Arte prerrománico

Iglesia de San Cipriano ( San Cebrián de Mazote, Valladolid) es el mayor templo hispano de este periodo.[1]
Palacio de Teodorico el Grande en Rávena, representado en los mosaicos de San Apolinar el Nuevo (siglo VI).
Tesoro de Guarrazar, orfebrería visigoda (siglo VII).
Oratorio de Santa Maria in Valle, tempietto longobardo del siglo VIII.
Capilla palatina de Aquisgrán, arte carolingio (finales del siglo VIII).
Monograma "chi-rho" ( crismón) del Libro de Kells (ca. 800).
Detalle arquitectónico de San Miguel de Lillo, arte asturiano (siglo IX).
Caja de marfil con relieves de Cristo y los apóstoles, talla propia de Francia Occidentalis procedente de San Esteban de Bamberg (ca. 870).[2]
Evangeliario de Otón III, taller del monasterio de Reichenau (ca. 1000).[3]

Prerrománico[6]

Estilísticamente no designa un movimiento estético con formas artísticas bien definidas, sino que es más bien una expresión genérica que engloba la producción artística de la cristiandad latina entre el arte paleocristiano y el arte románico. Mientras que en Oriente la continuidad del Imperio romano permitió el desarrollo del arte bizantino, la caída del Imperio romano de Occidente y la época de las invasiones abrió en Occidente un periodo de gran inestabilidad política y decadencia cultural (la denominada "época oscura" caracterizada por la escasez y discontinuidad en las fuentes escritas) en la que los pueblos germánicos fusionaron su arte y cultura con la parcial pervivencia de la cultura clásica greco-romana seleccionada y conciliada con el cristianismo por nuevas instituciones (particularmente el monacato); por su parte, desde los siglos VII y VIII el espacio mediterráneo quedó dividido por la expansión árabe que se asentó en la ribera sur, desde España hasta Siria, donde se desarrolló el arte islámico.[7]

En el prerrománico hay determinadas características comunes, como la relativa ausencia de grandes programas arquitectónicos (incluso la reutilización de edificios anteriores y de sus elementos arquitectónicos), la escasez de esculturas de gran tamaño, la predilección por la orfebrería y la ilustración de manuscritos, y la evolución formal hacia la simplicidad, la esquematización y el simbolismo en las artes figurativas para conseguir una mayor expresividad, renunciando al realismo, y con abundancia de motivos decorativos ( entrelazado,[11]

Estilos prerrománicos locales

En Italia, la breve dominación de los ostrogodos no permitió más que unos pocos ejemplos de arte ostrogodo ( mausoleo de Teodorico, palacio de Teodorico, baptisterio arriano -los tres en Rávena, ciudad donde también se encuentran notabilísimos ejemplos del arte bizantino de época de Justiniano I-);[12] mientras que en España sí se desarrolló más extensamente en el tiempo el arte visigodo. En las Galias y un vasto espacio de Europa Central el reino franco y las entidades políticas que le sucedieron desarrollaron notables programas artísticos ( arte merovingio, arte carolingio y arte otoniano). En las islas británicas se desarrolló el arte hiberno-sajón. El arte vikingo de Escandinavia se desarrolló fuera del ámbito del cristianismo en el periodo altomedieval.

La herencia visigoda, la convivencia con el arte islámico andalusí y los contactos con el resto de la cristiandad latina produjeron en los reinos cristianos del norte peninsular formas artísticas de particular interés: el arte asturiano, y el denominado arte mozarabe. Hay discrepancias historiográficas sobre cómo caracterizarlo y denominarlo (en los condados de la Marca Hispánica posteriormente denominados catalanes se ha identificado por algún autor - Puig i Cadafalch- como un « primer románico», muy conectado con el románico lombardo[15] -; mientras que para la Meseta Norte se viene utilizando la etiqueta de « arte de repoblación»). Ya en el siglo XI, conviviendo con el románico pleno, se desarrolló en Sicilia el arte árabe-normando.

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