Batalla de Ilerda

Batalla de Ilerda
Segunda Gran Guerra Civil Romana
Mondo romano nel 56 aC al tempo del primo triumvirato.png
Mundo romano en el 56 a. C., repartición del Convenio de Lucca. Las provincias de Hispania Citerior y Ulterior y África para Cneo Pompeyo Magno, Siria para Marco Licinio Craso e Ilírico y las Galias Cisalpina y Narbonense para Cayo Julio César. Gracias a su carrera militar, Pompeyo contaba con aliados en Hispania, Massilia, Numidia, los Balcanes y Asia Menor y el apoyo de Berebistas. En cambio, César contaba con sus provincias, la recién conquistada Galia Comata y la fácilmente ocupada Italia.
Fecha Operaciones: desde el 20 de junio
Asedio final: 30 de julio- 2 de agosto de 49 a. C.[1]
Lugar Ilerda y zonas colindantes, Hispania
Coordenadas 41°22′00″N 0°30′00″O / 41.36666667, 41°22′00″N 0°30′00″O / -0.5
Resultado Victoria cesariana
Beligerantes
Cesarianos Pompeyanos
Comandantes
Cayo Julio César
Lucio Munacio Planco
Cayo Fabio
Lucio Afranio  Rendición
Marco Petreyo  Rendición
Fuerzas en combate
Según César:
6 legiones romanas (24 000 hombres), 6000 auxiliares de infantería, 3000 jinetes, 2000 aliados de Aquitania y los Pirineos[3]
Según Bunson:
25 000 legionarios y 12 000 auxiliares[4]
Según Bennett:
35 000-40 000 hombres (6 legiones y 7000 jinetes)[5]
Según César:
5 legiones (20 000 hombres), 30 cohortes (12 000 auxiliares) y 5000 jinetes[6]
Según Cawthorne:
30 000 legionarios y 5000 jinetes[7]
Según Bennett:
35 000-40 000 hombres (7 legiones, auxiliares y 5000 jinetes)[8]
Bajas
Relativamente pocas Todo el ejército se rinde al final de la campaña
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La batalla de Ilerda fue un enfrentamiento militar librado durante la Segunda Guerra Civil de la República de Roma en el verano del año 49 a. C.; primero en Ilerda, la actual Lérida, y luego al sur; entre los ejércitos de Cayo Julio César y los lugartenientes de Cneo Pompeyo Magno en Hispania.

Antecedentes

Tras las victorias del procónsul Cayo Julio César en la Guerra de las Galias, el Senado romano temía a su poder y busco la protección del cónsul Cneo Pompeyo Magno asegurando que solo se eligieran cónsules adeptos a Pompeyo. Por su parte, César ambicionaba obtener el consultado del año 49 a. C., pero eso exigía volver a Roma y ser vulnerable a ser juzgado y condenado jurídicamente por sus enemigos. La postura de Pompeyo sobre la situación de César, cuyos poderes e inmunidad jurídica expiraban el 1 de marzo del 50 a. C., quedó clara en una reunión con Quinto Cecilio Metelo Escipión el 29 de septiembre, no se podía actuar contra él hasta la expiración.[9]

César cruza el Rubicón.

Por eso, llevó en el 50 a. C. una solicitud para ser elegido cónsul in absentia, medida que ya se le había negado en el 61 a. C. Sin embargo, pudo comprar las elecciones de tribuno de la plebe para que se nombrara a sus partidario Gayo Escribonio Curión. Estos propusieron que tanto César como Pompeyo disolvieran sus ejércitos para finales de ese año, pero el Senado prefirió ordenar a César que cediera una de sus legiones para una expedición que se preparaba contra el Imperio parto, además de elegir a dos acérrimos enemigos del procónsul, Lucio Cornelio Léntulo Crus y Cayo Claudio Marcelo, como cónsules para el año 49 a. C. Entonces César avanzó a Rávena y ordenó a los tribunos presentar una nueva propuesta, si le dejaban seguir siendo procónsul y poder ser candidato in absentia para el año 48 a. C., él licenciaría su ejército con excepción de dos legiones. La propuesta se presentó el 1 de diciembre pareció aceptable a Marco Tulio Cicerón pero Marco Porcio Catón y sus partidarios se negaron a aceptar, el cónsul Marcelo salió del Senado gritando que de aceptar se ganarían al procónsul como dueño; Marcelo fue a la villa de Pompeyo para tenderle su espada y pedirle defender la república.[11]

El 1 de enero del 49 a. C., César ordena a Curión entregar un ultimátum a los cónsules. La carta fue leída ante el Senado al día siguiente; la mayoría era anti-cesariana y en que destacaba el suegro de Pompeyo, Metelo.[13] En esa sesión solamente los senadores Marco Calidio y Marco Celio Rufo hablaron a favor de César, alegando que para mantener la paz Pompeyo debía renunciar a su mando en sus provincias y que el procónsul temía que se usaran las dos legiones que ya había entregado para la campaña contra los partos, la I y la XV, en su contra. El cónsul Léntulo intervino y los hizo callar.

