Batalla de Adrianópolis

Batalla de Adrianópolis
Guerra Gótica (376–382)
Bataille-andrinople-I-es.svg
Esquema de la disposición de las tropas.
Fecha 9 de agosto de 378
Lugar Noroeste de Adrianópolis, Tracia
Coordenadas 41°48′N 26°36′E / 41°48′N 26°36′E / 26.6
Resultado Victoria visigoda decisiva
Beligerantes
Godos
· Tervingios
· Greutungos
Alanos
Hunos
Imperio romano de Oriente
Mercenarios francos
Comandantes
Caudillo Fritigerno
Duce Alateo
Duce Sáfrax
Emperador Valente  
General Sebastián  
General Trajano  
General Flavio Ricomero
General Víctor
Fuerzas en combate
Cifras de Lago:[1]
11 500 jinetes, 122 500 infantes pesados y 21 000 ligeros
Cifras de Jorgensen:[2]
15 000
Cifras de MacDowall:[3]
>10 000
Cifras de Frassetto:[4]
~30 000
Cifras de Burns:[5]
50 000 infantes y 50 000 jinetes
Cifras de Friell:[6]
80 000-100 000
Cifras de Delbrück:[7]
12 000-15 000
Cifras de Heather:[8]
20 000
Cifras de Gabriel:[9]
50 000-60 000
Cifras de Van Nort:[10]
28 000
Cifras de Lanning:[11]
50 000 infantes y 20 000 jinetes
Cifras de Goldsworthy:
15 000[12]
Cifras de Lago:[1]
7500 jinetes, 21 000 legionarios y 28 000 auxiliares
Cifras de Jorgensen:[13]
20 000
Cifras de MacDowall:[14]
15 000-20 000
Cifras de Frassetto:[4]
30 000-40 000
Cifras de Burns:[15]
40 000 infantes y 20 000 jinetes
Cifras de Friell:[16]
25 000-30 000
Cifras de Delbrück:[7]
18 000
Cifras de Heather:[8]
30 000
Cifras de Gabriel:[9]
40 000
Cifras de Van Nort:[17]
16 000 infantes y 3000 jinetes
Cifras de Lanning:[11]
30 000 infantes y 10 000 jinetes
Cifras de Goldsworthty: 15 000[12]
Bajas
Desconocidas Dos tercios del ejército destruido[18]
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La batalla de Adrianópolis (en latín: Proelium Hadrianopolitanum) fue un enfrentamiento armado que se libró el 9 de agosto de 378 d. C. en las llanuras al noroeste de la ciudad romana de Adrianópolis (actual Edirne, en la Turquía europea). En ella se enfrentaron las fuerzas de Fritigerno, jefe de los tervingios, y el ejército del Imperio romano de Oriente comandado por el propio Emperador Flavio Julio Valente (328-378), quien murió en la batalla y cuyo ejército fue derrotado.[19]

El desarrollo de esta batalla se conoce en detalle gracias al relato de dos historiadores romanos contemporáneos: Amiano Marcelino ( c.320-c.400) y Paulo Orosio (c.383-c.420).

Fue el último combate en el que los romanos emplearon sus clásicas legiones, pues a partir de entonces los ejércitos comenzaron a poner más énfasis en la caballería y las pequeñas divisiones armadas, como los comitatenses.[n 1]

La derrota romana en Adrianópolis, en el marco de la historia de esta civilización, solo es comparable a desastres como Cannas (216 a. C.), Arausio (105 a. C.), Carras (53 a. C.), Teutoburgo (9 d. C.), Aquileya (170) y Edesa (259 ó 260).

Antecedentes

Migración de los godos

Los godos procedían originalmente del sur de Escandinavia, pero a partir del siglo I a. C. emigraron hacia el sudeste, asentándose dos siglos más tarde en las grandes llanuras al norte del mar Negro.[22]

Los tervingios se extendieron enseguida hacia el suroeste, cruzando con frecuencia la frontera romana y realizando todo tipo de saqueos, hasta que llegaron a un acuerdo por el que los romanos les cedían la provincia de Dacia (oeste de la actual Rumania) a cambio de la paz durante el reinado de Aureliano, entre 270- 275.[26]

Al siguiente año, los godos se encontraron a sus espaldas con un enemigo con el que no contaban: los hunos. Este pueblo de jinetes asiáticos derrotó estrepitosamente a los alanos del Volga y se extendió rápidamente por las estepas de la moderna Rusia,[31]

Estas huestes estaban violentamente enemistadas entre sí, por esto sus incursiones «fueron, pues, ataques locales con fuerzas limitadas», aunque desde una perspectiva histórica a largo plazo parezcan un único proceso migratorio.[32]

Se presentaban voluntarios para cultivar y defender una zona fronteriza escasamente poblada, donde las pocas legiones y los mercenarios francos se habían mostrado insuficientes frente a las invasiones anteriores de los propios godos y otros pueblos bárbaros. Los godos se asentaron en Moesia de forma prácticamente independiente, sólo condicionados a pagar determinados impuestos y servir en el ejército cuando fuera necesario, por lo que comenzaron a recibir nuevas armas y adiestramiento en las técnicas de guerra romanas.[n 2]

La imposible convivencia

Sólido romano con la efigie del emperador Valente.

