Arte judío

Ze'ev Raban, El León de Judá, 1925. Símbolo representado en el portal del Hospital Bikur Jolim, Jerusalén, Israel.

Arte judío es toda creación que responde a los propósitos rituales o litúrgicos del pueblo hebreo (incluyendo esto eventualmente reconstrucciones con base en el texto bíblico hebraico realizadas con fines de visualización o ilustración educativa),[2]

El término "arte judío" posee particular resonancia en lo que respecta a todas aquellas obras realizadas por o para el pueblo hebreo desde la Antigüedad hasta el fin del siglo XVIII.[4]

Con la llegada de la modernidad en el siglo XIX y su subsecuente desarrollo, especialmente a lo largo del siglo XX,[7]

Historia del arte judío

Menorá inspirada por la antigua del Templo de Jerusalén.[8]

Comparado con la literatura, la música o el teatro, la tradición específicamente judía en las artes visuales parecería a primera vista ser bastante más modesta. La razón de ello es que antes de la Emancipación, que tuvo lugar a partir del siglo XIX, la cultura judía se encontraba dominada por la tradición religiosa y su característico aniconismo. Dado que la mayor parte de las autoridades rabínicas creía que el Segundo Mandamiento proscribía todo arte visual que pudiese involucrar obras que pudiesen incitar a la idolatría (esculturas en particular),[10]

Con todo, debe indicarse que, a pesar de los temores que pudiesen haber existido en algunas comunidades judías de que el arte llegase a ser empleado con fines idolátricos o para rendirle culto, lo cierto es que el arte sacro judío está presente en numerosos recintos y objetos rituales de la Antigüedad y también junto a los textos bíblicos propiamente dichos desde la Edad Media en adelante.[11]


Mosaico con leones de Judá custodiando un medallón con texto en hebreo, proveniente del pavimento de la Sinagoga Hamat Gader, siglo V-VI d.C.[16]

De la tradición judía de manuscritos miniados de la Antigüedad Tardía no han sobrevivido ejemplares, mas ello aparentemente se deduce de posibles préstamos que de ella habría hecho el arte paleo-cristiano y medieval. En el período tardo-romano fueron realizadas piezas de vidrio con láminas de oro que presentan motivos judíos (menorá, shofar, lulav y etrog). Pavimentos con mosaicos helenísticos fueron excavados en varias sinagogas de la Antigüedad Tardía en Israel y Palestina; ellos suelen figurar los signos del zodíaco, aparentemente eran aceptables a condición de estar representados en el piso. Algunos de los mosaicos, tales como aquellos de la Sinagoga de Naarán, dan testimonio de reacciones contra el uso de imágenes con seres vivos hacia el año 600 E.C. Las decoraciones parietales y aquellas de sarcófagos en la cueva-cementerio de Beit Shearim poseen una mezcla de motivos judíos y helenísticos.[17]​ No obstante, durante cuatro siglos, entre 700 y 1100 E.C., difícilmente han sobrevivido obras que puedan ser identificadas como arte judío.


Diversidad del arte judío

La literatura rabínica y cabalística de la Edad Media a menudo combina textos y arte gráfico. Entre los manuscritos hebreos miniados se destacan el Majzor de Núremberg (1331) y la Hagadá de Sarajevo (1350).[24]

Johnson resume el cambio de la limitada participación de los judíos en las artes hacia una mayor participación suya en la vida cultural europea:

La aparición del artista judío fue un fenómeno peculiar. Es cierto que, a través de los siglos, hubo muchos animales (si bien pocos humanos) representados en el arte judío: leones en los cortinados que cubren [el Arca donde se preserva] la Torá, lechuzas en monedas judías, animales en los capiteles de [la Sinagoga de] Cafarnaúm, pájaros en la base soportando la fuente de la Sinagoga Naro en Túnez en el siglo V; hubo animales tallados en las sinagogas de madera del este europeo—en efecto, el artesano que las realizaba [en los siglos XVII y XVIII] fue el prototipo del artista plástico judío de los tiempos modernos [siglos XIX y XX]. Un libro dedicado al estudio de la ornamentación folklórica yídis, impreso en Vitebsk en 1920, presenta afinidades con el propio bestiario de Chagall. Mas la resistencia de los judíos piadosos ante la idea de retratar la imagen del ser humano era aún fuerte a principios del siglo XX.[31]

Emancipación. Napoleón Bonaparte emancipa a las comunidades judías de Francia, grabado, 1806.
Isidor Kaufmann, Viernes por la noche (Shabat), óleo, 1920. The Jewish Museum, Nueva York.

