Batalla de Navarino

Batalla de Navarino
la Guerra de independencia de Grecia
y la Guerra ruso-turca de 1828-1829
Naval Battle of Navarino by Garneray.jpg
Batalla de Navarino, pintura al óleo de Garneray.
Fecha 20 de octubre de 1827
Lugar Navarino Flag of Greece.svg  Grecia
Coordenadas 36°56′09″N 21°41′16″E / 36.935833333333, 36°56′09″N 21°41′16″E / 21.687777777778
Resultado Victoria decisiva británica, francesa y rusa
Beligerantes
Bandera de Reino Unido Reino Unido
Pavillon royal de France.svg Reino de Francia
Flag of Russia.svg Imperio ruso
Ottoman flag Imperio otomano
Flag of Egypt (1882-1922).svg Vilayeto de Egipto
Ottoman flag Vilayeto de Túnez
Comandantes
Bandera de Reino Unido Edward Codrington
Pavillon royal de France.svg Henri de Rigny
Russian Emperor Flag.jpg Login Heyden
Flag of Egypt (1882-1922).svg Ibrahim Bajá
Ottoman flag Amir Tahir Pasha
Flag of Egypt (1882-1922).svg Moharram Bey
Ottoman flag Capitan Bey
Fuerzas en combate
10 navíos de línea
10 fragatas
4 bergantines
2 goletas
1 cúter
3 navíos de línea
17 fragatas
30 corbetas
28 bergantines
5 goletas
5 o 6 brulotes
Bajas
181 muertos,
480 heridos
Total: 661
4109
muertos o heridos
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La batalla de Navarino fue una batalla naval librada en 1827, durante la guerra de independencia de Grecia, en Navarino (hoy Pilos). Combatieron las flotas otomana y egipcia contra las flotas combinadas británica, francesa y rusa, siendo el triunfo de esta última alianza. La derrota otomana motivó la retirada de la flota, aunque no de las tropas de tierra, que permanecieron en la península en la región hasta el fin de la expedición francesa de Morea; los combates entre griegos y otomanos continuaron, pero estos perdieron el apoyo logístico de la Armada.

Al frente de la flota británica se encontraba el vicealmirante sir Edward Codrington, que debía mediar entre los independentistas griegos y sus gobernantes turcos. Codrington se adentró en la bahía para impedir que zarpara la flota de Ibrahim bajá, el hijo del bajá egipcio Mehmet Alí. Ambos países no estaban en guerra, pero el marino británico estaba dispuesto a emplear la fuerza. La flota del Imperio otomano (al mando de Ibrahim, pero comandada por Amir Tahir Pasha, almirante del sultán Mahmud II y compuesta por tres navíos de línea, diecinueve fragatas y numerosas embarcaciones de pequeño tamaño) estaba anclada formando un semicírculo para que las embarcaciones se protegiesen mutuamente y poder hacer converger el fuego de sus cañones. Codrington comenzó a fondear su flota (compuesta por once navíos de línea y once fragatas) en el interior de esta formación a las dos de la tarde. La batalla se inició hacia las dos y media, después de que una nave turca abriera fuego contra una embarcación británica y causara la muerte de parte de su tripulación. En esos momentos, aún no habían fondeado las escuadras francesa ni rusa.

Las naves británicas, a pesar de ser menos numerosas y hallarse en una posición táctica desventajosa, fueron capaces de derrotar a sus enemigas debido a su potencia de fuego y superior organización y cubrieron la llegada de sus aliados. Al cabo de cuatro horas, las dos flotas otomanas habían sido aniquiladas. A la mañana siguiente, todos sus grandes buques de guerra estaban hundidos, en llamas o dañados sin posibilidad de reparación. La flota turco-egipcia perdió al menos cuatro mil hombres. Las bajas de los aliados europeos fueron de 174 muertos y 475 heridos.

Ibrahim bajá accedió a evacuar Grecia, con lo que prácticamente concluyó la Guerra de independencia griega. No obstante, la victoria no se recibió con agrado en Gran Bretaña. El primer ministro británico Arthur Wellesley, duque de Wellington, que temía un ataque ruso a Turquía, calificó esta batalla de «acontecimiento desfavorable» y destituyó a Codrington.

