Augusto Roa Bastos

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Augusto Roa Bastos
Información personal
Nacimiento 13 de junio de 1917
Bandera de Paraguay Asunción, Paraguay
Fallecimiento 26 de abril de 2005
(87 años)
Bandera de Paraguay Asunción, Paraguay
Nacionalidad Paraguaya
Familia
Pareja Lidia Mascheroni
Amelia Nassi Hannois
Iris Giménez
Hijos Mirta Roa Mascheroni
Carlos Roa Mascheroni
Francisco Roa Giménez
Silvia Roa Giménez
Alira Roa Giménez
Información profesional
Ocupación Periodista, dramaturgo, escritor y novelista
Años activo 1953 - 2005
Género Novela, Cuento
Obras notables Hijo de hombre (1960)
Yo el Supremo (1974)
Distinciones Premio Cervantes Miguel de Cervantes ( 1989)
Firma Firma roa bastos.jpg
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Augusto Roa Bastos ( Asunción, Paraguay, 13 de junio de 1917 - Ib., 26 de abril de 2005) fue un escritor, periodista y guionista paraguayo. Está considerado como el autor más importante de su país y uno de los más destacados en la literatura latinoamericana.[2] Ganó el Premio Cervantes en 1989 y sus obras han sido traducidas a, por lo menos, veinticinco idiomas.

Producida en su mayor parte en el exilio, la obra de Roa se caracteriza por el retrato que hace de la cruda realidad del pueblo paraguayo, a través de la recuperación de la historia de su país y la reivindicación de su carácter de nación bilingüe (Paraguay también tiene el idioma guaraní como lengua oficial); y la reflexión sobre el poder en todas sus manifestaciones, tema central de su novela Yo el Supremo ( 1974), considerada su obra maestra y una de las cien mejores novelas del siglo XX en lengua castellana, según el periódico español El Mundo.[3]

El tema del poder, para mí, en sus diferentes manifestaciones, aparece en toda mi obra, ya sea en forma política, religiosa o en un contexto familiar. El poder constituye un tremendo estigma, una especie de orgullo humano que necesita controlar la personalidad de otros. Es una condición antilógica que produce una sociedad enferma. La represión siempre produce el contragolpe de la rebelión. Desde que era niño sentí la necesidad de oponerme al poder, al bárbaro castigo por cosas sin importancia, cuyas razones nunca se manifiestan.

Augusto Roa Bastos

Biografía

Primeros años (1917 - 1932)

Augusto Roa Bastos nació el 13 de junio de 1917 en Asunción, pero a los pocos meses su familia se trasladó a Iturbe, un pequeño pueblo de la región del Guairá, en una cultura bilingüe entre el guaraní y el castellano, donde pasó sus primeros años. Su padre, Lucio Roa, era un hombre de carácter severo, de ascendencia española, que trabajó como maderero y como empleado en un ingenio azucarero. Su madre, Lucía Bastos, de ascendencia franco-portuguesa, era una mujer de carácter sensible y cultivada, cantante aficionada, y quien le proporciona los primeros contactos con la literatura, especialmente la Biblia y las obras de Shakespeare. En esos primeros años, la educación de Roa y sus hermanos estuvo a cargo de su padre, que construyó una habitación que era utilizada como salón de clases, impartidas por él mismo. [4]

A los ocho años fue enviado a Asunción para completar su educación; vivió con su tío, el obispo Hermenegildo Roa, quien continuó alentado su vocación lectora. De él expresó Roa: «Para mí fue mi verdadero padre. Era un sacerdote muy serio y austero, pero respaldaba la educación de todos sus sobrinos y sobrinas que vivían en el interior. Tenía libros que estaban prohibidos, especialmente para un niño de mi edad: entre ellos de Rousseau y Voltaire. Me decía que los leyera con mucho cuidado, pero por lo menos me dejaba hacerlo, porque era un hombre razonable e inteligente».[5]

Tras cursar primero en la escuela pública República Argentina, fue enviado como pupilo al Colegio San José. Allí lo encontró el estallido de la Guerra del Chaco, que enfrentó a Paraguay con Bolivia, y de la que Roa quiso participar junto con otros compañeros. Fue destinado como auxiliar de enfermería y aguatero, debido a su edad, experiencia que más tarde volcaría en su novela Hijo de hombre.[6]

Comienzos de su carrera literaria (1932 - 1946)

La carrera literaria de Roa se inició tempranamente, cuando a los trece años escribió, en coautoría con su madre, una pieza teatral, La carcajada, que representaron en diferentes pueblos a fin de recolectar donaciones para los soldados.,[4] y dos años más tarde escribió su primer relato, Lucha hasta el alba, que creyó perdido durante años hasta que fue hallado y publicado en 1979. Al término de la guerra se desempeñó como empleado bancario y en diversos oficios, entre ellos, como periodista del diario El País. Al mismo tiempo, publicó un poemario en 1942, El ruiseñor y la rosa, más tarde repudiado por el autor, y en 1944 formó parte del grupo «Vy'a Raity» («El nido de la alegría» en guaraní), decisivo para la renovación poética y artística de Paraguay en la década del 40, junto a autores como Josefina Plá y Hérib Campos Cervera. Durante la guerra civil, a través de El País fue poniéndose poco a poco a favor de los oprimidos sin formar parte de ningún partido político.