La instalación de los tervingios fue vista como el ingreso de un ente autónomo, pagano, y posiblemente violento por amplios sectores del mundo romano. Sin embargo, Valente consideró que los godos rápidamente asumirían las costumbres del Imperio y que al estar acorralado entre las legiones y los hunos, no se atreverían a sublevarse. Para hacer más defendible su decisión el Emperador ordenó que los godos tenían que convertirse al cristianismo y entregar sus armas para pasar.[34]

El problema empezó porque los Balcanes, región relativamente pobre, sufría de una corrupción endémica entre los funcionarios imperiales deseosos de hacer prosperar sus fortunas personales. Además, estaban las heridas aun abiertas por el reciente conflicto, así no fue sorprendente el abuso que ejercieron el dux Máximo (comandante de las tropas fronterizas) y el comes Lupicino (gobernador y recaudador de impuestos de Moesia) sobre los necesitados refugiados, tanto así que se relata, eran capaces de obligarlos a vender a sus niños como esclavos por perros para comer.[37]

Esto empezó a causar molestias entre los líderes germánicos. Mientras Fritigerno (del gótico Frithugarnis) empezaba a desplazar del liderazgo a Alavivo (del gótico Alavivus), el jefe que había llevado a los godos al sur del Danubio.[41]​ Todos pidieron asilo y fueron rechazados por los funcionarios imperiales, cuya capacidad militar estaba excedida ya por los tervingios y sin duda estaban aterrados por estos nuevos contingentes.

Los temores se probaron ciertos cuando los greutungos empezaron a traspasar sin permiso la frontera con el serio peligro que se unieran a los tervingios. Mientras Atanarico volvió a refugiarse a los Cárpatos (del gótico Caucaland), montes que habían servido de refugio a los godos tras su derrota frente a los hunos, hasta que en 381 fue depuesto por una conspiración auspiciada por Fritigerno para que sus seguidores se le unieran, moriría un año después.[44]

Sin importar cómo escapó, en cuanto Fritigerno se reunió con su gente empezó a saquear los campos alrededor de Marcianópolis, entre tanto, Lupicino se dedicó a reunir un ejército para acabar con el problema en que se habían convertido los germanos. En la batalla que siguió los tervingios sumarían 7000 u 8000 guerreros, la mayoría a pie, pues el hambre los habría forzado a sacrificar la mayoría de sus caballos. Muchos iban mal armados y estaban desesperados por el hambre.[46]​ Probablemente ninguno de los dos bandos tuviera más de un millar de jinetes entre sus filas.

La batalla se resolvió rápidamente, cuando ambos ejércitos se vieron en los campos cercanos de Adrianópolis, formaron uno frente al otro y los godos cargaron temerariamente contra sus enemigos, haciéndolos romper filas y masacrando a la mayoría.[47]​ Lupicino consiguió escapar a la ciudad y los combatientes germánicos se apropiaron de las armas de sus enemigos caídos. Los campos de Tracia quedaron a merced de las partidas de saqueadores tervingios, en tanto que las guarniciones de las ciudades tuvieron que atrincherarse en sus muros.

La revuelta goda

Poco después de su inesperada victoria, a Fritigerno se le sumaron contingentes de greutungos liderados por Aleteo y Sáfrax que habían cruzado furtivamente poco tiempo atrás.[48]​ Así el caudillo tervingio podía contar con alrededor de 10 000 a 12 000 combatientes con los que decidió tomar Adrianópolis tras fracasar unas nuevas negociaciones, pero sus fuerzas se mostraron incapaces de traspasar las sólidas defensas. Prudentemente abandonó el asedio en cuanto empezaron a aparecer los primeros signos del invierno y dejó a sus guerreros dedicarse a saquear las zonas rurales cercanas en busca de provisiones.

A pesar de todo, los godos aun sufrían serios problemas de avituallamiento, por lo que seguían abiertos a lograr un nuevo tratado, donde consiguieran nuevas tierras para cultivar.[49]​ Forzados a dividirse en pequeñas partidas de saqueadores eran vulnerables a que una por una éstas fueran derrotadas por los romanos, sin embargo, a lo largo de la guerra Fritigerno demostrara su habilidad para coordinarlas y mantener su dominio personal, acertando siempre en cuando dispersarse y cuando reagruparse.

Consciente de que debía hacer algo, Valente opto por hacer la paz con los sasánidas pero demoraría su tiempo, aparte de tener que dejar un fuerte contingente en Armenia que garantizara el respeto de cualquier tratado.[56]

Para ese entonces era obvio para todo mundo que sólo una campaña militar de grandes proporciones podría expulsar a los godos de Tracia, pero era obvio que Fritigerno no se quedaría sin hacer nada mientras los emperadores romanos se coordinaban.[58]

El plan de contraataque romano

Típico equipo de un soldado romano en la época de las invasiones bárbaras.

Graciano decidió partir con un poderoso ejército a auxiliar a su tío, pero esto fue aprovechado por los alamanes para incursionar en la Galia a comienzos de 378. A pesar de ser rechazados, el clan de los lentienses cruzó el Rin y Graciano debió dar media vuelta y guerrear con ellos. En la batalla de Argentovaria los bárbaros terminaron aplastados.[60]​ Durante su marcha, los romanos occidentales sufrirán una emboscada a manos de los alanos.

Es que en efecto, los godos no eran la única amenaza al territorio romano. Hunos y alanos representaban también una amenaza y algunas ya asaltaban la frontera danubiana, los cuados, los taifalos, los alamanes y los francos querían cruzar la frontera para refugiarse de los nómades orientales y saquear el débil pero muy rico Imperio.[63]​ Esto obligó a Fritigerno a reunir sus fuerzas y moverse a Cabyle, por el otro bando, Valente ya tenía todo su ejército reunido en Melantias y decidió marchar sobre Adrianópolis.

Durante la marcha Sebastián se unió al grueso de la tropa romana que acampo a las afueras de la ciudad.[64]​ Enterado, Fritigerno decidió intentar dar un rodeo y apoderarse de Niké, pueblo entre Adrianópolis y Constantinopla; de tener éxito podría dejar sin suministros al emperador. Sin embargo, no consiguió llegar a Niké, el Emperador se dio cuenta antes y se preparó para la batalla.

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