de 1806 él cedió el ducado del Leuchtenberg a Napoleón.

Edad Contemporánea

Situación de Baviera en la República de Weimar.

Véase Reino de Baviera y Unificación alemana.

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