Búcaro

En Las meninas, de Velázquez, la menina María Agustina Sarmiento ofrece un búcaro rojo a la princesa Margarita de Austria.

Durante el Siglo de Oro español los búcaros eran recipientes de cerámica, pequeñas vasijas de tierra arcillosa, que servían para contener agua perfumada, y que se comían para mantener la palidez de la cara, siguiendo la moda de la época, y por otros fines supersticiosos como regular la menstruación, como método anticonceptivo y como alucinógeno.[2]

Etimología, origen y otros usos

El diccionario de la Real Academia Española anota el origen mozárabe del término búcaro, derivado del latín pocŭlumtaza’, ‘ vaso’. Por su parte, Covarrubias, en su Tesoro de la lengua, lo describe: «género de vaso de cierta tierra colorada que traen de Portugal. Destos barros dicen que comen las damas por amortiguar la color».

La historiadora Natacha Seseña citó como uno de los posibles orígenes la costumbre musulmana, documentada ya en la Bagdad del siglo X, de comer ciertas arcillas, hábito que pudo llegar a la corte española de los Austrias a través de los moriscos.[3]

En algunas regiones meridionales de España búcaro se emplea como sinónimo de botijo.[6]

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