Bajío Occidente

Mapa de ubicación aproximada del Bajío-Occidente

El Bajío-Occidente o Centro Occidente de México es una subregión del Bajío Mexicano que alberga las tierras al norte y occidente de dicho territorio. Incluye partes de los estados de Aguascalientes, Zacatecas, Región Centro y Altos de Jalisco, llegando a su extremo oeste a la ciudad de Guadalajara.[1]

Historia

Historia y población del Centro Occidente

Los primeros pueblos que habitaron la región fueron las naciones chichimecas, nombre que daban los mexicas a un conjunto de pueblos originarios que habitaban el centro y norte del país.[10]

Las bajas que tuvieron los conquistadores españoles en la región de los Altos de Jalisco debido a los ataques chichimecas, los condujeron a contestar con una táctica bélica de etnocidio. Llevaron al Bajío Occidental a milicianos rurales castellanos, algunos de ellos de ascendencia francesa, conducidos en la alta Edad Media para repoblar el centro de España. No obstante igualmente los hubo portugueses, italianos y oriundos de Flandes, que con anterioridad habían luchado contra turcos y moros. Estos soldados campesinos se establecieron con patrones de propiedad privada y con una ideología católica, mezclándose con algunos chichimecas que habían quedado.[11]

En Aguascalientes se dio que, tras la llegada de Cortés y la caída de Tenochtitlán en 1521, la conquista llevó a muchos españoles aventureros a avanzar hacia el norte en busca de fortuna.[12]​ Estas tierras, además de ser más áridas que las que habían encontrado en Veracruz y en el Valle de México, estaban habitadas por indígenas que en su mayoría eran nómadas y que pronto se convirtieron en el terror de los todavía mal trazados caminos que conectaban a la Nueva España con esta otra parte del territorio, al cual se le dio el nombre de la Nueva Galicia.

La audiencia de la Nueva Galicia –institución encargada del gobierno y la administración de los nuevos territorios— se asentó en Guadalajara, al tiempo que se descubrían yacimientos de plata en el cerro de la Bufa, donde no tardarían en aparecer las minas de Zacatecas. Estas minas llegaron a ser el motor económico de la Nueva Galicia y su explotación hizo necesario abrir caminos no solamente entre Guadalajara y Zacatecas, sino también entre las minas y la ciudad de México, Querétaro y Michoacán, a donde se llevaba buena parte de la plata extraída.[12]

Desde el principio los caminos fueron asaltados por grupos de chichimecas (que así se les llamaba a los indios de la frontera norte de la Nueva España) y debido a la constancia de los ataques, comenzó una guerra que se extendió durante toda la segunda mitad del siglo XVI. Por esta razón los españoles establecieron villas a lo largo de los caminos que eran a la vez puestos fortificados y lugares de descanso para los viajeros. De esta manera nació Santa María de los Lagos en 1563 y algunos años más tarde salieron de allí los colonos que fundarían la ciudad de Aguascalientes. Estos pobladores eran gente de origen más bien humilde, que abandonaron la villa de Lagos (hoy Lagos de Moreno) debido a los abusos de las autoridades locales y también por el deseo que tenían de obtener nuevas mercedes de tierra.[12]

En la región de los Altos de Jalisco y Aguascalientes hubo predominio de gente blanca de fenotipo hispánico al no existir en este lugar una población indígena demasiado numerosa antes de la conquista española. Durante el periodo colonial tuvo lugar la Guerra del Mixtón en la que se aniquiló, entre 1540 y 1542, a gran parte de la población indígena. Además, las epidemias diezmaron a la población indígena desapareciendo casi en su totalidad en la Región Altos Norte de Jalisco y Aguascalientes. Los españoles se asentaron rápidamente afincándose en ranchos y haciendas de gran extensión que formaron parte del reino de Nueva Galicia. Miles de familias provenientes de Cantabria, Andalucía, Galicia, Asturias y Extremadura (a la que se sumó una minoría francesa, vasca y austriaca) forjaron la identidad de esta región. La falta de presencia indígena hizo que la cultura y la identidad de estas tierras girara en torno al catolicismo y la hispanidad.

