Asedio del Alcázar de Toledo

Asedio del Alcázar de Toledo
Frente del Centro - Guerra Civil Española
Кольцов Осада Алькасара Толедо 11сент26 1936.JPG
Soldados republicanos sitiando el Alcázar.
Fecha21 de julio-27 de septiembre de 1936
LugarToledo, España
Coordenadas39°51′30″N 4°01′14″O / 39°51′30″N 4°01′14″O / -4.0206
ResultadoVictoria sublevada
Consecuencias
  • Beligerantes
    Bandera de España Bando republicanoBandera del bando nacional 1936-1938.svg Bando sublevado
    Comandantes
  • Fuerzas en combate
    • 1.ª División Orgánica
    • 15.500 milicianos[2]
    • Apoyo artillero
    • 2-3 tanquetas
    • Aviación republicana
    • Apoyo aéreo
    • 1.028 efectivos[nota 1]
    • 2 piezas de artillería
  • Bajas
    Elevadas[nota 2]
    • 48 muertos
    • 438 heridos
    • 22 desaparecidos
  • El asedio del Alcázar de Toledo fue una batalla altamente simbólica que ocurrió en los comienzos de la Guerra Civil Española. En ella se enfrentaron fuerzas gubernamentales compuestas fundamentalmente por milicianos del Frente Popular y Guardias de Asalto contra las fuerzas de la guarnición de Toledo, reforzadas por la Guardia Civil de la provincia y un centenar de civiles militarizados sublevados contra el Gobierno de la República. Los sublevados se refugiaron en el alcázar de Toledo, entonces Academia de Infantería, Caballería e Intendencia, acompañados de sus familias. Las fuerzas republicanas empezaron el asedio sobre el fortín de los sublevados el 21 de julio de 1936 y no lo levantarían hasta el 27 de septiembre, tras la llegada del Ejército de África al mando del general José Enrique Varela, haciendo Franco su entrada en la ciudad al día siguiente.

    Precedentes

    La conspiración militar para desencadenar un «golpe de fuerza» que derribara al gobierno republicano se puso en marcha días después de formarse el gobierno de Azaña el 19 de febrero de 1936, en efecto, ya el 8 de marzo tuvo lugar en la casa de Madrid de un agente de bolsa militante de la CEDA una reunión de varios generales, el principal de ellos Emilio Mola, en la que acordaron organizar un «alzamiento militar» que derribara al gobierno del Frente Popular recién constituido.

    El general Gonzalo Queipo de Llano (jefe de los carabineros), que estaba organizando otra conspiración golpista por su cuenta, visitó al general Mola y ambos decidieron colaborar. La coordinación de la conspiración pasó entonces al general Mola quien adoptó el nombre clave de «el Director». El complot se apoyaba fundamentalmente en los militares "africanistas" y en los miembros de la clandestina Unión Militar Española,  y consistía en un levantamiento escalonado de todas las guarniciones comprometidas, que implantarían el estado de guerra en sus demarcaciones, comenzando por el Ejército de África.

    A principios de julio de 1936 la preparación del golpe militar estaba casi terminada, aunque el general Mola con la fecha del pronunciamiento fijada entre los días 10 al 20 de julio. El asesinato del teniente y miembro de la UMRA, José del Castillo Sáenz de Tejada, el 12 julio, y el posterior de José Calvo Sotelo,  jefe parlamentario de los monárquicos, aceleró el estallido ya que Mola decidió aprovechar y adelantó la fecha de la sublevación que quedó fijada para los días 18 y 19 de julio de 1936.

    Sin embargo, ya el 17 de julio, los oficiales de la guarnición de Melilla, al saber que la conspiración estaba por ser descubierta, se adelantaron y declararon el estado de guerra en Melilla. Ocuparon todos los edificios públicos e impusieron la ley marcial. Una vez que Melilla estuvo asegurada por los golpistas, el coronel Juan Seguí Almuzara, uno de los sublevados, se puso en contacto con los encargados de la conspiración militar en Tetuán (entonces capital del Protectorado español de Marruecos) y Ceuta. Los sublevados se hicieron con el control de ambas ciudades y al atardecer del 18 de julio terminó la última resistencia republicana en el Protectorado.

    Los militares sublevados no consiguieron alcanzar su objetivo principal de apoderarse del punto neurálgico del poder, Madrid, ni de las grandes ciudades, pero dominaban cerca de la mitad del territorio español, ya que controlaban prácticamente el tercio norte peninsular y las ciudades de Andalucía.

    Las fuerzas republicanas, por su parte, consiguen sofocar el alzamiento en más de la mitad de España, incluyendo todas las zonas industrializadas, gracias en parte a la participación de las milicias recién armadas de socialistas, comunistas y anarquistas, así como a la lealtad de la mayor parte de la Guardia de Asalto y, en el caso de Barcelona, de la Guardia Civil. El gobernador militar de Cartagena, Toribio Martínez Cabrera, era simpatizante del Frente Popular y la marinería también era contraria al golpe militar, lo que unido a los tumultos populares de los días 19 y 20 hicieron fracasar el movimiento golpista en la base naval de Cartagena y el resto de la provincia de Murcia.

    La zona fiel a la República ocupó la mitad este de la Península: la parte oriental de Aragón (menos las tres capitales), Cataluña, Valencia, Murcia, Andalucía oriental (menos la ciudad de Granada), Madrid, Castilla la Nueva y La Mancha. En el oeste los leales controlaban las provincias de Badajoz y de Huelva.

    Así pues, el levantamiento tuvo éxito en unos sitios y fracasó en otros, por lo que España quedó dividida en dos zonas: una controlada por los militares que se habían alzado contra la República y otra que permaneció fiel al gobierno.

    Con el fracaso del golpe militar, da comienzo la Guerra Civil Española.

    Toledo

    Durante el 19 y el 20 de julio, el Ministerio de Guerra del Gobierno republicano hizo varios intentos para obtener munición en la Fábrica de Armas de Toledo; ante cada requerimiento el coronel José Moscardó, Comandante Militar local y director de la Academia de Infantería, rehusaba la entrega. Finalmente se sublevó el martes 21 de julio y proclamó el estado de guerra controlando rápidamente la ciudad. Al día siguiente una columna leal procedente de Madrid al mando del general Riquelme llegó a Toledo y obligó a los militares sublevados a encerrarse en el edificio del Alcázar de Toledo, sede de la Academia de Infantería.