Batalla de Santander

Batalla de Santander
Frente Norte - Guerra Civil Española
Monumento del cementerio de italianos del Puerto del Escudo 1.jpg
Cementerio militar italiano en el puerto del Escudo, en 1967.
Fecha 14 de agosto - 17 de septiembre de 1937
Lugar Cantabria, España
Coordenadas 43°27′N 3°48′O / 43.45, 43°27′N 3°48′O / -3.8
Resultado Decisiva victoria sublevada
Cambios territoriales La provincia de Santander pasa a ser controlada por el Bando sublevado
Beligerantes
Flag of Spain (1931 - 1939).svg República española Bandera del bando nacional 1936-1938.svg Fuerzas sublevadas
Flag of Italy (1861-1946).svg Reino de Italia
Bandera de Alemania Alemania nazi
Comandantes
Flag of Spain (1931 - 1939).svg Mariano Gamir
Flag of Spain (1931 - 1939).svg Adolfo Prada Vaquero
Flag of Spain (1931 - 1939).svg José García Vayas
Bandera del bando nacional 1936-1938.svg Fidel Dávila Arrondo
Bandera del bando nacional 1936-1938.svg Rafael García Valiño
Bandera del bando nacional 1936-1938.svg Camilo Alonso Vega
Flag of Italy (1861-1946).svg Ettore Bastico
Fuerzas en combate
Ejército del Norte (republicano)
• 80 000 soldados
• 150 piezas de artillería
Fuerzas Aéreas de la República Española
• 33 cazas y bombarderos
• 11 aviones de reconocimiento
Ejército del Norte (sublevado)
• 65 000 soldados
• 126 piezas de artillería
Corpo Truppe Volontarie
• 25 000 hombres
Legión Cóndor
• 70 aviones
Aviación Legionaria
• 80 aviones
Aviación sublevada
• 70 aviones
Bajas
60 000 muertos, desaparecidos o capturados. Bandera del bando nacional 1936-1938.svg 30 000 muertos, desaparecidos o capturados
Flag of Italy (1861-1946).svg 486 soldados italianos muertos y 1546 desaparecidos.
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Se conoce como batalla de Santander al conjunto de operaciones militares llevadas a cabo durante la Guerra Civil Española entre el 14 de agosto y el 17 de septiembre de 1937 en la provincia de Santander, actual Cantabria, y que culminarían con su ocupación por el bando sublevado contra la Segunda República.

Antecedentes

En julio de 1937 y tras la caída de Vizcaya, el Gobierno de la República ordenó una ofensiva sobre Brunete, como maniobra de distracción que descongestionase Madrid y contuviera el avance del ejército sublevado en el Norte, en esos momentos, a las puertas de la provincia de Santander. La batalla de Brunete acabó a finales de julio y el general Franco, deseoso de finalizar el episodio del Norte, recuperó para este frente las unidades que había desplazado a las operaciones del centro. La ofensiva era inminente.

El 6 de agosto, un decreto creaba en Santander la Junta Delegada del Gobierno en el Norte, presidida por el general Mariano Gamir Ulibarri, máximo responsable militar, y compuesta por un representante de los Gobiernos del País Vasco, Asturias y Santander.[1] Se trataba así de coordinar las acciones de defensa. En este tiempo, unido a la falta de alimentos, los habitantes de la capital sufrían ataques aéreos regulares, mucho más frecuentes que el año anterior, y se les animaba desde la prensa local a una febril tarea de fortificación. A la vez, se procedía a la evacuación por mar de refugiados vascos con destino a Francia.

La defensa del territorio cántabro se confió a 80 000 hombres englobados en cuatro Cuerpos de ejército: el XIV formado por lo que quedaba del así llamado «Ejército Vasco» ( Euzko Gudarostea), el XV, compuesto en su mayor parte por tropa cántabra y, en menor medida, los cuerpos XVI y XVII (asturianos ambos).[3]

Por su parte, las fuerzas del bando sublevado constaban de seis brigadas de Navarra[8] Formaban 90 000 hombres.

El campo de batalla se situaría en terreno montañoso al localizarse el frente en la cordillera Cantábrica, cuyas cumbres más elevadas estaban en manos gubernamentales, que tenía ventajas posicionales. La línea de batalla discurría por la zona sur de Reinosa hasta el Puerto del Escudo, dibujando una bolsa entre Barruelo de Santullán, Aguilar de Campoo y Soncillo, que constituía la avanzada gubernamental sobre la meseta castellana y donde se concentraba el mayor número de tropas del ejército leal a la República. A la larga, esta citada bolsa, con problemas de abastecimiento y de difícil defensa, se convertiría en una trampa.

Por otro lado, las condiciones físicas y la moral del bando sublevado eran superiores a las de las fuerzas gubernamentales. Muchas unidades vascas no deseaban luchar fuera de Euskadi, y el propio lehendakari, José Antonio Aguirre, había querido trasladar por barco todas las fuerzas vascas al frente de Aragón, cruzando Francia, para avanzar sobre Navarra desde la retaguardia gubernamental, idea rechazada desde el gobierno de la República, en Valencia, al considerarla impracticable y quimérica. A ello se deben añadir las difíciles relaciones entre los diferentes batallones asturianos, cántabros y vascos.[9] Así lo señalaría Dolores Ibárruri más tarde:

Hablar del Ejército del Norte era un eufemismo. Había las milicias de Asturias, las milicias de Santander y las del País Vasco, que en general actuaban cada una con sus propios mandos (...) No se toleraba que ningún intruso se inmiscuyese en asuntos de familia, aunque la estrechez egoísta y localista llevase a unos y a otros a la catástrofe, y a todos, a ir preparando el terreno para la derrota de la República...

Dolores Ibárruri. El único camino (1963).

La moral decaería aún más al extenderse los primeros rumores, a la larga fidedignos, de que altos cargos del gobierno vasco habían estado negociando desde junio la rendición de sus fuerzas a los italianos, la cual se materializaría el 24 de agosto con la firma del Pacto de Santoña y la concentración de las tropas del Euzko Gudarostea en esta localidad cántabra.

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