El combate de Navarino constituye un acontecimiento fundamental de la historia contemporánea de Grecia y fue uno de los momentos más gloriosos para la Armada rusa. La participación en la batalla de Rusia desencadenó a su vez la guerra ruso-turca de 1828-1829.

Circunstancias

La guerra de independencia griega

En 1821, los griegos se habían alzado contra la Administración otomana. Al principio habían logrado numerosas victorias y proclamaron la independencia en enero de 1822. Las victorias griegas habían sido efímeras, sin embargo, en parte porque los insurgentes se habían dividido pronto en facciones rivales, que se enfrentaron en dos guerras civiles. El sultán Mahmut II había solicitado la ayuda de su vasallo egipcio Mehmet Alí, que, en 1824, había despachado a Grecia a su hijo Ibrahim bajá con una flota con ocho mil hombres, a los que luego se unieron otros veinticinco mil. La intervención de Ibrahim resultó decisiva: los otomanos dominaban de nuevo el Peloponeso en 1825; la fortaleza de Mesolongi cayó en su poder en 1826 y retomaron Atenas en 1827. Los griegos no controlaban ya más que Nauplia, Hidra, Spetses y Egina.[3]

El juramento de Aghia Lavra. Este cuadro de Theodoros Vryzakis (1865) conmemora el alzamiento del 25 de marzo de 1821. Óleo sobre lienzo, Galería Nacional de Arte y Museo Alexandros Soutzos, Atenas.

La actitud de las potencias europeas era entonces ambigua, como la de sus representantes en el Levante. El alzamiento griego, considerado liberal y nacional, no convenía a la Austria de Metternich, principal artífice de la política de la Santa Alianza. No obstante, Rusia, otro gendarme reaccionario de la Europa del momento, favorecía la insurrección por solidaridad religiosa ortodoxa y por interés geoestratégico (con el afán de obtener el dominio de los estrechos de los Dardanelos y del Bósforo). La Francia de Carlos X, otro miembro activo de la Santa Alianza (acababa de intervenir en España contra los liberales), mantenía una posición equívoca: los griegos, en efecto liberales, eran primeramente cristianos y su alzamiento contra los otomanos musulmanes podía entenderse como una nueva cruzada. El Reino Unido, país liberal, se interesaba sobre todo por la situación de la región debido a su relación con la ruta de la India, y por esta deseaba ejercer un cierto control en ella.[4]

No obstante, ciudadanos de los diferentes países europeos combatían en Grecia junto a los insurgentes. Entre estos filohelenos, se encontraban militares franceses como el coronel Fabvier o marinos británicos como Frank Abney Hastings o Thomas Cochrane. Asimismo, el almirante británico Edward Codrington y el francés Henri de Rigny, que mandaban las flotas de sus respectivos países en la región, no eran desfavorables a la causa griega. A menudo, infringían levemente la neutralidad que les imponían sus Gobiernos para sostener a los griegos. Se justificaban arguyendo que la misma política de sus Gobiernos hacia la contienda era ambigua.[4]

El Tratado de Londres

George Canning, primer ministro del Reino Unido.

La matanza de Quíos, la muerte de lord Byron y la caída de Mesolongi habían emocionado suficientemente a las opiniones públicas occidentales como para que los Ejecutivos se inquietaran y realizasen para empezar acciones diplomáticas.[7]

Las negociaciones dieron fruto en julio de 1827. Francia, el Reino Unido y Rusia firmaron el 6 de julio en Londres el Tratado de Londres. El texto oficial era prácticamente equivalente al protocolo de San Petersburgo. No obstante, en el trato se incluyeron sanciones, en una cláusula secreta que desvelo una semana más tarde el Times. Esta cláusula preveía que, en caso de rechazo del Imperio otomano, las potencias reconocerían de hecho a Grecia enviando cónsules y se interpondrían entre los beligerantes.[7]