Se festeja el día de fundación de la ciudad el 22 de octubre, pues esta es la fecha en que Jerónimo de Orozco, presidente de la audiencia de la Nueva Galicia, firmó la cédula o acta en que se permitía, por gracia del rey Felipe II, el establecimiento de una villa en dicho territorio. Sin embargo, se sabe que el sitio ya estaba poblado desde antes de la petición que el español J uan de Montoro hizo para que se le permitiera fundar allí una villa. Algo muy curioso es que el nombre original que se le dio al nuevo poblado fue el de “Villa de la Ascensión”. Tal parece que pronto se confundió y se olvidó, ya que se hizo popular el culto a la virgen de la Asunción, sobre todo cuando en 1602 el obispo Alonso de la Mota y Escobar, de viaje por la Nueva Galicia, otorgó a la pequeña villa el rango de parroquia y la virgen se convierte en patrona del lugar. Pero antes de que esto sucediera, los primeros habitantes de la villa tendrían que pasar por una serie de problemas y por tiempos tan malos, que por poco y el poblado desaparece y nos deja sin Aguascalientes natal. Así, a los ataques chichimecas se agregaron las epidemias y la pobreza, que hicieron estragos en la población, a tal grado que la villa quedó casi abandonada. Para 1584 solamente había dieciséis soldados, un caudillo y dos vecinos, en un sitio que más que poblado era un simple puesto militar fortificado. Ni siquiera la agricultura había progresado, pues los primero colonos, que consideraban que debían obtener fortuna de una forma más interesante que trabajando como simples campesinos, no se habían interesado en cultivar la tierra.

El final del siglo XVI y el principio del XVII, trajeron, a pesar de todo esto, mejores tiempos para la villa. En primer lugar terminó la guerra chichimeca, lo cual contribuyó a la pacificación de la región, aunque dejó como resultado un terrible exterminio de indígenas. También hay que tomar en cuenta la presencia en la villa de Aguascalientes del licenciado Gaspar de la Fuente, quien en octubre de 1609 dictó una serie de medidas destinadas a mejorar la traza urbana y la forma en que se construían los edificios públicos y privados. Además, para ese momento Aguascalientes se había transformado en cabecera de alcaldía mayor, lo que le otorgó a la villa una mayor importancia política. Así, los primeros y mayores obstáculos del joven pueblo parecían superados. En 1620 era claro que la semilla hispana había sido bien plantada en el territorio, gracias a lo cual durante todo el siglo XVII la villa se desarrollaría de forma lenta pero constante: crecerían las huertas, se construirían las primeras iglesias, aumentaría la población y se activarían la agricultura y el comercio.[12]

Como punto intermedio en el camino de Zacatecas a Guadalajara, la villa de Aguascalientes jugó un importante papel en la vida económica de la Nueva Galicia durante toda la época colonial. Hoy, todos los hidrocálidos están ligados de alguna manera a esos primeros años de historia y a esos primeros pobladores españoles, indígenas, mulatos y mestizos, que se atrevieron a adentrarse en tierras despobladas y fundar, con algo de espíritu aventurero y otro tanto de deseo de riqueza, una pequeña villa cerca de unos manantiales de agua caliente.[12]

En Guadalajara las constantes incursiones del conquistador español Nuño Beltrán de Guzmán hacia las tierras occidentales del aquel entonces ya territorio de Nueva España, con el objeto de incrementar su dominio sobre aquellos territorios, dieron como resultado el establecimiento de una nueva provincia que se llamó Reino de la Nueva Galicia. En la región se encontraban varios grupos indígenas, entre ellos tribus cocas y huicholas.

Mapa de la zona occidental del Virreinato, procedente de los atlas de Janssonio y Guiljelmus Blaew, del siglo XVI.

Guadalajara tuvo tres asentamientos antes de establecerse en su sitio actual, en un principio estuvo en Nochistlán en el paraje conocido como la Mesa del Cerro, hoy conocida como San Juan. La fundó el 14 de febrero de 1542 Cristóbal de Oñate, quien al efecto había sido comisionado por Nuño de Guzmán. Este deseaba contar con una ciudad que le sirviera para asegurar sus conquistas y a la vez poderlas defender de la belicosidad de los naturales. La Villa de Guadalajara la fundaron 42 vecinos; el nombre de Guadalajara lo tomaron en recuerdo de la ciudad española homónima, cuna de Nuño de Guzmán. Poco duró la Villa en este sitio, con la anuencia de Guzmán, Juan de Oñate (hijo de Cristóbal de Oñate), Miguel de Ibarra y Sancho Ortiz, el 19 de mayo de 1533, proyectaron mudarla de lugar.

Ante la orden de Juan de Oñate, quien fue comisionado por su padre alcalde de la nueva villa, el 24 de mayo de 1533, se ordenó que la fundación se realizase en las proximidades de Tonalá. Así, para el 8 de agosto de 1533, Guadalajara se encontraba en su segundo asiento.

