Batalla de Vercelas

Batalla de Vercelas
la Guerra Cimbria
Tiepolo Vercellae.jpg
La batalla de Vercelae, por Giovanni Battista Tiepolo, 1725-1729
Fecha 30 de julio de 101 a. C.[2]
Lugar Vercelli, en la Galia Cisalpina
Resultado Decisiva victoria romana
Beligerantes
República romana Cimbrios
Comandantes
Vexilloid of the Roman Empire.svg Cayo Mario
Vexilloid of the Roman Empire.svg Quinto Cátulo
Vexilloid of the Roman Empire.svg Cornelio Sila
Rey Boiorix
Fuerzas en combate
50 000[2]
(8 legiones con caballería y auxiliares)
Estimación antigua:
150 000-220 000[nota 1]
Estimación moderna:
200 000[3]
(incluyendo no combatientes)
(incluyendo 15 000 jinetes)[4]
Bajas
Alrededor de 1000 Estimación antigua:
130 000[6] muertos
20 000[6] prisioneros
Estimación moderna:
65 000[8]
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La batalla de Vercelas, también conocida como la batalla de la planicie de Raudine, tuvo lugar en el año 101 a. C. y en ella se enfrentaron la Antigua República Romana, dirigida por el cónsul Cayo Mario y una gran fuerza de invasión de la tribu germánica de los cimbrios, cerca del asentamiento de Vercelae, en la Galia Cisalpina.

Los cimbrios fueron virtualmente barridos, con más de 140 000 muertos y 60 000 capturados, incluyendo un gran número de mujeres y niños. También se ha dado gran parte del mérito de esta victoria al entonces legado de Quinto Lutacio Cátulo, Lucio Cornelio Sila, que dirigió la caballería de Roma y sus socii itálicos.

Antecedentes

En algún momento hacia 120 a. C. la tribu germánica de los cimbrios partió de su hogar en Jutlandia hacia el sur, uniéndosele luego los teutones y ambrones formando una enorme marea humana que cruzó el Danubio en 113 a. C. hacia la región de Nórica donde los locales pidieron ayuda a sus aliados romanos que fueron derrotados en Noreya.

Alexandre-Gabriel Decamps, La derrota de los cimbrios, 1833.

Los invasores entonces atacaron la Galia pero la respuesta romana se dio en 105 a. C. que terminó con una nueva y más desastrosa derrota en Arausio; Italia había quedado indefensa pero los germanos se dirigieron a Hispania. Ante tal peligro los romanos autorizaron a Cayo Mario, un general experimentado y exitoso, a implementar un serie de reformas que convirtieron el ejército romano de una milicia de conscriptos en una tropa profesional remunerada. Cambios se sucedieron también en el otro bando, donde Boiorix, rey cimbrio consiguió el poder absoluto sobre la masa migrante y ordenó a esta volver a la Galia donde consiguió el apoyo de los tigurinos para invadir Italia.

Dividió sus fuerzas en tres columnas que deberían cruzar los Alpes a la vez: Teutobod, rey de los teutones junto a los ambrones cruzarían por el oeste, Boiorix y su gente por el centro y Divicón con sus tigurinos por el este. Sabiendo los planes enemigos Mario había decidido derrotar a las tres fuerzas por separado, él se enfrentaría a los teutones mientras que su colega en el consulado, Quinto Lutacio Cátulo, haría lo suyo contra los cimbrios para finalmente unir sus fuerzas y destruir a los tigurinos.

Mario tuvo éxito al destruir la fuerza germánica en la batalla de Aquae Sextiae pero Cátulo fue incapaz de detener a los cimbrios en el Paso del Brennero. Quinto Cátulo apenas disponía de 10 000 hombres para enfrentar una marea de cerca de 200 000 germanos,[3] la posición que había escogido era fácilmente rodeable y los romanos corría el riesgo de ser aniquilados, antes de llegar el enemigo Lucio Cornelio Sila provocó un motín entre los centuriones y forzó a su comandante a entrar en razón. Fue así como los cimbrios entraron en la Galia Cisalpina. Tras esto Mario marchó con sus legiones a ayudar a su colega, uniéndose ambas fuerzas romanas en Vercelae.

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