Desde el 9 de junio de 1827, el Imperio otomano había hecho saber que rechazaría toda tentativa de mediación y armisticio presente o futuro. El Tratado de Londres no cambió nada. Además, las flotas francesa y británica presentes en el Mediterráneo oriental no eran suficientemente fuertes para impresionar a la Sublime Puerta e impelirla a aceptar los términos del tratado. El 16 de agosto, el texto de este fue presentado oficialmente al Reis-Effendi, el ministro de Asuntos Exteriores otomano. El 30 de agosto, este negó haber recibido ningún documento. En cambio, informado el 2 de septiembre, el Ejecutivo griego aceptó el armisticio al día siguiente, a pesar de las reticencias de sus jefes, los filohelenos Richard Church y Thomas Cochrane, que acababan de emprender una operación conjunta terrestre y naval.[9]

La ambigüedad de las órdenes a los almirantes

Edward Codrington, el contraalmirante británico al mando de la flota del Mediterráneo oriental.

Las flota británica, mandada por el contraalmirante Edward Codrington, y francesa, con el almirante Henri de Rigny al frente, patrullaban las aguas del Mediterráneo oriental desde hacía años para luchar contra la piratería. Las órdenes poco precisas que habían recibido sobre la actitud que debían adoptar en la situación creada por la guerra de independencia griega dejaban cierta autonomía a los almirantes.[10]

Cuando regresó a su puesto en febrero 1826, Codrington heredó las órdenes de su predecesor, sir Harry Burrard-Neale: mantener la seguridad de los súbditos británicos y de la República de Islas Jónicas, protectorado británico. Tenía que también pedir a Ibrahim bajá que renunciase a su proyecto de «barbarización» de Morea y, en caso de que rechazase hacerlo, informar al soberano británico.[13]

La escuadra rusa que debía interponerse entre griegos y otomanos comenzó a reunirse en Kronstadt un mes antes de que se firmase el Tratado de Londres. El zar Nicolás I, cuando la pasó revista el 10 de junio, declaró que «en caso de operaciones militares, el enemigo [sería] tratado a la rusa». La orden era así más clara.[14]

Henri de Rigny, el almirante francés al mando de la flota francesa destacada en el Mediterráneo oriental, pintado por François-Gabriel Lépaulle, 1836.

Las instrucciones dadas a los almirantes francés, británico y ruso por sus Gobiernos respectivos figuraban en los anexos D y F del Tratado de Londres. La hipótesis que se asumía era que los otomanos rechazarían la propuesta de armisticio y de mediación, mientras que los griegos (que la habían solicitado) la aceptarían. Los almirantes deberían entonces «tomar las medidas más eficaces y más expeditivas para poner fin a las hostilidades y al derramamiento de sangre», «utilizar todos los medios […] para obtener un armisticio inmediato» y organizar escuadras encargadas de impedir que cualquier refuerzo turco o egipcio alcanzase Grecia. No obstante, la violencia debía reservarse como último recurso, para el caso de que los otomanos persistiesen en intentar forzar el bloqueo. Para todos los casos no previstos en las instrucciones, los almirantes contaban con permiso para actuar como considerasen oportuno.[15]

El almirante británico Codrington y el francés De Rigny recibieron estas instrucciones el 7 de agosto, mientras que se encontraban en Esmirna. De Rigny las encontró «muy poco precisas».[19]

Primeras consecuencias del Tratado de Londres

Ibrahim bajá, hijo de Mehmet Alí y principal comandante otomano en Grecia.

Después de la firma del Tratado de Londres, se envió a un emisario especial, el mayor J. H. Cradock, al virrey de Egipto para intimarle a que se mantuviese neutral. Las cancillerías europeas sabían que una flota turco-egipcia que tenía la misión de zarpar a unirse a Ibrahim bajá se había reunido en Alejandría. Cradock llegó a Egipto el 8 de agosto, tres días después de la partida de la flota, que contaba con algo menos de noventa embarcaciones al mando de Moharrem Bey, un cuñado de Ibrahim bajá. Estaba dividida en tres escuadras: una otomana,[21]

