Augusto de Prima Porta

Augusto de Prima Porta
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Estatua de Augusto de Prima Porta, Museos Vaticanos, Nº 2290. Altura 2,04 m, mármol con restos de policromía, datada en el 20 d. C. Fue hallada en 1863 en la Villa de Livia, llamada también "de Prima Porta". ( Roma)
Autor Desconocido
Creación Siglo I d. C.
Ubicación Museos Vaticanos, Roma
Material Mármol
Coordenadas 41°54′23″N 12°27′16″E / 41.90646, 41°54′23″N 12°27′16″E / 12.45435
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Augusto de Prima Porta es una estatua de Augusto que fue descubierta el 20 de abril de 1863 en la Villa de Livia, su esposa, cerca de la Prima Porta, en Roma. Se trata de una copia en mármol de un modelo en bronce anterior. Hoy se exhibe en el Braccio Nuovo de los Museos Vaticanos.

La estatua es una imagen idealizada de Augusto que se basa en el Doríforo de Policleto del siglo V a. C. Acoge la forma de contrapposto de esa escultura, creando diagonales entre los miembros tensos y los relajados, es un rasgo típico de la escultura clásica.

Se trata de una figura de bulto redondo, tallada en mármol, y que aún conserva restos de dorado, púrpura, azul, y otros colores con los que fue policromada (véase abajo en los enlaces su reciente recreación).

Es, evidentemente, un retrato, de cuerpo entero, del emperador Octavio Augusto, personificado como toracato —vestido de militar y con una rica coraza—, que debió formar parte de un monumento conmemorativo de las últimas victorias del emperador. Augusto aparece en pie, con indumentaria militar, sosteniendo un bastón de mando consular y levantando la mano derecha, mostrando a sus tropas la corona de laurel del triunfo. Su coraza tiene relieves alusivos a diversos dioses romanos, entre ellos, Marte, el dios de la guerra, así como las personificaciones de los últimos territorios conquistados por él: Hispania, Galia, Germania, Partia (persas de la frontera del Éufrates que habían humillado a Craso, y aquí aparecen devolviendo los emblemas robados a aquellas legiones); sobre ellos aparecen los carros del Sol y la Luna.

Estilo

La estatua está claramente inspirada en el Doríforo de Policleto, aunque con algunas modificaciones que recuerdan cierto retrato romano de época republicana conocido como El Orador. Sin embargo, a pesar de la influencia republicana, el estilo de este retrato está más cerca del idealismo helenizante, que del realismo republicano. Pese a la exactitud con que se describen las facciones del emperador (con la mirada sombría y su característico flequillo), su rostro tranquilo y distante ha sido idealizado; lo mismo podemos decir del contrapposto, de las proporciones anatómicas y del profundo drapeado del paludamentum. Por otro lado, Augusto ha sido retratado descalzo, como los antiguos héroes olímpicos, y un Cupido (que cabalga sobre un delfín) le abraza la pierna, simbolizando su condición de descendiente de la diosa Venus a través de Eneas. Todos estos refinamientos estilísticos y símbolos herméticos revelan una clara inspiración griega del retrato oficial, que los emperadores romanos convirtieron en instrumento de propaganda gubernamental, cuya función política era muy evidente: se trataba de mostrar al pueblo romano que el emperador —Augusto, en este caso— era un ser excepcional, equiparable a los antiguos héroes mitológicos, e incluso digno de ascender a la divinidad del Olimpo. ¿Quién mejor que él para gobernar Roma?.

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