Así Marcelo, aterrado con los baldones, abandonó su parecer, y así violentados los más por la destemplanza del cónsul, terror del ejército presente, y amenazas de los amigos de Pompeyo, siguen mal de su grado la sentencia de Escipión: «que dentro de cierto término deje César el ejército; donde no, se le declare por enemigo de la República».[14]

El 5 de enero vuelven a reunirse los senadores, donde hay un debate sin frutos. El 7 de enero el Senado envió su propio ultimátum a César exigiendo disolver sus tropas antes del 1 de enero. La propuesta fue bloqueada por los nuevos tribunos Marco Antonio y Quinto Casio Longino, pero cuando sus amigos les informaron que no era seguro seguir en la ciudad por los soldados y partidarios de Pompeyo merodeando, ambos tribunos no asistieron a la sesión del Senado y con Curión huyeron a Rávena esa noche disfrazados como esclavos. En su ausencia el Senado aprueba la Senatus consultum ultimatum, César estaba fuera de la ley y era legal matarlo sin juicio. Ese mismo día las noticias de la ley llegaban a oídos de César.[16]

Durante los días siguientes, numerosos senadores se reunieron con Pompeyo a las afueras de Roma, informándole de las fuerzas a su disposición, unas diez legiones. De inmediato el Senado ordenó hacer levas en toda la península itálica.[18]

Cuando César se enteró, arengó a sus tropas (adlocutio) diciéndoles que era un proscrito por deseo de sus enemigos, que Pompeyo había sido engañado y que el derecho de veto de los tributos había sido violado por las armas. Instó a aquel ejército, que le había servido por nueve años de guerra hasta desarrollar una lealtad fanática a su persona, a defenderlo.[19]

Por tanto, los exhorta a defender el crédito y el honor de su general, bajo cuya conducta por nueve años han felicísimamente servido a la República, ganado muchísimas batallas, pacificado toda la Galia y la Germania. Los soldados de la legión decimotercia, que se hallaban presentes (que a ésta llamó luego al principio de la revuelta, no habiéndose todavía juntado las otras), todos a una voz responden estar prontos a vengar las injurias de su general y de los tribunos del pueblo.[20]

Tras obtener el apoyo de su ejército, César partió de Ariminum con la Legio XIII, cruzando en la noche del 11 de enero el río Rubicón.[21] Cruzando la frontera de Italia se convirtió en proscrito oficialmente, enemigo de la res publica.

Era una sinrazón manifiesta pretender que César saliese de Rimini y volviese a su provincia, mientras él mismo retenía las provincias y legiones ajenas; querer que César licenciase sus tropas, y hacer él reclutas; prometer de ir a su gobierno, y no determinar plazo de la ida; de modo que pudiera muy bien Pompeyo mantenerse quieto en Italia, aun pasado el consulado de César, sin faltar a su palabra o sin incurrir la nota de pérfido. Sobre todo el no dar tiempo para las vistas, ni haberlas querido aceptar cerraba la puerta a toda esperanza de paz. Por tanto, destaca desde Rimini a Marco Antonio con cinco cohortes a la ciudad de Arezo; él se queda en Rimini con dos, y allí empezó a hacer levas. Guarnece a Pésaro, Fano y Ancona con cada cohorte.[22]

Su avance fue fulminante a causa del pánico. Léntulo escapo de Roma tras retirar el tesoro público (Aerarium Sanctius) para entregarlo a Pompeyo según un decreto del Senado. Marcelo y la mayoría de los magistrados huyeron. Pompeyo estaba en Apulia, en sus cuarteles de invierno (hiberna), con las dos legiones entregadas por César.[23]

Muchas ciudades se rindieron ante el procónsul, solo Corfinio le ofreció una breve resistencia.[25]

César creía que era más ventajoso seguir a su rival por mar antes que concentrara sus ejércitos de Macedonia y Oriente, alrededor de cien mil hombres,[27]

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