Después de dos años de permanecer la villa en ese sitio, y tras los ataques constantes de los grupos indígenas, Nuño de Guzmán ordenó que se refundara cerca de Tlacotán, antes de marzo de 1535. Una vez más se cambió el sitio de la villa. El 8 de noviembre de 1539 el emperador Carlos V concedió escudo de armas y título de ciudad a la nueva villa de Guadalajara. La nueva ciudad fue atacada el 28 de septiembre de 1541 por los aborígenes que habían participado en la Guerra del Mixtón. Cristóbal de Oñate, entonces gobernador de la ciudad organizó una batalla contra los aborígenes de la que resultaron victoriosos los nuevos habitantes de Guadalajara. Pensaron entonces trasladarla al valle de Atemajac, por este valle corría el río San Juan de Dios y era un sitio más seguro para ser defendido de cualquier ataque de los naturales.

Unos se trasladaron de Tlacotán a Tonalá y otros a Tetlán en donde el 9 de octubre de 1541 se pregonó el padrón de los nuevos vecinos. Cristóbal de Oñate, el 5 de febrero de 1542, nombró a los integrantes del nuevo ayuntamiento que regiría los destinos de la nueva ciudad. Finalmente, el 14 de febrero de 1542 se fundó la ciudad de Guadalajara en el sitio donde actualmente se encuentra; asentándose, además de Cristóbal de Oñate, 63 familias españolas (incluida por aquel entonces Portugal). Se instaló el primer ayuntamiento de la actual Guadalajara, presidido por el vizcaíno Miguel de Ibarra.

Hasta el mes de agosto de 1542, llegaron a su destino las reales cédulas expedidas por el emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano, en noviembre de 1539, en las cuales concedía a Guadalajara el título de ciudad y escudo de armas. Ese mismo mes se pregonaron ambas cédulas en la plaza mayor de la novel y definitiva Guadalajara.

En 1560 el papa Paulo III autorizó establecer en Guadalajara el obispado de la Nueva Galicia, y en ese mismo año la audiencia del reinado fue trasladada también para esa ciudad, que por la época abrigaba a unos 500 españoles, a otros tantos esclavos negros y unas 2200 familias indígenas esparcidas en un área de cinco kilómetros alrededor de los primeros cimientos de la Catedral.

El 18 de noviembre de 1791, se dispuso la fundación de la Universidad de Guadalajara en la ciudad del mismo nombre, capital del Nuevo Reino de Galicia. La inauguración de este centro cultural fue el 3 de noviembre de 1792, teniendo como sede el excolegio de Santo Tomás.

Para la guerra de Independencia, Guadalajara desempeñó un papel importante, ya que fue en esta ciudad donde el cura Miguel Hidalgo y Costilla, declaró la abolición de la esclavitud. Fue también aquí donde publicó el famoso periódico El Despertador Americano donde publicaba sus ideas. En las cercanías del lugar, en el puente de Calderón, tuvo lugar la batalla donde fueron vencidos los insurgentes. Guadalajara también fue testigo de la muerte del insurgente José Antonio “El Amo Torres”, quien ayudó a Hidalgo a tomar la ciudad. Al terminar la guerra de independencia, y con la proclamación de estado libre y soberano de Jalisco, Guadalajara se convirtió en la capital del estado.

Bajío-Occidente (Centro Occidente) durante el gobierno de Maximiliano

División Territorial durante el Segundo Imperio Mexicano.
Aguascalientes y Altos de Jalisco durante el gobierno de Maximiliano.

Durante el Segundo Imperio, los Altos de Jalisco formaban parte de Aguascalientes, como una continuación natural, tomando en cuenta aspectos morfológicos y culturales. Las divisiones territoriales a través de la historia de México, generalmente han estado ligadas a cambios políticos y no a una distribución espacial tendiente a mejorar el desarrollo administrativo, económico y social del territorio nacional. El 3 de marzo de 1865 apareció uno de los decretos más importantes del gobierno de Maximiliano para la primera división del territorio del nuevo Imperio y que fue publicado en el Diario del Imperio el 13 de marzo del mismo año. Dicha misión le fue encomendada a don Manuel Orozco y Berra (1816-1881) y esta división fue realizada según las bases siguientes;

  • 1.- La extensión total del territorio del país quedará dividida por lo menos en cincuenta departamentos.
  • 2.- Se elegirán en cuanto sea posible límites naturales para la subdivisión.
  • 3.- Para la extensión superficial de cada departamento se atenderá a la configuración del terreno, clima y elementos todos de producción de manera que se pueda conseguir con el transcurso del tiempo la igualdad del número de habitantes en cada uno
  • 4.- La elaboración de esta división es de suma importancia dentro de las divisiones territoriales que se realizaron, ya que se tomaron en cuenta básicamente elementos geográficos para la delimitación de las jurisdicciones y el futuro desarrollo de las nuevas demarcaciones, así como porque dentro de estas áreas sería mucho más fácil la comunicación y esto influiría en su actividad comercial.[13]
Other Languages