Autoría de las obras de Shakespeare

Portada del First Folio de 1623.

Alrededor de ciento cincuenta años después de la muerte de William Shakespeare en 1616, muchas dudas comenzaron a emerger en el ámbito literario británico, sobre la autoría del dramaturgo a las obras y poesías atribuidas a su persona. El término “autoría shakespeariana” se refiere normalmente a la teoría de conspiración preponderada por los académicos que se mostraban reacios a creer en Shakespeare como compositor de la producción literaria que giraba a sus espaldas. Debe ser distinguida de los debates menos contenciosos que versan sobre lo que realmente Shakespeare escribió en el mundo colaborador del teatro isabelino.[1]

Revisión

El registro histórico muestra que desde 1590 a 1620, un buen número de obras y poemas fueron publicados bajo el nombre de William Shakespeare, y que la compañía que representaba las piezas teatrales incluía a un actor del mismo nombre. Este artista puede ser identificado como el William Shakespeare nacido en Stratford-upon-Avon, dado que este último dejó acciones en su testamento que iban destinadas al cuerpo actoral de la compañía londinense. También, la existencia de un monumento funerario en Stratford que lo proclama como escritor y que los poemas del First Folio le llaman el "Cisne de Avon", avalarían el prestigio del que gozó el autor ya en su tiempo. La visión tradicional del William Shakespeare de Stratford es aquella en la que el joven poeta deja su pueblo natal para trabajar en Londres y conseguir triunfar en el Teatro empezando desde el humilde puesto de quien abre la puerta de las carrozas.

Los antistratfordianos niegan esta versión y consideran que Shakespeare no contaba con la suficiente formación como para haber escrito las obras y los poemas que se le atribuyen. De esta manera, sostienen que Shakespeare, el actor de Stratford, era la máscara de otro autor que deseaba permanecer en el anonimato. El debate de autoría gira, pues, en torno a dos preguntas: ¿era el Shakespeare de Stratford inhábil para escribir las obras teatrales que se le atribuyen y le merecieron su fama? Y en el caso de que así fuera, ¿quién pudo ser el autor que se ocultó detrás de su nombre?

El escritor y filósofo sir Francis Bacon.

Durante el siglo XIX, el candidato alternativo más popular fue sir Francis Bacon, aunque la mayoría de los críticos del momento se mostraron refractarios a cualquier disyuntiva. El poeta estadounidense Walt Whitman manifestó su escepticismo cuando le dijo a Horace Traubel: «Estoy con vosotros, compañeros, cuando decís “no” a Shakespeare [...]: es a lo que puedo llegar. Respecto a Bacon, bueno, veremos, veremos».[2]

A partir de 1980, el dramaturgo Edward de Vere (1550-1604) ―cuyo caso fue abordado por John Thomas Looney (en 1920) y por Charlton Ogburn (en 1984)― fue otro presunto acreedor del amplio legado shakespeariano. El poeta y dramaturgo Christopher Marlowe ha sido asimismo catalogado dentro de la lista de las posibilidades: su temprana muerte en extrañas circunstancias anima la teoría Marlowe. Otros autores han sido propuestos, pero sin conseguir un número significativo de adeptos.

Actualmente, el canon en el mundo académico es que la autoría de las obras de Shakespeare está bien establecida, no dando relevancia a las dudas que se suscitan sobre esta autoría, considerándolas meras especulaciones.

Terminología

Stratfordianos y antistratfordianos

Aquellos que cuestionan al William Shakespeare de Stratford-upon-Avon como autor de sus obras, se denominan a sí mismos antistratfordianos, mientras que los que no cuestionan la capacidad del dramaturgo, en este sentido, son conocidos como stratfordianos ―aunque no se proclamen bajo este nombre, puesto que dan por hecho la autoría shakespeariana―.

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