Batalla de la Vuelta de Obligado

Batalla de la Vuelta de Obligado
Parte del Bloqueo anglo-francés del Río de la Plata
Batalla de la Vuelta de Obligado.jpg
Fecha 20 de noviembre de 1845 (hace 171 años)
Lugar Río Paraná, provincia de Buenos Aires
Coordenadas 33°35′32″S 59°48′27″O / -33.5921, 33°35′32″S 59°48′27″O / -59.807425
Resultado

Victoria pírrica de la armada anglo-francesa

Beligerantes
Confederación Argentina Bandera de Reino Unido  Reino Unido
Bandera de Francia Reino de Francia
Comandantes
Lucio Norberto Mansilla Bandera de Reino Unido Samuel Inglefield
Bandera de Francia François Thomas Tréhouart
Fuerzas en combate
1 bergantín
2 cañoneros
4 baterías con 30 cañones
2000 soldados
22 buques de guerra
418 cañones
880 soldados
Bajas
150-200 muertos
400+ heridos
30-40 muertos
130-160 heridos
Graves daños a la flota invasora y a buques mercantes
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La Batalla de la Vuelta de Obligado se produjo el 20 de noviembre de 1845, en aguas del río Paraná, sobre su margen derecha y al norte de la provincia de Buenos Aires, en un recodo donde el cauce se angosta y gira, conocido como Vuelta de Obligado, en lo que hoy es la localidad de Obligado ( partido de San Pedro).

Enfrentó a la Confederación Argentina liderada por el brigadier Juan Manuel de Rosas (1793-1877) —quien nombró comandante de las fuerzas defensoras al general Lucio N. Mansilla (1792-1871)— y a la escuadra anglo-francesa, cuya intervención se realizó bajo el pretexto de lograr la pacificación ante los problemas existentes entre Buenos Aires y Montevideo.

Contexto previo

El gobernador Juan Manuel de Rosas (1793-1877).

En 1845, el general Juan Manuel de Rosas gobernaba por segunda vez la provincia de Buenos Aires, mientras que Uruguay se encontraba en medio de una guerra civil entre los caudillos Manuel Oribe y Fructuoso Rivera. Oribe acudió a Rosas, buscando apoyo para recuperar el gobierno que había perdido ante Rivera quien era ayudado por Brasil; a lo demandado por el nacional Oribe, Rosas accedió con aporte de tropas y armamento. Con esta ayuda, Oribe invadió el Uruguay y sitió la ciudad de Montevideo.

La intervención de fuerzas extranjeras exaltó los ánimos, y motivó que el Reino Unido y Francia intervinieran en el conflicto, apoyando al autodenominado " Gobierno de la Defensa" protegido de Brasil y del Reino Unido y Francia, autoconvocándose como mediadores en el conflicto. Rosas fue intimado a retirar sus tropas, pero rechazó la intimación. Inmediatamente, la escuadra porteña que bloqueaba Montevideo fue capturada por la flota combinada.

Con el desarrollo de la navegación a vapor ―desarrollo efectuado principalmente en el Reino Unido, Francia y Estados Unidos― ocurrido en la tercera década del siglo XIX, grandes navíos mercantes y militares podían remontar en tiempos relativamente breves los ríos en contra de la corriente, y con una buena relación de carga útil.

Este avance tecnológico acicateó a los gobiernos británico y francés que, desde entonces, siendo las superpotencias de esa época, pretendían lograr garantías que permitieran el comercio y el libre tránsito de sus naves por el estuario del Río de la Plata y todos los ríos interiores pertenecientes a la cuenca del mismo.

En el año 1811, poco después de la Revolución de Mayo de 1810 (en que Argentina comenzó su proceso de independencia de España), Hipólito Vieytes recorrió la costa del río Paraná buscando un sitio ideal en donde poder montar una defensa contra un hipotético ataque de naves españolas. Para este propósito consideró al recodo de la Vuelta de Obligado como el sitio ideal, por sus altas barrancas y la curva pronunciada que obligaba a las naves a recostarse para pasar por allí. Rosas estaba al tanto de sus anotaciones, y es por ello que decidió preparar las defensas en dicho sitio.

En su nota sobre este combate, al explicar el interés que movía a Rosas, opina el historiador Felipe Pigna que Rosas:

Compartía con los terratenientes bonaerenses la seguridad de que el Estado no podía entregarse a ninguna potencia extranjera. No había tanto en Rosas y sus socios políticos y económicos una actitud fanática que se transformara en xenofobia ni mucho menos, sino una política nacionalista pragmática que entendía como deseable que los ingleses manejasen nuestro comercio exterior, pero que no admitía que se apropiaran de un solo palmo de territorio nacional que les diera ulteriores derechos a copar el Estado, fuente de todos los negocios y privilegios de nuestra burguesía terrateniente.[1]

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