Banco de Barcelona

Antigua sede del banco, en la barcelonesa Rambla de Santa Mónica

El Banco de Barcelona fue fundado en 1845. El Banco de Barcelona fue una sociedad de emisión y descuento que nació bajo el impulso del burgués Manuel Girona i Agrafel, de Girona Hermanos, Clavé y Cía. (fue su director hasta su muerte en 1905) y de los otros dos socios fundadores: José María Serra y Muñoz (natural de Chile, casado con la venerable Dorotea de Chopitea, y antepasado de la política Núria de Gispert), el cual estaba acostumbrado a hacer negocios con el otro lado del Atlántico, y José Rafael Plandolit y Matamoros, de Plandolit Hermanos, que había vivido exilado en Francia y México a raíz de la represión que siguió al Trienio Liberal; la familia Plandolit era una rica y noble familia originaria de Andorra, cuya casa solariega es actualmente el Museo Casa de Areny-Plandolit en Ordino ( Andorra).

El banco nació con el objetivo de prestar a un tipo de interés del 6%, en lugar del 8% que aplicaban los prestamistas privados de la época. Introdujo los billetes y las cuentas corrientes como medios de pago, y favoreció el acceso al crédito de muchos comerciantes e industriales. No obstante, la política del banco fue siempre muy conservadora, siendo muy restrictivo en la concesión de créditos y manteniendo siempre unas reservas de tal magnitud que a menudo sus clientes (empresas y particulares) tenían problemas de liquidez.

El Banco de Barcelona tuvo el privilegio de acuñar moneda por encargo del Banco de San Fernando, el antecesor del Banco de España. En 1920 desapareció con una sonada quiebra que se substanció por la Ley de Suspensión de Pagos de 1922, hecha a su medida.

Los inicios

Manuel Girona y Agrafel, director vitalicio del banco, alrededor de 1860.

La creación del Banco de Barcelona fue aprobada mediante un Real Decreto de Isabel II de 1 de mayo de 1844, siendo ministro de Hacienda, Juan José García Carrasco, conde de Santa Olalla. Con este Real Decreto se daba «luz verde» al primer banco provincial de España y, además se trataba, por primera vez, de un banco privado sin vinculación al Estado. El Banco de Barcelona fue el primero de una serie de 20 bancos provinciales, es decir, con sede fuera de Madrid, de los cuales todavía existe y conserva el nombre el Banco Santander. Su sede todavía puede contemplarse en la barcelonesa Rambla de Santa Mónica, al comienzo de La Rambla.

Manuel Girona y Agrafel fue el creador, el principal ejecutivo y el alma del banco a lo largo de su vida. Manuel Girona y Agrafel era hijo de Ignacio Girona y Targa que tenía una casa de banca en Barcelona, en la que Manuel se formó. También era director de la empresa familiar Girona Hermanos, Clavé y Cía., primero solo y posteriormente con su hermano Ignacio. Girona Hermanos, Clavé y Cía. fue quien solicitó la autorización para la creación del banco.

Le acompañaban en la solicitud, José María Serra y Muñoz que era armador y el primer contribuyente de Barcelona en 1844, que había nacido en Chile en 1810, y socio de una casa de comercio con su padre Mariano Serra y Soler, indiano natural de Palafrugell, Girona. Estaba casado con Dorotea de Chopitea, que está ahora en proceso de beatificación y que hizo una gran labor social en Barcelona. José María Serra y Muñoz también fue socio de los Girona en la construcción del ferrocarril a Granollers y en la del canal de Urgel. También fue uno de los fundadores de La Maquinista Terrestre y Marítima en 1855. Asimismo, fue miembro de la Junta de Gobierno del Banco de Barcelona, hasta su muerte en 1882. El tercer promotor fue José Rafael Plandolit y Matamoros, de Plandolit Hermanos, importante armador en relación con Iberoamérica y que murió en 1848, dejando las acciones a sus herederos de la familia Plandolit.

La escritura de constitución del banco data de 1845, siendo firmada por 388 accionistas que suscribieron el capital de 1.000.000 de duros (5.000.000 pesetas), desembolsados al 25%, y que consituían la «flor y nata» de la burguesía barcelonesa: José María Serra, Manuel Girona y Agrafel, José Rafael Plandolit, Juan Bautista Clavé, Juan Güell, Francisco Mandri, Ramón de Martí, Ignacio Girona y Targa, Antonio Brusi, Sebastián Antón Pascual, Ramón de Bacardí, Jaime Badía, Jaime Ricart, Celedonio Ascacíbar, Juan Vilanova y Masó, Juan Girona y Agrafel, Manuel Vidal, los hermanos Muntadas, Antonio Bulbena, los hermanos Juncadella, Bartolomé Vidal, Mariano Casas, Jaime Mateu, Antonio Pons, Isidro Henrich, Joaquín Castelló, Pedro Gerardo Maristany (futuro conde de Lavern), Ramón Girona, Magín Tusquets, Benito Santomá, Juan Torrabadella, Tomás Coma, Mariano Flaquer, Manuel Compte, Joaquín Martí y Codolar, José Amell, etc. Es decir, la burguesía emprendedora de la época. Esta lista coincide, en buena parte, con los que llevaron a cabo el proceso de industrialización de Cataluña.

En los estatutos iniciales se fijó en 100 el número máximo de acciones a suscribir por una sola persona. Esta limitación desapareció en 1859, añadiéndose entonces la libre tranmisión de acciones. La Junta General de accionistas se celebraba cada semestre, para informar a los accionistas de la marcha del banco.

La estructura del banco era sencilla. La encabezaba una Junta de Gobierno, equivalente al actual consejo de administración, que elegía de entre sus miembros a tres directores, que ejercían las funciones de consejero delegado, y que nombraba un Administrador con funciones admistrativas y no políticas. Los miembros de la Junta de Gobierno debían ser residentes en Barcelona. Hasta 1858 hubo dos extranjeros en la Junta, Roberto Guille e Ignacio Villavechia, que tuvieron que dimitir al prohibirse los directivos extranjeros en los bancos. Los miembros de la Junta se repartían un 4% de los beneficios, y los tres directores ser repartían otro 4%.

Una figura propia de la primera etapa del banco, mientras se mantuvo el privilegio de la emisión de papel moneda, fue la del Comisario Regio, que tenía derecho a presidir las juntas de gobierno y de accionistas. Su función era la de comprobar que la actividad del banco se ajustaba a los estatutos y a los reglamentos. Solo hubo tres: Antonio Barata, Manuel de Larraín y Manuel Cejuela, los cuales mantuvieron buenas relaciones con la Junta y los directores.

El Banco de Barcelona tenía como objeto «los descuentos, préstamos, depósitos, cobranzas y cuentas corrientes». Su objetivo era introducir en Barcelona la banca moderna, al ejemplo del Banco de Inglaterra o el Banco de Lyon. Los comerciantes de Barcelona no eran muy aficionados a los bancos, pero poco a poco se fueron introduciendo en el mercado financiero. La actividad principal del banco era el descuento de letras, que tenían que llevar la firma de tres personas o empresas (aceptante, librador y tomador) con fama de buenos pagadores, lo cual suponía que las respaldaba una verdadera operación de comercio. El crédito se hacía con garantía de prenda de valores mobiliarios o de mercancías.

La única entidad de crédito de Barcelona anterior al Banco de Barcelona era la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de la Provincia de Barcelona ( 1841), conocida posteriormente como la Caja de los Marqueses (ahora pertenecient al grupo La Caixa) y las relaciones entre ambas eran buenas. El banco se ocupaba de la financiación de los ricos y la caja de la de los pobres.

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