Hubo pocos artistas judíos seculares en Europa antes de la Emancipación que se extendió por el Viejo Continente a través de las conquistas napoleónicas. Entre las excepciones, Salomón Adler fue un distinguido retratista en Milán durante el siglo XVIII. El retraso en la participación judía en las artes visuales es paralelo a aquél de su participación en la música clásica europea hasta el siglo XIX, mas ambos fueron superados progresivamente a partir de la llegada de la Modernidad con el siglo XX. Hubo muchos artistas judíos en el siglo XIX, pero la mayor actividad artística judía tuvo lugar inmediatamente después del fin de la Primera Guerra Mundial. El Renacimiento artístico judío tiene algunas de sus raíces fundamentales en el Quinto Congreso Sionista de 1901, que incluyó una exposición de arte con obras de artistas judíos, notablemente Ephraim Moses Lilien y Hermann Struck. La exposición ayudó a legitimar el arte visual como expresión de la cultura judía. Por otra parte, y salvo contadas excepciones, los judíos del este europeo estuvieron siempre sumergidos en sus libros, pero a partir de la primera revuelta rusa en 1905, se involucraron en la política, cosa que también fue acompañada por su paulatino acceso en áreas del arte y condujo a un verdadero renacimiento artístico judío.[37]

Como individuos, los artistas judíos que vivían en grandes ciudades participaron en los movimientos vanguardistas europeos. Excepto aquellos que se encontraban en shtetls o constituían pequeñas comunidades judías aisladas, los numerosos artistas judíos que contribuyeron a la creación de una cultura judía secular también aportaron nuevos matices a las culturas de los diversos países del mundo. En la mayoría de los casos, el trabajo y la vida de dichos artistas no existieron en dos esferas culturales diferentes sino en una que incorporaba elementos de ambas. Ello sucede en casos tales como los de Soutine, Chagall, Nussbaum, Ben Shahn, Hundertwasser y Kitaj.

El león es el símbolo de Judá, de cuyo reino proviene el gentilicio "judío" (procedente del reino de Judá). Motivo representado en el portal del Hospital Bikur Jolim, Jerusalén.
Plato judeoespañol, siglo XIV.[38]
Isaak Asknaziy, Boda judía en un shtetl de la Zona de Asentamiento, óleo, 1893. La pareja es precedida por una grupo de músicos judíos que tocan klezmer.[39]
Arthur Szyk, Composición con Estrella de David, Cuatro especies de las primicias de Israel e inscripción hebrea « Celebra tus fiestas, Judá » ( Nahúm 2:1), 1950.[40]

A principios del siglo XX, la contribución de los artistas judíos fue importante en el Movimiento de Montparnasse, a menudo llamado Escuela de París. Chagall es el artista judío de mayor reconocimiento a nivel internacional, habiendo producido una obra rica en referencias hebraicas y también trabajos en los que la imagen de Jesús acompaña el éxodo y sucesivas migraciones del pueblo de Israel.

En Tierra Santa, artistas hebreos desarrollaron en la Academia de Arte y Diseño Bezalel de Jerusalén, obras con temáticas específicamente judías a partir de 1906; entre ellos significativa fue la labor de Lilien, así como también aquellas de Boris Schatz y Ze'ev Raban.[41]

Luego de la Segunda Guerra Mundial, el aporte de artistas judíos fue particularmente importante en el Expresionismo Abstracto, y también muy considerable en lo que la crítica de arte eventualmente llama Escuela de Londres.[42]

El impacto de la Shoá puede percibirse en la obra de artistas tales como Elsa Pollak, Samuel Bak y Mauricio Lasansky.[43]

En América Latina merece ser mencionada la contribución de Pedro Friedeberg en México y Lázar Segall en Brasil, así como también el aporte hecho en Argentina por Liber Fridman y Roberto Aizenberg.

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