BDSM y legislación

La relación del BDSM y la legislación es compleja, dada la especial naturaleza de estas relaciones. No conviene olvidar que las leyes que regulan la interacción sexual, son muy diferentes según país: En Arkansas, una práctica oral -incluso en el seno de un matrimonio legalmente constituido-, puede ser delito. En cambio, la legislación holandesa permite las relaciones entre adultos y menores de 16 años, si estas no son forzadas. Pero, además, lo que le presta una especial configuración al BDSM, es su premisa de consenso, la voluntariedad que impregna todas sus actividades. Y esa es, a menudo, la piedra de toque en los casos de conflicto legal.

  • Dos casos reales:

CASO 1. En 1996, la policía holandesa arrestó a un hombre, acusado de violación y abuso. Una mujer, que había alquilado una habitación en la casa del acusado, le había denunciado. La policía local contactó con la EPEIC (Erotic Power Exchange Information Center), consultando cuestiones relativas a los cargos y a la investigación. Las consultas dieron como resultado la siguiente imagen :

  • La mujer había respondido a un anuncio explícito del hombre, para realizar prácticas BDSM.
  • La mujer residió unos 6 meses en la casa, en una habitación junto a la que empleaban para sus juegos, la mazmorra.
  • Ambos mantuvieron repetidamente relaciones BDSM, a solas y en presencia de terceros.
  • La mujer nunca antes había indicado sentirse forzada a realizar estas actividades contra su voluntad.

Como consecuencia, la policía holandesa dio por cerrado el caso sin llevarlo a juicio.

CASO 2. En 1988, una mujer japonesa denunció por violación a un compatriota, residiendo ambos en Londres. La pareja había mantenido una corta relación sexual, revestida de BDSM con actividades como bondage, que se había interrumpido hace varios meses.

La mujer le visitó meses después, ya que deseaba plantear la posibilidad de reflotar la relación. Durante esa visita, se produjeron de nuevo actividades sexuales y BDSM. La mujer, reclamó que dichas actividades sucedieron sin su consentimiento. La defensa del hombre llamó a consultas a la EPEIC, solicitando un informe pericial al respecto. La EPEIC, tras largas horas de reunión con la defensa y los jueces, emitió un informe en el que afirmaba que la anterior actividad BDSM de la pareja, tanto si había sido consensuada como si no, era irrelevante respecto a los actuales hechos, puesto que el único tema de interés era saber si en la noche de autos había existido una relación consensuada o no.

Basados en los hechos siguientes, la EPEIC basó su dictamen:

  • La mujer afirmaba que toda actividad sexual había sido no-consensuada.
  • La mujer -parcialmente atada- había huido del apartamento, en su deseo de pedir ayuda al resto de vecinos del edificio.
  • La mujer se encontraba aun parcialmente atada cuando llegó la policía al edificio.

Todo ello llevó a la EPEIC a considerar que no se había producido una actividad BDSM consensuada, puesto que el atamiento de la mujer no respondía a un bondage clásico como se refiere en el BDSM, sino al intento por parte del varón de impedir la oposición de la mujer a cualquier actividad sexual. El tribunal aceptó el dictamen y en consecuencia declaró al varón culpable de violación y le condenó por ello.[1]

Estos dos casos marcan la diferencia entre el BDSM consensuado y el abuso, la existencia o no del consenso previo.[2]

Referencias

  1. EPEIC, jurisprudencia en el bdsm, 1998
  2. BDSM, Teoría y Práctica: Casos legales
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