En 1945 pasó un año en Inglaterra invitado por el British Council y como corresponsal de guerra de El País; allí entrevistó al general De Gaulle; de allí pasó a Francia y asistió como periodista a los juicios de Núremberg en Alemania.[4]

Los años de exilio: Argentina y Francia (1947 - 1995)

En 1947 tuvo que abandonar Asunción, amenazado por la represión que el gobierno desataba contra los derrotados en un intento de golpe de estado, y tras permanecer tres meses como refugiado en la embajada de Brasil, se estableció en Buenos Aires, Argentina, empleándose en una compañía de seguros; allí publicó la mayor parte de su obra.[6]

Aunque empezó publicando el libro de relatos El trueno entre las hojas en 1953, es con la publicación de Hijo de hombre ( 1960) que inaugura el período más importante de su obra. Ganadora del Premio Internacional de Novela de la editorial Losada en 1959, la novela tuvo un buen recibimiento de la crítica y representó el principio del reconocimiento de Roa Bastos como un referente de la literatura hispanoamericana. Se trata de una obra formalmente innovadora, con una alternancia de voces narrativas, que le otorgan a cada capítulo un carácter casi autónomo (y de hecho dos de ellos fueron publicados como cuentos en colecciones posteriores). La trama de la novela abarca un arco temporal que va desde comienzos del siglo XX, con los ecos de la Guerra de la Triple Alianza aun presentes, hasta la Guerra del Chaco.[7]

En los años siguientes publicaría más colecciones de relatos (El baldío, Madera quemada, Los pies sobre el agua, Moriencia, Cuerpo presente) alternando con la escritura de guiones cinematográficos (El trueno entre las hojas, Hijo de hombre, Shunko, Alias Gardelito, El señor presidente, Don Segundo Sombra) trabajando con directores como Lucas Demare, Armando Bo y Lautaro Murua, al tiempo que trabó amistad con escritores como Ernesto Sabato y Tomás Eloy Martínez.[9]

El reconocimiento internacional le llegó en 1974 con la publicación de Yo el Supremo, novela considerada una obra cumbre de la literatura en castellano. Producto de siete años de trabajo e investigaciones, es un retrato de José Gaspar Rodríguez de Francia, Dictador Perpetuo que gobernó el Paraguay entre 1814 y 1840 y artífice de su independencia, cerrando el país a cualquier influencia externa. A través de la voz monologante del Supremo (y de otras voces que se infiltran y acotan, discuten, contradicen), Roa Bastos hace tanto una reconstrucción del período histórico como una profunda y compleja reflexión sobre el poder.

Luego del golpe de estado de 1976, la obra fue prohibida por el dictador Jorge Rafael Videla y Roa aprovechó una invitación de la Universidad de Toulouse para exiliarse en Francia, donde permaneció como profesor universitario de literatura latinoamericana y guaraní hasta 1996. Durante su estadía en Europa contrajo matrimonio con Iris Giménez, francesa hija de españoles, con quien tuvo tres hijos.[4]

El 30 de abril de 1982, tras una breve permanencia en Paraguay, fue deportado por las autoridades a la ciudad de Clorinda, provincia de Formosa, Argentina, bajo el argumento de difundir ideas marxistas-leninistas en espacios educativos, y privado de la ciudadanía paraguaya;[4]

Retorno al Paraguay y últimos años (1996 - 2005)

Después de la caída de Stroessner, Roa volvió a hacer visitas anuales a Paraguay, pero no se instaló definitivamente hasta 1996, con la intención de estimular y orientar a los jóvenes de su país. Desde su retorno y hasta sus últimos días escribió una columna de opinión en el diario Noticias de Asunción.

Durante la década de 1990 adaptó Yo el Supremo al teatro y publicó cuatro novelas más: Vigilia del Almirante (1992), El fiscal (1993), Contravida (1994) y Madama Sui (1995). Aunque ninguna de ellas alcanzó la trascendencia de sus dos primeras novelas, Roa Bastos consideraba que El fiscal cerraba una trilogía con aquellas otras, llamada «trilogía sobre el monoteísmo del poder». En 1999 se publicó en Buenos Aires su Poesía completa, y se le practicó un baipás coronario en la Fundación Favaloro.

En 2003 visitó Cuba por primera vez, invitado por Fidel Castro. Durante su estadía, además de participar en diferentes homenajes, recibió la Medalla José Martí de parte del gobierno cubano, en reconocimiento a su obra y su apoyo a la revolución cubana, se sometió a tratamientos médicos.[12] El mismo año se publicaron en Asunción sus Cuentos completos.

Tras sufrir una caída en su domicilio, que le provocó un traumatismo de cráneo, fue intervenido de urgencia en el sanatorio Santa Clara,[18]

Meses antes de la muerte de Roa, sus dos hijos mayores iniciaron un juicio contra Cesarina Cabañas, la encargada de cuidar del escritor.[22]

Dos obras en las que trabajaba antes de fallecer se extraviaron: la novela Un país detrás de la lluvia y el libro de aforismos de tono surrealista Los 1000 y un proverbios rebeldes. También se perdieron su primera novela, Fulgencio Miranda, con la que obtuvo en 1941 el premio Ateneo Paraguayo; La caspa, que escribió en su exilio en Francia y varias obras de teatro y guiones de cine escritos en su exilio en Argentina.[24]

En 2011, el Congreso Nacional aprobó una ley que autorizaba el traslado de las cenizas de Roa Bastos al Panteón de Héroes Nacionales, iniciativa que tuvo el apoyo de los dos hijos del autor residentes en el país, pero no de la familia residente en Francia, que inició acciones legales para impedir lo que consideraban una contravención a su voluntad.[26]

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