La flota otomana se reunió en la bahía de Navarino el 7 de septiembre. Al enterarse, Codrington abandonó Nauplia y ancló a la entrada de la bahía el 12. Con esta maniobra, consiguió que Ibrahim bajá ordenase la vuelta de una primera escuadra que había enviado contra Hidra. La flota francesa se unió a la británica el 22 de septiembre. Codrington y De Rigny se reunieron con Ibrahim bajá tres días más tarde. Cada una de las partes expuso sus órdenes: las de Ibrahim bajá consistían en atacar Hidra; los almirantes francés y británico, por su parte, indicaron que debían impedirlo, destruyendo la integridad de la flota otomana si resultaba necesario, y solicitar que evacuase Grecia. Ibrahim bajá convino en suspender todas las operaciones militares hasta recibir nuevas órdenes, bien de Alejandría o de Constantinopla, hacia mediados de octubre. Las flotas occidentales se retiraron para avituallarse y dejaron únicamente dos barcos (uno británico, el Dartmouth, y otro francés, el Armide) para vigilar la bahía.[23]

La Karteria, acuarela anónima que data de la década de 1820. Archivo Histórico de Hidra. Era el único barco de vapor que surcaba el Mediterráneo y combatía en el bando griego.

No obstante, el acuerdo era frágil. Los griegos habían aceptado el armisticio, pero, al saber que los otomanos lo habían rechazado, continuaban luchando. En septiembre 1827, emprendieron una operación conjunta de las fuerzas terrestres y navales griegas, que tenía como objetivo reconquistar la región de Mesolongi. El filoheleno Frank Abney Hastings mandaba el único barco de vapor del Mediterráneo: el Karteria. Formaba parte de la escuadra griega de veintitrés buques mandada por Cochrane que tenía que sostener a las fuerzas terrestres mandadas por Richard Church. El almirante británico Codrington, conforme a las disposiciones del Tratado de Londres, neutralizó pacíficamente esta flota griega, prohibiendo la operación terrestre. Hastings permaneció en el golfo de Corinto con una pequeña escuadra de seis navíos. En la bahía de Ámfisa (entonces llamada Salona), se encontraba una flota otomana de once naves, cinco de ellas de gran tonelaje, protegida por baterías costeras. El 30 de septiembre, la escuadra griega la atacó. Las ruedas hidráulicas de la Karteria le permitían girar prácticamente sin desplazarse y sus calderas le proporcionaban balas al rojo vivo. Ella sola destruyó en media hora todos los barcos otomanos, mientras que el resto de la escuadra griega eliminaba las baterías costeras.[25]

Login van Geiden, hacia 1820. Mandaba la flota rusa que participó en la batalla.

Cuando tuvo noticia de la destrucción de sus naves en Ámfisa, Ibrahim bajá montó en cólera y meditó cómo vengarse de Hastings. Formó una escuadra de cuarenta y ocho buques, de la que tomó el mando, acompañado por Tahir bajá y Moharrem Bey, y con la que puso rumbo al golfo de Corinto. Sin embargo, fue interceptado por Codrington. Las dos flotas se persiguieron durante tres días, del 4 al 6 de octubre, en torno a la isla de Zante, en plena tempestad. Codrington consiguió obligar a Ibrahim bajá a volver a Navarino, después de haber abatido algunos mástiles de las naves otomanas a cañonazos.[23]

Hacia el 10 de octubre, la flota rusa, mandada por Login van Geiden, se unió a las flotas británica y francesa. Al mismo tiempo, los almirantes supieron que las tropas de Ibrahim bajá realizaban una destrucción sistemática del Peloponeso. Desde la mar, en la bahía de Kalamata, la tripulación de la Cambrian podía ver las huertas incendiadas, resultado de esta política de tierra quemada. Resultaba evidente que bloquear la flota egipcio-otomana en la bahía de Navarino resultaba insuficiente y no impedía los desmanes en tierra; las órdenes además indicaban que las flotas debían proteger las regiones insurrectas. El 18 de octubre, los tres almirantes firmaron un protocolo en el que exponían sus intenciones; deseaban mostrar que continuaban obedeciendo las instrucciones recibidas. Anunciaban su intención de entrar en la bahía de Navarino para renovar su oferta de evacuación a Ibrahim bajá y de obligarlo a aceptarla, mediante una simple demostración de fuerza, sin actos hostiles contra él ni derramamientos de sangre.[23]

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