Barra brava

Una barra brava es un grupo organizado de fanáticos dentro de una hinchada de fútbol, encargado de alentar a los jugadores de un club en específico (del que el grupo es simpatizante) en los estadios durante los partidos, y también de amedrentar a los jugadores y aficionados rivales, todo ello mediante el despliegue de banderas, la entonación de cánticos y, ocasionalmente, el ataque a los simpatizantes de los clubes rivales, además de defenderse y defender al resto de la propia afición de posibles ataques de hinchadas rivales o de la represión policial. Estos grupos se encuentran en gran parte de Latinoamérica, aunque existen algunos similares en otras partes del mundo.

Las barras bravas siempre se ubican en el centro de la tribuna que ocupan (de modo de comandar a la hinchada, coordinando los cánticos y el despliegue de banderas) y sus miembros suelen hallarse dispersos entre medio de las banderas que extienden. En la imagen, barra brava del Club Atlético Nueva Chicago.

Origen y características

En la década de 1920, las hinchadas de los clubes argentinos comenzaron a tener grupos con algunas similitudes a las posteriores barras bravas. Los mismos eran conformados por hinchas que destacaban de entre el público por su fervor, pero sin una gran organización ni número de personas, además de que no recibían financiación de parte de los dirigentes de los clubes para seguir al equipo en los partidos de visitante. Desde un comienzo, la prensa denominó a éstos grupos como barras[1] (ya que es un término que en Argentina se usa para denominar a los grupos de personas que se reúnen frecuentemente bajo un interés común -equivalente a uno de los significados del término pandilla-). Un ejemplo de ello fue La barra de la goma (formada en 1927), seguidora del Club Atlético San Lorenzo de Almagro y denominada así ya que, en los partidos jugados de local, sus miembros utilizaban la goma de las ruedas de bicicletas (rellena de arena y atada en los extremos con alambres) para atacar a los hinchas rivales que, en algunos partidos, arrojaban pequeños proyectiles al arquero de San Lorenzo de Almagro para molestarlo cuando debía intervenir en el juego.

El accionar de éstos grupos se limitaba a los estadios en los días de partido, y no solían organizarse frecuentemente para acompañar al equipo de visitante ni tenían como objetivo provocar violencia, ya que la misma solía surgir de forma espontánea y generalmente en partidos que estaban resultando difíciles para su club, de modo de intentar influir en el resultado al amedrentar al equipo rival y la terna arbitral mediante insultos y el lanzamiento de proyectiles, aunque ocasionalmente invadían el campo de juego y llegaban a recurrir a los golpes. También se encargaban de amedrentar o atacar a los hinchas rivales que intentaran perjudicar a los jugadores de su club mediante los mismos métodos. Debido a su comportamiento, ya a fines de dicha década, algunos periódicos llegaron a describir a éstas barras como bravas, por lo que aparece la conjunción barra brava por primera vez, pero no utilizada como una denominación.[1]

Durante la década de 1980 el fenómeno llegó a Chile, Paraguay y Perú, y posteriormente su uso se fue extendiendo por otros países de América Latina, como Costa Rica, Guatemala, México y Colombia (donde los miembros de las barras bravas son denominados barristas). Allí han adquirido notoriedad progresivamente, especialmente desde comienzos de la década de 1990.

Las banderas en forma de tiras (en Argentina denominadas trapos largos o tirantes) de varios metros de longitud que se despliegan, desde la parte superior de la tribuna, en sentido descendiente entre el público de pie, pertenecen exclusivamente a éstos grupos y son las más características de los mismos, ya que el resto de los hinchas no posee banderas de éste mismo estilo. En la imagen se observa a La Pandilla, barra brava de Vélez Sarsfield, ubicada en el centro de la tribuna con sus tirantes.

Además, en Brasil en los últimos años surgieron grupos que se autodenominan barras bravas y se diferencian de las torcidas organizadas, emulando en todos los aspectos a sus pares argentinas, habiendo clubes que poseen tanto una torcida organizada como una barra brava, especialmente en el sur del país.

Generalmente las barras bravas utilizan banderas, lienzos y diferentes instrumentos musicales con los que acompañan sus cánticos. También se caracterizan por ubicarse en las tribunas populares, que frecuentemente carecen de asientos y donde los espectadores deben ver el partido de pie.

Excepto en Argentina y Uruguay, suelen tener su origen en parte de la juventud urbana que busca la pertenencia a un grupo con el que sentirse identificado (misma razón por la que surgen las pandillas juveniles). Si bien existe una amplia variedad, las barras bravas tienden a presentar ciertos rasgos comunes: exaltación de la fuerza, sentido del honor asociado con la capacidad de pelear, y necesidad de reafirmación. Tradicionalmente, se ha asociado a éstos grupos con jóvenes urbanos marginales acostumbrados al consumo de alcohol y drogas,[2] aunque en Argentina y Uruguay los integrantes suelen ser de mayor edad, pues en estos países el fenómeno está más arraigado (al igual que sucede con los grupos similares de Europa).

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